06/11/1997 | 563

La Utpba y la impunidad

Por primera vez en muchos años, la Memoria y Balance de la Utpba, aunque aprobados por una abrumadora mayoría, fueron coronados con un sugestivo silencio de parte de la Asamblea.


La Memoria se solaza con la visión del sindicato de prensa como una organización «integral», «no corporativa», que supuestamente atendería «todos» los problemas atinentes a los «periodistas-trabajadores de prensa sin aislarse de la sociedad ni sectorizarse», pero no puede ocultar el vaciamiento sindical —prácticamente no existen comisiones internas en las empresas— en aras de una política eminentemente ‘mediática’.


Lo que la Utpba señala como un mérito para sí («actitud no corporativa»), no guarda ninguna relación o simetría con la contraparte empresaria. ¡¡Qué duda cabe que las patronales de la comunicación tienen (¡y vaya si tienen!) una actitud de cuerpo, destinada a arrasar con todas y cada una de las conquistas del Estatuto del Periodista y el convenio colectivo!!


Frente a la feroz ofensiva flexibilizadora de ADEPA y otras patronales de prensa, el repudio por parte de la Utpba del concepto mismo de sindicato como herramienta clasista de lucha en defensa del salario y las condiciones de vida y trabajo, implica sencillamente una capitulación.


¿Independiente de quién?


La Memoria pretende que la Utpba es una organización de «nuevo tipo, independiente de las patronales, el Estado y los partidos políticos». Pero esta afirmación es falsa en cada uno de sus términos.


En primer lugar, la Utpba siempre buscó la confluencia con las patronales de prensa, al priorizar el efecto ‘mediático’ por sobre la movilización política del gremio y los trabajadores en general. Fueron dejados así completamente de lado los plenarios de delegados y activistas, las asambleas generales de Prensa, los paros activos de repudio, siendo reemplazados por minutos de silencio, sueltas de globos o caravanas a Dolores.


Para no rozar siquiera la susceptibilidad de las patronales de prensa, ¡la Utpba se negó a organizar un paro de repudio de 24 horas!, en circunstancias (a un mes del asesinato de José Luis Cabezas) en que las empresas periodísticas hubieran debido aceptar, aunque de malgrado, esta decisión de los trabajadores.


Por otro lado, si la caracterización, tal como lo planteó en su momento Camaño, es que estamos ante un crimen político, es necesario dirigir la denuncia y la movilización contra el aparato represivo y la red vertical de complicidades y encubrimientos del Estado nacional y provincial. Por eso, la Lista Naranja de Prensa, en oportunidad del Día del Periodista y de la caravana ‘ferroviaria’ a Dolores —e incluso en conversaciones previas con miembros de la conducción—, reclamó que la Utpba atacara de raíz el crimen de Cabezas: si la principal implicada en el asesinato es la policía duhaldista, heredera natural de la‘bonaerense’ de Camps, del aparato represivo de la dictadura, se impone levantar la consigna de «Anulación de la Obediencia Debida, el Punto Final y el Indulto». Atacar la impunidad significa exigir el desmantelamiento integral del aparato represivo videliano, que hoy sigue intacto y asesinando desde las fuerzas de seguridad oficiales y privadas, o encubriendo a los asesinos y persiguiendo a las víctimas desde los estrados judiciales.


¿Una consigna «histórica» hoy «no vigente»?


Cuando la Memoria y Balance ya había sido aprobada, sin votarse la consigna de «Anulación de la Obediencia Debida, el Punto Final y el Indulto», la Lista Naranja de Prensa insistió para que se resolviera sobre este punto. El gremio de Prensa debía orientar a sus afiliados para que no voten por aquellos partidos que no están dispuestos a derogar estas leyes de la impunidad..


La conducción eludió la votación afirmando que «ésta es una consigna histórica de la organización», pero que «la Utpba es respetuosa de aquellos que no entienden que éste sea el momento propicio de levantarla». Esta retórica, que fue respaldada por unos poquitos aplausos de filiación radical-frepasista, es una tremenda contradicción con aquello que sostiene la propia Memoria de que «las persecuciones, amenazas, atentados y asesinatos contra los periodistas y su organización —la Utpba— han recrudecido».

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