31/03/2011 | 1170

Naufragó el congreso de la CTA Micheli

Con la mitad del número de asistentes previsto, el congreso marplatense de los «10 mil delegados» -según se le había hecho propaganda, se pinchó de arranque al quedar claro que se contraponía a las movilizaciones nacionales de esa jornada, justamente el día 24 de Marzo. Las divergencias por este problema estallaron previamente en sectores enteros que no fueron al congreso, incluso en el MTL de la Capital.

Un hecho sobresaliente fue la silbatina que recibió Ricardo Alfonsín y el grito «que se vaya», a pesar de la excusa de Michelli de invitar a «todos los que apoyan la personería de la CTA». El radicalismo no la concedió, sin embargo, cuando la Alianza estuvo en el gobierno. Incluso ahora, el partidario de esa personería se limitó a decir que la tenía en estudio.

Esta divergencia volvió a dividir al congreso cuando se trató el alineamiento político de la CTA, pues Micheli la pretende ofrecer como pata sindical del Acuerdo Cívico, con el propio Alfonsín a la cabeza. De Gennaro trabaja pacientemente para unificar listas con Stolbizer en la provincia de Buenos Aires, mientras el GEN es una pieza clave para un Acuerdo Cívico en la provincia de Buenos Aires en sociedad con Ricardo Alfonsín. La silbatina partió del sector partidario de Proyecto Sur y, con mayor fuerza, por el reconvertido MST y por otro sector menor, aunque opuesto al MST y PCR, que pretende «reconstruir la -fundida- constituyente social» y su nunca nato «movimiento político-social». Lo que se está expresando en la CTA Micheli es una crisis del propio Proyecto Sur, que tiene por eje el alcance de las alianzas que se están tejiendo con Binner, Juez, Stolbizer e incluso Alfonsín. El mao-trotskismo se encuentra ante el dilema de alargar a la UCR el apoyo que otorga al ex aliancista Pino Solanas -y, en el camino, perder la posibilidad de colocar algún candidato para octubre.

De todo este debate no quedó nada y, peor aún, porque ni se consideró una política para superar la división de la CTA y derrotar la política K de Hugo Yasky. El documento final ni siquiera se anima a caracterizar al gobierno y a la situación política, pues se limita a rescatar «algunas medidas positivas como la asignación universal» -sin mencionar que cristaliza la pobreza y es financiada por los jubilados- y a denunciar, en contradicción con ese elogio, que «sigue profundizando la distribución regresiva de la riqueza».

Este cuadro de crisis tiene otras expresiones más profundas. En ATE, donde se vienen las elecciones -postergadas-, Yasky presenta batalla en todas las categorías, lo que genera la posibilidad de otra ruptura sindical. En la UOM de Villa Constitución, el MUV (Movimiento Unificado Vecinal), de cuño degennarista, se ha pasado al kirchnerismo de la mano del PC, llevándose consigo a UOM Villa, renuncia de Piccinini mediante la cual no participó, naturalmente, del congreso de Mar del Plata. El «homenaje» a Piccinini en el Congreso fue el canto del cisne para el viejo dirigente, que ha sido «jubilado» y confinado a la Obra Social. El Estado y las patronales ejercen una presión disolvente en la CTA Micheli.

El congreso terminó de naufragar al tratar el «plan de lucha». Por toda medida de acción resolvió un paro nacional para el ¡8 de junio!, con motivo de la marcha N° 1.000 de los jubilados. Quedó desechada una «jornada» para fin de marzo. Un paro en junio -después de las paritarias, después del conflicto del Colón que el 24 de Marzo a la noche conmovió al país, después del conflicto en el Indec por despidos, después del 4 de abril (cuando la docencia neuquina ha fijado la consigna «como Pedraza, cárcel a Sobisch» en el aniversario del asesinato del maestro Fuentealba), después del 1º de Mayo -no es un paro de nada.

Esta renuncia a reorganizar la central en base a una intervención en la lucha de clases, empezando por intervenir el propio 24 de Marzo con una posición independiente es la clave de semejante parálisis. Un día antes se realizó el congreso de ATE, en la misma Mar del Plata, donde por toda política se resolvió participar de las medidas que el congreso de la CTA tomaría al otro día. De manera que tenemos dos parálisis en una.

A raíz de la defección de la dirección de ATE a votar un plan de lucha y a fijar una agenda contra la política salarial y precarizadora en el Estado, ATE Sur un agrupamiento opositor combativo resolvió no participar del congreso de la CTA, volviendo con todos sus delegados a la marcha de Buenos Aires.

El fracaso rotundo de este congreso de la CTA Micheli plantea la necesidad de una deliberación política de todo el activismo. La perspectiva de transformar al grupo de gremios y organizaciones territoriales en un apéndice de Proyecto Sur y, por lo tanto, del Acuerdo Cívico con el que Solanas se compromete cada día más es una perspectiva ajena a todas las luchas decisivas de los trabajadores e incapaz de explotar la excepcional crisis del moyanismo y de toda la burocracia.

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