31/10/1995 | 471

¡Los desocupados no se rinden!

La desocupación en Neuquén continúa en aumento. Frente a esta masacre social capitalista, los desempleados –organizados en la Comisión de Desocupados– lograron arrancarle al gobierno provincial, con su movilización, una importante conquista: el pago de un subsidio mensual a los desocupados. En una de las movilizaciones para reclamar el cobro del subsidio, una manifestación ingresó a la Casa de Gobierno y fue violentamente reprimida por la policía provincial; con esta represión, dio comienzo una verdadera caza de brujas contra los desocupados y los partidos de izquierda que defienden su movilización.


Disparen contra el subsidio (I): el gobierno


Desde el inicio, el gobierno neuquino intentó limitar al máximo el subsidio al restringirlo, por ley, a los ‘jefes de familia’ de nacionalidad argentina … dejando afuera a las mujeres, a los solteros y a los extranjeros, es decir, a la inmensa mayoría de los desocupados de Neuquén. Lo fijó, además, en una suma de miseria (200 pesos).


En setiembre, sólo 10.000 de los 40.000 desocupados de la provincia pudieron acceder a ese subsidio. Pero pasado el primer chubasco, el gobierno de Sobisch se lanzó a recortarlo todavía más, mediante la ‘depuración’ de aquellos desocupados que ‘no cumplen estrictamente las condiciones establecidas por la ley’. Sólo en la capital provincial, y de un plumazo, el 30% de los pocos que lograron cobrar el subsidio en setiembre quedaron afuera para la liquidación de octubre: “en Neuquén (capital) habría 4.200 beneficiarios, 2.100 menos que en setiembre” (Río Negro, 18/10). Si este porcentaje se extendiera a toda la provincia, quedarían afuera unos 3.000 trabajadores … es decir que cobrarán el subsidio apenas 7.000 desocupados de los 40.000 que tiene la provincia. El gobierno, claro está, no pone la misma ‘energía’ para perseguir a los grandes deudores del banco provincial —que dejaron un ‘muerto’ de más de 70 millones.


Ahora se pretende ir más lejos, hasta desnaturalizar el subsidio por completo. La Secretaría de Trabajo provincial anunció que comenzará a organizar la ‘contraprestación laboral’ establecida por la ley. La primera tarea sería la refacción y limpieza de las escuelas; el gobernador electo, Felipe Sapag, fue todavía más lejos, cuando declaró que está negociando con chacareros frutícolas la utilización de los desocupados para la recuperación de chacras (La Mañana del Sur, 5/10).


¡Pero si para cobrarlos hay que dar una  ‘contraprestación laboral’, los 200 pesos dejan de ser un subsidio a la desocupación para convertirse en un salario de miseria y, para peor, completamente ‘desregulado’, ya que los empleadores no pagarán aportes jubilatorios ni el ‘desempleado-empleado’ gozará de la cobertura de una obra social! Con la exigencia de la ‘contraprestación laboral’, el gobierno convierte una conquista obrera en un ataque al conjunto de los trabajadores. Esto porque el subsidio al desempleado —además de una solución de emergencia para los que han perdido el trabajo— es, también, un método de defensa del salario de los trabajadores ocupados, pues el subsidio tiende a representar en promedio el 50% de los salarios mínimos. El mantenimiento y la extensión del subsidio y la elevación de su monto es, por lo tanto, un interés común de los desocupados y de los ocupados. Con la ‘contraprestación laboral’, una gran masa de compañeros será obligada a trabajar por un ‘salario’ de 200 pesos; así el gobierno convierte esta conquista obrera en un ariete contra los salarios de los trabajadores ocupados.


Disparen contra el subsidio (II): la Iglesia y la oposición


Todas las fuerzas patronales han declarado su abierta oposición al subsidio. La voz cantante la lleva la jerarquía eclesiástica y a ella se han sumado la burocracia sindical en todas sus variantes, el Frepaso y hasta los ‘izquierdistas’ Ptp y ‘bolcheviques’. Según la Iglesia “no nos sirve de nada seguir ampliando el subsidio. La solución es el pleno empleo para todos” (declaraciones de Jorge Muñoz, titular de la Pastoral de Migraciones del obispado de Neuquén, en La Mañana del Sur, 4/10), sabiendo que ese ‘pleno empleo’ no está ni remotamente a la vista. Pero resulta que la Iglesia y la burocracia sindical, enemigas del subsidio, están encargadas de administrarlo. Son ellos los encargados de depurar la lista de beneficiarios de chilenos, mujeres y jóvenes, a los que la ley no les reconoce derechos.


De todos modos, bajo el capitalismo, el ‘pleno empleo’ es una utopía; el capital produce fatalmente la existencia de una masa de desocupados, lo que le sirve para ‘disciplinar’ a los trabajadores. Es una inmoralidad suprema oponerse al subsidio en nombre del ‘pleno empleo’, cuando la política oficial del gobierno es rebajar los salarios y aumentar los despidos, y cuando los recursos provinciales se utilizan para el salvataje del banco, es decir, para cargar sobre la población trabajadora el ‘muerto’ dejado por los grandes deudores capitalistas.


La función política del planteo que levantan en común la Iglesia, la burocracia, el centroizquierda, el Ptp y los ‘grupejos’, es combatir la organización independiente de los desocupados. Por eso, todos ellos sin excepción, se solidarizaron políticamente con la represión oficial contra los desocupados. Al día siguiente de que la policía provincial gaseó a los desocupados en el interior de la Casa de Gobierno, una conferencia de prensa a la que concurrieron todos los candidatos a gobernador —con la única excepción de los candidatos del Frente de Izquierda Mas-PO y del Mst— se solidarizó con los represores y atacó violentamente a los desocupados y a su Comisión … pasando la esponja a las denuncias de los desocupados de la existencia de provocadores del sapagismo en la manifestación y a los relatos de la prensa de que los desocupados que concurrieron a la Casa de Gobierno fueron objeto de una verdadera ‘emboscada’ por parte de la policía.


Los desocupados no se rinden


El ataque concertado por parte del gobierno y de la oposición; de la derecha y de la ‘izquierda’; de la Iglesia y de la burocracia, pone en evidencia que la burguesía neuquina, sin excepción, está dispuesta a terminar con el subsidio a los desocupados.


Los desocupados, sin embargo, no se rinden. A pesar de las sistemáticas intimidaciones policiales, la Coordinadora de Desocupados organizó una olla popular nocturna para los desempleados de cinco barrios, que se sostiene gracias a las colectas y donaciones de la población trabajadora y de los comerciantes de los barrios. La olla popular se convierte, de a poco, en un centro de organización para nuevos grupos de desocupados, en particular de aquéllos que han sido excluidos del cobro del subsidio.


Contra el ‘malón’ oficial-clerical-burocrático-centroizquierdista, más que nunca está planteada la lucha por la defensa de la Comisión de Desocupados, contra la represión policial a los desocupados y a la izquierda, por la defensa y extensión del subsidio a todos los desocupados sin excepción y por su elevación a 500 pesos, sin ninguna ‘contraprestación laboral’.

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