09/04/2016

Petroleros: mucho ruido por abajo

Es que el Sindicato dirigido por el senador Guillermo Pereyra le otorgó a las empresas, a cambio del compromiso de que no despidan por 90 días, el derecho a suspender en forma rotativa a 2000 petroleros, con el 50 por ciento del salario; a jubilar compulsivamente a otros 1000 -que pasaron a cobrar un 30 por ciento de su salario en actividad, fruto de la enorme cantidad de sumas no remunerativas que incluye el salario conformado petrolero- y a postergar la discusión paritaria hasta abril.


Dos meses bastaron y sobraron para que el acuerdo que firmó el Sindicato de Petroleros Privados de Neuquén, Río Negro y La Pampa, con las empresas petroleras y el gobierno se evidenciara como un fracaso rotundo. Es que el Sindicato dirigido por el senador Guillermo Pereyra le otorgó a las empresas, a cambio del compromiso de que no despidan por 90 días, el derecho a suspender en forma rotativa a 2000 petroleros, con el 50 por ciento del salario; a jubilar compulsivamente a otros 1000 -que pasaron a cobrar un 30 por ciento de su salario en actividad, fruto de la enorme cantidad de sumas no remunerativas que incluye el salario conformado petrolero- y a postergar la discusión paritaria hasta abril. Pero ni siquiera este paquete de concesiones descomunales le paró la mano a las empresas. Los despidos se produjeron igual, especialmente a través de los retiros ‘voluntarios’, que se consumaron fruto de la presión patronal sobre trabajadores carentes de protección sindical.


Elecciones


En este escenario es que el Sindicato ha lanzado la convocatoria a renovación de delegados en la mayoría de las empresas. Pereyra, en complicidad con las patronales, viene reduciendo la cantidad de delegados en todo el gremio, para evitar el surgimiento de delegados opositores y tener mejor controlados a los que se encuentran en funciones. Lo hace violando la Ley de Asociaciones Sindicales, que establece el mínimo de un delegado cada 100 trabajadores. Con la convocatoria a elecciones, Pereyra apunta a reelegir a los delegados adictos y fieles a la conducción del Sindicato y barrer con los delegados ‘rebeldes’ o que verdaderamente defienden a los trabajadores.


Pero por el momento, esta tentativa ha chocado con un proceso subterráneo. Por abajo, existe una enorme disconformidad con el accionar de la conducción, que ha dado lugar al armado y  presentación de listas de delegados alternativas en una gran cantidad de empresas. Pereyra y sus secuaces, han respondido a este proceso manipulando y regimentando las elecciones. En algunos casos, la Junta Electoral rechazó la presentación de listas opositoras. En otros, pretende que se vote solo en la sede del sindicato, eliminando las urnas móviles, para que no puedan votar los obreros que se encuentran en el campo y se incrementen las posibilidades de fraude. En las empresas donde la burocracia de Pereyra calcula que pierde seguro, han suspendido las elecciones o directamente no las han convocado. Se trata de un proceso que hay que seguir con suma atención, desenvolviendo una intensa agitación por la realización de elecciones libres y la elección de delegados independientes de las empresas y la conducción del gremio.


Paritaria


El comienzo de la negociación paritaria, el martes 5, será todo un terreno de deliberación, en torno a la situación de los trabajadores y el futuro de la industria petrolera. Las patronales ya adelantaron que se oponen a cualquier aumento, y reclaman, incluso, una rebaja salarial (El Inversor Online, 29/3).  Se trata de una clara provocación. Las empresas lograron un abaratamiento del 40% del costo salarial con la devaluación de diciembre; siguen gozando de un subsidio millonario que les otorga el Estado nacional (precio sostén del barril criollo) y recibirán nuevos beneficios con el aumento del gas. Si se abrieran los libros contables de las empresas, quedaría en evidencia que no necesitan despedir ni suspender a nadie, que tranquilamente se pueden hacer cargo del aumento salarial y seguir ganando fortunas.


Pereyra, por su parte, ha dicho que pretende una suma no menor al 30% y que rechazará cualquier suma fija. Pero su pliego tiene límites evidentes. Por un lado, porque nada dice de un tema caro para el gremio petrolero: el impuesto a las ganancias. Y además, porque el monto reclamado se encuentra por detrás de la inflación interanual proyectada, que se ubica, de piso, en un 40%. Por otro lado, porque ha esquivado fijar una posición clara ante la cuestión de fondo: los despidos y las suspensiones. Y finalmente, lo que no ha dicho, es como pretende imponer su  limitado pliego inconsulto, una vez que su política de  ‘paz social’ ha fracasado estrepitosamente.


La posición a defender es clara. Que Pereyra no decida por los trabajadores; asambleas en cada empresa, para reclamar un plan de lucha por el siguiente pliego: aumento del 40% del conformado al básico, ni despidos ni suspensiones, repartos de las horas de trabajo sin afectar el salario, que las empresas absorban la parte del salario confiscada por el impuesto a las ganancias.

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