06/11/1997 | 563

La quiebra del Ptp en Siderca

El periódico Hoy, del Ptp, informa que Germán Pitter, de la Comisión Interna, arregló su renuncia con la patronal de Siderca a cambio de una indemnización de 21.000 pesos. Más adelante señala que «traicionó los principios clasistas. Por eso hace tiempo que fue separado y dejó de pertenecer a la Corriente Clasista y Combativa».


Es una típica versión stalinista. Es cierto que Pitter arregló ahora, el 12 de setiembre pasado, pero fue separado mucho antes de esto, sin que el Ptp haya explicado la razón de ello. Más precisamente, Pitter se fue solo de la CCC y del Ptp, los cuales como veremos, no son ajenos a este desenlace en Siderca.


El mayor contrabando del artículo de Hoy es que oculta que la justicia falló habilitando el desafuero de Pitter y, por lo tanto, su despido; no es que ‘arregló’por pura corrupción. Hoy no esclarece que Pitter renunció a apelar y a defenderse en la movilización de los casi 3.000 obreros de la fábrica, no solo ahora que fue desaforado, sino desde el comienzo mismo del juicio. Pero a esto, la dirección del Ptp había renunciado incluso antes que él. Esta doble omisión es un grueso embellecimiento de la justicia menemista, que está procesando a centenares de activistas en todo el país, y un grueso encubrimiento a la traición del Ptp.


La corriente del Ptp boicoteó abiertamente las asambleas contra los desafueros en Zárate convocadas por Pitter en dos oportunidades, y el 29 de agosto dio la espalda al extraordinario acto de Molineros, en el que intervinieron ocho dirigentes obreros de todo el país con causas de desafuero, además de innumerables organizaciones obreras y abogados defensores; en ningún caso del Ptp, que estuvo ausente por completo.


La última movilización y asamblea de fábrica contra el despido de Germán se hizo en julio y fue impulsada solitariamente por el propio afectado, con un acompañamiento puramente simbólico del resto de la interna. En la asamblea fueron mencionadas confusamente como reivindicaciones del movimiento la cuestión salarial y la oposición a los paquetes de flexibilidad por áreas, en ese estilo clásico de la burocracia que no compromete plazos ni métodos para la acción. Al punto que no se hizo ningún balance del quite de horas extras, de su incidencia en la producción, de su duración, ni se lo mencionó.


Nada se hizo desde aquel momento y es falso lo que afirma el artículo de que el 14 de agosto (fecha del paro nacional) se reagrupó la fábrica, al menos no por sus reivindicaciones propias y menos aún contra la burocracia. Al contrario, la interna desperdició la gran oportunidad del paro del 14, que fue masivo en Siderca pero no estuvo precedido de asamblea general, y la interna no concurrió al plenario de delegados de la UOM-Campana, con lo que entregó la dirección y el programa del paro al miguelista Recúpero. Ni hablar de cortes de ruta, una idea que sobrevolaba en los obreros en el mes de julio. El Ptp permitió que el paro le devolviera la iniciativa política a la UOM Campana, y que no se lo aprovechara para luchar contra el desafuero de Pitter y la flexibilidad en Siderca.


La nota de Hoy no acaba con su ‘tarea’ de denunciar la traición de Pitter, cuando se mete de lleno a pronosticar la inminente victoria de Recúpero en la elección de la Comisión Interna, apelando para ello a una votación de los delegados de sección en lugar de la votación directa y por urna del conjunto de los trabajadores.


Da cuenta, también, que para romper la maniobra, Pérez Gianni, de la CCC (sugestivamente, un solo miembro de la interna), interpuso un amparo judicial que logró un fallo de «no innovar» en reclamo de elecciones directas, un método que les dio resultado en mejores épocas y con Pitter a la cabeza. Correctamente, caracterizan que atrás del derrocamiento de la interna vendrán «centenares de despidos y la pérdida de 1.300 puestos de trabajo». No lo dice, pero esto sería consecuencia de polivalencias, aumento de ritmos, tercerizaciones, etc.


Como se ve, algo mucho más profundo hay detrás de todo esto. Techint y Rocca, que son precisamente los fogoneros de los convenios por empresa en la UIA, han preparado largamente el descabezamiento de Siderca y la sustitución de la actual interna por un probado equipo miguelista, el cual ha ido ganando una a una posiciones en el cuerpo de delegados, que hoy controla en un 80% (alrededor de 65 sobre 80).


La CCC, si hubiera tenido de clasista algo más que el nombre, se habría jugado toda en una movilización por la defensa de Pitter, a sabiendas de que su despido sería la antesala del despido masivo y la flexibilidad en fábrica. Habría debido desarrollar una gran campaña en Siderca, en Zárate-Campana, en el cordón industrial de la zona Norte y a escala nacional, porque Siderca es uno de los centros neurálgicos del proletariado industrial argentino.


El desafuero de Pitter fue simultáneo con la ocupación y huelga de Atlántida. La CCC-Ptp-Pcr se negó, en ese momento, a la constitución de una interfabril, a pesar de contar con posiciones en otra gran fábrica, que es Terrabusi. En esos meses de imponente agitación obrera en la zona teníamos chances prácticas y probadas de arrastrar a parte del cuerpo de delegados de Ford y, por supuesto, de fábricas menores como La Salteña, AyC, Ciccone y hasta Alba, cuya interna burocrática fue obligada por sus trabajadores a participar en los actos de Atlántida, lo mismo que Corni.


Toda la política del Ptp-CCC-Pcr estuvo orientada a los acuerdos con las burocracias zonales de Camioneros y UTA, a las apelaciones a monseñor Rey de la mano del MTA, a los guiños a los duhaldistas de Zárate, a las visitas efectistas del Perro Santillán, pero nunca a formar una vanguardia obrera en Siderca y la zona, con un programa y un planteamiento de lucha para llevarlo adelante. Consecuencia de esta parálisis es el progreso de elementos patronales en el cuerpo de delegados.


La página que el Ptp-CCC-Pcr dedicó a Pitter prepara la derrota de Siderca. Estos ‘políticos de tres caras’ vienen a demostrar que el votoblanquismo, cuyo maridaje con la Alianza vía MTA, apenas se disimula, se paga muy caro en la lucha de clases, al extremo de rendirse sin lucha ante el patrón de Machinea. Eso sí, buscando un chivo expiatorio, al mejor estilo stalinista que conserva intacto.


Pitter denunció alguna de estas cosas en el último período, pero careció de un balance de su experiencia en el Ptp y mucho más de una política para reagrupar al activismo de Siderca. Algo en lo que tampoco lo ayudó su relación con el grupo «Espejo», otra esquirla de la explosión del PC, que perdió toda fe en la clase obrera y planteó el voto nulo por la «justicia, el trabajo y la decencia» —una versión casi calcada de las tres consignas de la Alianza— y denunció al paro del 14, que «dividió y dejó presos» —un balance más propio de Cavalieri o West Ocampo.


Acorralado por esta izquierda quebrada, Pitter aportó su propia quiebra. Los compañeros de Siderca tienen que sacar un balance y reagruparse para la enorme ofensiva patronal que se avecina.

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