31/03/2011 | 1170

Los trabajadores artísticos de Vendimia y el gobierno de Mendoza

Un breve relato del conflicto
Por Corresponsal Comisión de Prensa de la Asamblea de los Trabajadores Artísticos de Vendimia

En Mendoza se celebra una de las fiestas populares más importantes del mundo, la tercera más importante a cielo abierto: la «Fiesta Nacional de la Vendimia», que este año cumplió su 75º aniversario y cuyo origen se remonta a cuando los trabajadores de la vid celebraban el fruto de su cosecha. La Fiesta tuvo una raíz netamente popular, aunque hoy dista bastante de serlo, pues ningún trabajador de la viña puede costear una entrada para ir a verla, y el festejo se ha transformado más en una vidriera política y un gran negocio turístico que en una celebración que dé lugar a la mayoría del pueblo mendocino.

Hoy por hoy somos más de 700 bailarines folclóricos, contemporáneos y actores, y cerca de 300 utileros, traspuntes, vestuaristas, técnicos y músicos los que hacemos la Fiesta Nacional de la Vendimia. Nuestra forma de participación en ella ha ido mutando en estos 75 años. Al principio los artistas de vendimia éramos la gran mayoría aficionados y participábamos de forma gratuita. Con los años, la Fiesta se fue convirtiendo cada vez más en un «gran evento» y, por ende, aumentaron las exigencias para con nosotros. Y si bien aumentaron las exigencias hacia los trabajadores, no fue del mismo modo en cuanto a las retribuciones por parte del Estado de Mendoza, quien tiene a su cargo la concreción de la fiesta y nos contrata para ello. Desde entonces los artistas hemos realizado una larga lucha gremial, en pos de condiciones dignas de trabajo y reconocimiento del mismo: desde exigir cuestiones básicas de higiene y seguridad hasta salarios dignos.

Sin embargo, los millones de pesos que el Estado provincial recauda gracias a la Fiesta están sustentados en la explotación de los trabajadores y trabajadoras del arte y la cultura que participamos en ella. Y aunque hemos obtenido varios avances, todavía nos obligan a trabajar con contratos fraudulentos, en la figura de «proveedores» estatales, equiparándonos a socios del estado de la talla de Pescarmona o Cartellone e ignorando adrede que somos simples trabajadores, ya que lo único que tenemos es nuestra fuerza de trabajo para poner a disposición en la elaboración de la Fiesta. Además, año a año soportamos malos tratos y condiciones de trabajo tan precarias que no sólo ponen en riesgo nuestra integridad física, sino también la de los obreros que trabajan tercerizados en la construcción del escenario o la del mismo público que desconoce todo esto.

El domingo 6 de marzo, cuando se realizaría la repetición del acto central, en el Teatro Griego Fran Romero Day, los artistas nos reunimos en asamblea para discutir una serie de irregularidades en las condiciones de trabajo y pedimos explicaciones al gobierno acerca de las dos entradas que todos los años recibimos para nuestros allegados y que este año no estaban. El gobierno decidió mentir y dilatar el tiempo, mientras el público esperaba impaciente. Finalmente, una vez que nos dijeron la verdad (las entrabas no estaban, pues las habían comercializado) decidimos terminar la asamblea y salir a escena, pero cuando nos dispusimos a ello, nos encontramos con que las autoridades gubernamentales habían suspendido la fiesta y la policía de Mendoza, apostada en las bocas del escenario, nos impedía el paso.

Al día siguiente nos enteramos por los medios masivos de «desinformación» de que el Gobierno nos culpaba de la suspensión de la primera repetición y de que suspendía unilateralmente la segunda repetición del lunes 7 de marzo, por supuesta falta de garantías por parte de los artistas.

El gobierno, con la complicidad de los medios masivos, orquestó toda una campaña en contra de los artistas, sin darnos derecho a réplica y enfrentándonos con el pueblo del cual somos parte y para el que trabajamos todo el año, no sólo en la Fiesta de la Vendimia. Gobierno y prensa (a excepción de algunos medios pequeños que nos dieron voz) utilizaron los mismos clichés y mentiras que siempre utilizan para cualquier conflicto gremial: dijeron que un grupo minúsculo de agitadores manipuló a una mayoría ingenua y sin poder de decisión, que entre nosotros había infiltrados de la «oposición» gubernamental, que este grupo mínimo de díscolos había usado la violencia física para impedir al resto salir a escena, etc.

Y en la misma lógica de buscar un «culpable» para su inoperancia política y su incapacidad de gestión, el gobierno fue más lejos. Nos notificaron que cobraremos sólo un tercio del sueldo inicial, amenazaron con iniciar acciones penales contra nosotros por daños al Estado y, como si fuera poco, plantearon la elaboración de listas negras para escarmentarnos e impedirnos trabajar en la Fiesta en los próximos años. Así es como los mismos que apelan a la «memoria», organizan festivales para el 24 de Marzo y les hacen monumentos a las Madres de Plaza de Mayo no tienen reparos en utilizar los mismos métodos de las dictaduras militares…

Con este breve relato buscamos explicar nuestra situación y pedimos el apoyo de todos los sectores sociales y de todas las personalidades públicas, así como de todas las organizaciones sociales, culturales, sindicales y partidarias que nos quieran acompañar en este conflicto gremial que recién empieza. Sabemos que, solos, nuestras fuerzas son limitadas y que, por el contrario, si estrechamos lazos tenemos más posibilidades de llegar a buen puerto. Estamos convencidos, además, de que cualquier victoria de los trabajadores es una victoria para todos, ya que nos permite como pueblo ir avanzando en derechos y en experiencia.

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