24/10/1996 | 516

Ni un despido

Después de la crisis del tequilazo, el Case­ros entró en una situación de aguda liquidez. Las presiones políticas (Ferro, presidente del Caseros, está estrechamente vinculado a Alfonsín) determinaron que el BCRA le otorgara 140 millones de dólares en concepto de redes­cuentos. Entretanto, la patronal del banco des­cargó una batería de ataques contra los trabaja­dores: cientos de despidos, quita de la gratificación, retiros voluntarios compulsivos. El argu­mento patronal, acompañado por la gremial zanolista, era que estos ‘sacrificios’ eran nece­sarios para hacer viable el banco. A pesar de todo, la situación es terminal y la decisión del BCRA es poner el banco a la venta. Con dos objetivos: por un lado, seguir promoviendo la concentración del sistema financiero; por el otro, impedir la caída de una entidad que se volvería como un boomerang contra Roque Fernández, responsable del otorgamiento de los redescuentos de dudoso retomo en su carác­ter deex presidente del BCRA, que por ahora se viene salvando del enjuiciamiento por el caso del BID. Los que aparecen como potenciales compradores son el Crédito Argentino, para la mayor parte del banco, y el Macro, para las sucursales del NOA. Pero no se descarta que se retomen las tratativas con el Provincia, intere­sado en incorporar al Caseros dentro de su holding, para que le sirva como acceso al resto de las provincias.


Basta de ser el pato de la boda


La orientación impuesta por la gremial en todo el período fue persuadir a los compañeros de que cualquier medida de resistencia, a lo único que conducía, era a un agravamiento de la situación. “No hagan olas que el banco se cae”, fue su prédica. Con ese argumento insos­tenible, dado que la crisis del banco era absolu­tamente pública, admitieron, y en el caso de los retiros voluntarios impulsaron, la política pa­tronal. La falta de una orientación de lucha, y el miedo a quedarse en la calle, paralizaron du­rante largo tiempo a la base del banco. Pero a partir del paro del 26 y 27. la tendencia comen­zó a revertirse. Ahora las cartas están echadas. Sea el Crédito, sea el Provincia o cualquier otro, el banco va a ser vendido. Y la experiencia de las fusiones bancarias muestran que los que cargan con los costos son los trabajadores. La lista Naranja del Caseros plantea que los traba­jadores del banco deben unificarse en tomo a una serie de reclamos elementales: Ni un des­pido, reconocimiento de la antigüedad, las categorías y los derechos laborales de los compañeros. El personal del banco no puede ser un espectador pasivo, sino que debe tomar cartas en el tema de la venta. La gremial debe convocar a la elección de delegados de base en todas las oficinas, establecer ese pliego de reivindicaciones y preparar la asamblea gene­ral y la movilización, para establecer el com­promiso de la nueva patronal en tomo a la aceptación del mismo. Hay que prepararse para la ocupación del banco. Los compañeros del Caseros no podemos perder más nada.

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