26/09/1996 | 512

Ongaro, Maffei, Caamaño firman con el Banco Mundial

Catorce sindicatos se adhirieron al plan del Banco Mundial de reconversión de las obras sociales. Pusieron sus huellas digitales en estos acuerdos todas las fracciones de la burocracia sindical;  firmaron el menemista Valle, de Seguros, la frepasista Maffei, de docentes, el autónomo Ongaro, de Gráficos, y el centroizquierdista Caamaño, de la UTPBA.


El eje del acuerdo es reestructurar las obras sociales “en función de los nuevos parámetros de atención médica. Básicamente deben comprometerse a brindar el programa médico obligatorio (PMO) que es la cobertura mínima que a partir de enero, deberán otorgar todas las obras sociales. Las que no lo garanticen deberán fusionarse” (Clarín, 22/9).


El menemista Valle fue muy claro cuando aclaró que la implementación del PMO significará un sensible recorte en la atención médica de los trabajadores (ver nota). Pero además, todas las consultas médicas quedarán arancelizadas en bonos que “costarán entre 2 y 10 pesos”(ídem). Las coberturas médicas que no estén dentro del PMO deberán ser pagadas por los trabajadores con plus o extras.


Más en general, el plan del Banco Mundial llevará a que desaparezca la mayoría de las 300 obras sociales y a que el negocio se concentre en unas 80. La cosa no termina aquí, porque el acuerdo con el Banco Mundial plantea la ‘desregulación’ de las obras sociales, en una primera etapa entre ellas, y luego “las empresas de medicina privada podrían atender a los afiliados de las obras sociales” (Clarín, ídem).


El ingreso de la medicina privada al ‘mercado’ de las obras sociales es el plato fuerte del plan, lo que automáticamente significará un encarecimiento aun mayor de la salud.


Hoy, la atención médica en las obras sociales es similar para todos los trabajadores al margen de los niveles de sueldo. Este principio solidario quedará destruido con el PMO, porque sólo cubrirá una atención mínima y se deberá pagar toda atención superior.  Con el ingreso de la medicina privada, el encarecimiento será general.


Lógicamente, al comienzo, esas empresas ofrecerán planes de salud para atraer a los trabajadores de mayores ingresos o sueldos. El traslado de estos aportes de las obras sociales a la medicina privada, provocará un mayor desfinanciamiento de las  obras sociales que perderán al sector que realiza mayores aportes, deteriorando la atención médica del grueso de los trabajadores.


Automáticamente habrá planes de salud diferentes según los sueldos de los trabajadores. Como el aporte es un porcentaje del sueldo, tendrá una atención distinta quien gane 500, 1.000 ó 2.000 pesos, o tenga más o menos hijos. Y también según la edad de los trabajadores, ya que el riesgo o la frecuencia de consulta médica crece con la edad.


Todo este plan busca abrir un mercado mayor para la medicina privada, para lo cual es necesaria la destrucción del hospital público gratuito y las obras sociales solidarias, y que se puedan cobrar tarifas diferenciadas según la atención médica.


La estrategia de la burocracia que hoy maneja las obras sociales, es asociarse con las grandes pulpos médicos para repartirse el negocio.  Por ejemplo, Gerardo Martínez y West Ocampo son dos pioneros en la materia ya que están asociados al pulpo de seguro ITT Hartford. Los 14 sindicatos que acaban de firmar con el Banco Mundial, ya han comenzado a buscar socios capitalistas.

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