19/06/2013 | 1273

Paritaria camionera: Moyano, cazado sin disparar un tiro

Después de enunciar el reclamo de un 36% de aumento salarial, sin media hora de paro, Moyano firmó por un mentiroso 26% en tres cuotas: 13% en julio, 7% en noviembre y 6% en marzo 2014. Promediado, un 19,7%. Bastante menos que el promedio de la UOM, que fue 22,6%.


Quien dictara los topes kirchneristas para el movimiento obrero durante tantos años, ahora los aceptó sin disparar un solo tiro. El cazador ha sido cazado por las paritarias en cuotas, con el agravante de que este año estarán, muy posiblemente, por debajo de la inflación punta-punta. Por otro lado, gráficos, con el amague de un cuerpo de delegados, una movida por abajo del clasismo y asambleas por taller, firmó por un punto más (27% en cuotas).


La conclusión es clara. Moyano archivó para otra ocasión el potencial de lucha de un gremio de 200 mil afiliados, capaz de parar el país. Ello, cuando está en discusión que no sean los salarios obreros la variable de ajuste del derrumbe kirchnerista.


Por otro lado, quedó pendiente para futuras "conversaciones" una suma fija para fin de año y que sería de unos modestos 2.500 pesos, pero que no se firmó. Incluso otros gremios, como la UOM, bancarios o alimentación, concretaron algún tipo de suma no remunerativa como paliativo ante la inflación y el impuesto al salario.


Por abajo hay bronca. Había expectativa de no aceptar este año las remanidas cuotas. Pero, además, el impuesto a las ganancias hace estragos en varias ramas del gremio. El sector recolección ha resuelto no hacer más horas extras, porque "son para Cristina". Junto a logística y a choferes, son las tres ramas más afectadas por ganancias, y la bronca es muy grande. Moyano ha pasado a cuarteles de invierno esa reivindicación. Pero ganancias empieza a carcomer los salarios de la rama clearing, la más retrasada. Ello es especialmente claro en OCA, donde por medio del esfuerzo y de adicionales por pieza, los compañeros reúnen importes que superarán en muchos casos el mínimo no imponible. Lo mismo vale para la rama aguas gaseosas.


Sin los privilegios del poder político, el moyanismo muestra más descarnadamente sus limitaciones y el contenido de su política. Durante una década convalidó salarios atados a productividad, formó parte del esquema de tercerización y sindicalismo empresarial (Covelia, Guía Laboral) y contribuyó a la contención del movimiento obrero mediante topes salariales no escritos. Ahora, como jefe del sindicalismo opositor, abandonó las reivindicaciones centrales que llevaron a millones de trabajadores al paro del 20 de noviembre pasado, para concentrarse en el armado político con el derechista De Narváez.


La vigencia de la lucha por una nueva dirección abarca a todos los gremios y, por supuesto, a camioneros.

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