25/11/2020
TRABAJADORES DE ALIMENTACIÓN

Otra paritaria que consolida la destrucción salarial

La burocracia del gremio de Alimentación cierra paritarias a la baja.

El resultado de la paritaria fue presentado por la burocracia de Daer y Morcillo como un triunfo ya que se ubicó entre las mejores del país. Esto es así solo porque el resto (con excepción del sindicato del Neumático) fue un desastre aún mayor. Por eso la opinión de los trabajadores está lejos de la euforia. El acuerdo es de 9% a partir de octubre, 7% en diciembre de 2020, un 6% en enero del 2021 y en marzo un 3,5%.

Un acuerdo del 22, 5 %, en larguísimas cuotas, que la burocracia presenta como un 32% porque incluye el 6, 5 % que se acordó en julio pasado. Recordemos que la paritaria venció en abril y su postergación no fue compensada. Si calculamos la inflación acumulada desde abril de 2020 más las proyecciones hasta la firma de la próxima paritaria, el panorama es sombrío. El 3,8% de septiembre superó los pronósticos más pesimistas (en alimentos los precios se ubicaron por arriba del 6%). La paritaria no solo no recompuso el deterioro salarial de 2019 sino que va a incrementar la brecha a futuro.

Como si fuera poco, todos los porcentajes del aumento se hacen al valor hora de abril de 2020 y no de la actualidad, por lo que la incidencia es incluso menor. Tampoco es acumulativo. Un sueldo inicial queda en la actualidad está muy por debajo de los $ 76.500 que representan la canasta familiar según los últimos datos del Indec. Debemos recordar que el sector de la alimentación fue declaró esencial y nunca paró de producir, se le aseguró a las patronales los ritmos productivos durante toda la pandemia.

Un rechazo que hay que organizar

El descontento en las plantas por el papel jugado por la burocracia es generalizado. La bronca del 6,5% de julio, que recién terminó de cobrarse en septiembre, se multiplicó con la nueva negociación. El plan de lucha anunciado una y mil veces nunca terminó de concretarse. Frente a cada amague se dictaba una conciliación obligatoria, con un claro guiño del sindicato, para encubrir su inacción y complicidad con las patronales.

La pasividad del gremio contrastó con la decisión de los trabajadores que en muchas plantas del país tomaron los reclamos en sus manos mediante asambleas, paros y bloqueos -como sucedió en Arcor, Bagley y tantas otras. El tibio bocinazo impulsado por el sindicato fue una broma de mal gusto.

Junto al salario los reclamos de categorías y bonos que estallaron en varias empresas, y que la dirección intentó canalizar, expresan las dificultades de la burocracia sindical, en nuestro gremio y en todos los sindicatos que dirige, para seguir conteniendo las tendencias de lucha.

De esta nueva entrega la conclusión que debemos sacar los trabajadores, delegados y activistas clasistas es que la tarea por delante es la recuperación de cuerpos de delegados y comisiones directivas para recuperar finalmente el sindicato, por uno que tenga independencia de los gobiernos de turnos, que ponga los intereses de los trabajadores por delante, que incentive la participación de los todos los trabajadores de la alimentación en la mejora de las condiciones de trabajo y la discusión salarial y la defensa de los puestos de trabajo.

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