20/09/2020

Petroleras: la productividad aumentó entre 79 y 100%, pero las empresas extorsionan por más

Condicionan el pago de la deuda paritaria, de 16,2%, a la instauración de una cláusula en ese sentido.

El Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Neuquén, Río Negro y La Pampa acató la conciliación obligatoria dictada el viernes 11 por el Ministerio de Trabajo de la Nación, luego de haber anunciado previamente un paro con “paralización de la producción”.

La medida finalmente no realizada reclamaba, entre otras causas, el pago de actualización por Índice de Precios al Consumidor (IPC) pendiente de la paritaria del año pasado, del 16,2%. Ya en plena negociación de la conciliación, el secretario general de la gremial, Guillermo Pereyra, señaló que las empresas condicionan el pago de ese porcentaje a una cláusula de productividad.

El tema de la productividad, en una especie de nueva adenda al Convenio Colectivo de Trabajo (CTT) que encabezó YPF, había sido aceptado por Guillermo Pereyra, quien firmó un acuerdo con la petrolera estatal. Pero luego fue rechazado por el resto de las empresas, que pretenden ir más a fondo.

Es decir que las petroleras redoblan su chantaje por un salario atado a la productividad. El burócrata Pereyra, como siempre, no descarta esa posibilidad, solo que dice no admitirlo para ese 16% que corresponde a la paritaria pasada (La Mañana de Neuquén, 18/9). Con ello deja la puerta abierta a que se incluya en la paritaria 2020, que el sindicato ya ha pedido abrir hace una mes.

Pero la productividad se ha disparado en forma exponencial durante la pandemia, en un marco de recorte de los salarios petroleros.

Los números son elocuentes

El propio sindicato reconoce que hay unos 20.000 obreros petroleros en sus casas, cobrando entre el 40 y el 50% de su salario. Según palabras del propio Guillermo Pereyra de fines de agosto: “sobre 24 mil afiliados gremiales, casi 12 mil continúan en sus casas suspendidos” -lo cual indica que el plantel que opera los yacimientos y todas las tareas de la producción está reducido aún a la mitad, a más de cinco meses de iniciada la pandemia.

Sin embargo la producción -según cifras oficiales- nunca cayó en esa proporción. En el caso del gas, la producción de abril cayó un 15%, pero luego remontó y en julio la producción ya supera a la prepandemia, ¡con la mitad de personal trabajando! En el caso del petróleo ocurre algo similar: en abril cayó respecto al mes anterior un 24%, pero luego remontó y achicó esa caída en julio a apenas un 13%.

La conclusión es que con la mitad del personal la producción de hidrocarburos de la provincia se mantuvo siempre por encima del 75% al 80% de la producción previa a las suspensiones. La productividad, con salarios congelados, creció por obrero en forma descomunal. A groso modo, si en febrero 24.000 trabajadores producían 777.500 m3 de petróleo (32,4 por obrero) y 1.895 millones de m3 de gas (79.000 m3 de gas por obrero), durante la pandemia unos 12.000 trabajadores han producido alrededor 58 m3 de petróleo y 158.000 m3 de gas por obrero. Un aumento de la productividad por obrero de ¡79% en el caso del petróleo y del 100% en gas!

Pero las petroleras van por más: quieren nuevas concesiones en materia de productividad (aumento de la explotación, es decir, mayor plusvalía absoluta).

La situación pide a gritos control obrero

El Estado ha mantenido el precio sostén a las petroleras en los U$S 45, así como la línea de subsidios. Junto a ello, ha permitido los despidos abiertos y encubiertos (“voluntarios”) en el sector; u bajado las retenciones a la exportación. Se les ha permitido a las productoras con base en Vaca Muerta exportar un 20% de su producción petrolera en junio, y un 40% en julio. Entre ambos meses ingresaron más de U$S 100 millones, potenciados por la escalada devaluatoria y los salarios en pesos y congelados.

Pero la crisis, que es de otro orden, no se resuelve con esas medidas. Apenas se atenúa.

La caída de la demanda mundial es muy anterior a la pandemia. Las caídas en la producción hidrocarburífera de Neuquén son anteriores a la pandemia y al decreto de Macri de agosto del 2019. Es una tendencia (con altibajos. como toda tendencia) desde hace años.

Para parar este nivel de sangría y superexplotación, los obreros petroleros necesitan imponer el control de la producción y la apertura de los libros y cuentas de las empresas. Porque con la complicidad de la burocracia, la próxima paritaria incluirá mayores cláusulas de productividad y una baja en la cantidad de obreros en el sector, que pasarían a ser “sobrantes” respecto a las pretensiones de las empresas.

Sin afectar el secreto societario, sin control obrero de la producción y los ritmos y condiciones de trabajo, las medidas antiobreras seguirán su curso con el aval de los gobiernos.

La burocracia es un grillete atado a los pies de cada petrolero. Superar sus maniobras es clave, con asambleas reales donde se expresen todas las voces, no solo las de la conducción.

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