12/01/2017 | 1444

Ofensiva sobre los estatales ¿qué orientación necesitamos?


El gobierno tiene en la mira a los trabajadores del Estado, pues su plan de ajuste “cierra” con miles de despidos. Cuando era opinólogo, el actual ministro Dujovne declaró que “sobran un millón de empleados”. Los conflictos en curso, por tanto, son apenas la primera etapa de una gran confrontación entre la patronal estatal y sus trabajadores, cuyos resultados están por verse. El gobierno, de hecho, avanza con aproximaciones sucesivas. Así, pugna por imponer despidos masivos en Educación, mientras aplica cesantías de menor cuantía en diversas dependencias (por ejemplo, Cancillería, ex Afsca o Trabajo). En Economía enfrentamos dos despidos que se inscriben en una ofensiva contra el activismo y la organización de su Junta Interna. El resultado de estas primeras avanzadas del macrismo condicionará las ofensivas posteriores, pues es evidente que hay más despidos en carpeta. En este punto, el balance de la actuación de los gremios es concluyente: han dejado pasar todo, dando aire al gobierno para nuevos ataques. Esta situación era largamente anunciada, y ninguna de las burocracias actuantes, sea UPCN o ATE preparó a los trabajadores para enfrentarla. 


 


En el Estado, las burocracias tienen roles asignados. UPCN es abiertamente patronal, mientras que el caso de ATE es peculiar, porque opera como bombero desde dentro del movimiento de lucha contra el ajuste. La vieja dirección centroizquierdista se ha dividido en varias fracciones, siempre a la rastra de alternativas políticas patronales; sin embargo, tanto en su versión Verde como Verde y Blanca (K) coincidieron en el rechazo a los planes de lucha y la deliberación democrática de los afiliados, limitándose a la convocatoria de medidas aisladas que configuran un permanente “como si”, que desorganiza y desmoraliza a las bases. Así, Trabajo y Economía estuvieron todo el año librados a su suerte por parte de las burocracias. Ahora, el conflicto de Educación, caso testigo del momento por la magnitud -3.000 despidos- es notablemente ilustrativo de esta orientación ruinosa: tanto la Junta Interna como la seccional Capital (K), operaron para levantar la ocupación del edificio dos veces en menos de una semana y sin una sola reincorporación. Luego, convocó en el ministerio un “paro por tiempo indeterminado” que no organizó ni se propone hacerlo -una salida “decorosa”. ATE Nacional -Verde- ni siquiera apareció por el conflicto y sólo se ve en los medios, ocupada en su penosa división (ver artículo).  Muy distinto sería hacer como en el Conicet: asamblea permanente, ocupación y deliberación de todas las medidas hasta conquistar las reivindicaciones. Finalmente, el congreso de bases para reorganizar el gremio consiste en llevar ese método a escala más amplia. En cada lugar de trabajo debemos forjar una organización.


 


Para el activismo es imprescindible debatir este balance y compartir conclusiones. La política de mera exigencia o, peor, expectativa respecto de que “la dirección del sindicato luche” es una vía de desorganización. Además, es preciso clarificar el contenido político de esta situación. En el caso de ATE, la Verde y Blanca ha puesto en el centro de su agitación el “volveremos” K. Proponen a los estatales encolumnarse detrás de sus patrones, al extremo de haber llevado a Sileoni, ex ministro responsable de los contratos-basura, a «apoyar» la lucha. En la izquierda, muchos son condescendientes con esta burocracia por la franela con el «frente antimacrista», cuando el kirchnerismo ha sido la pata necesaria del ajuste PRO, mediante el accionar de gobernadores y parlamentarios en leyes clave. La centroizquierda verde se disgrega luego de un largo seguidismo a las políticas patronales. La independencia de clase aparece en forma concreta como una necesidad, pues de lo contrario se postergan las aspiraciones de los trabajadores en pos de su coalición con otras clases.


 


En líneas generales, no hay una comprensión común de esta situación al interior de la izquierda y el activismo. Debemos debatir estos límites, para superarlos y unificar a los trabajadores por sobre la malla burocrática, en una lucha de mayor alcance para enfrentar los despidos y la persecución que se desarrolla en diversas dependencias. La pelea por un congreso de bases y plenarios de delegados con mandato ocupa un lugar concreto de reagrupamiento.

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