23/03/2011 | 1169

¿Por qué el empleo doméstico sigue afuera de la ley laboral?

El progresismo de la política argentina alcanzó para que Diputados vote por unanimidad una ley de empleo doméstico que arrima a varias de las conquistas del resto de los trabajadores. Por ejemplo, indemnización a un sueldo por año de antigüedad, vacaciones progresivas hasta 35 días en veinte años de antigüedad, aguinaldo, entre otras. La ley deberá pasar por el Senado y ser reglamentada, donde queda pendiente un seguro por accidentes. Las licencias por enfermedad son inferiores a la ley general. Tampoco las alcanza el salario mínimo que rige para todos los trabajadores.

Había algo mucho más sencillo para hacer: incluir al sector en la Ley de Contrato de Trabajo. La ley votada, con sus avances, mete debajo de la alfombra los problemas de fondo de la superexplotación del empleo doméstico. En primer lugar, porque de las 1,2 millones de trabajadoras, sólo 255 mil están en blanco. Nada de eso prevé cambiar esta ley, algunos incluso prevén que en las actuales condiciones las ventajas podrían invitar a más trabajo en negro. Si eso no va a ocurrir en masa es porque el sector que blanquea el trabajo doméstico es aquel que puede deducir de ganancias hasta 10.800 pesos por año el empleo doméstico, justamente el de mayores ingresos que ve financiado por el Estado el blanqueo de su servicio doméstico.

En cambio, los matrimonios de trabajadores, donde la mujer se ve obligada a contratar empleo doméstico para el cuidado de sus hijos y de su casa, no tienen esa posibilidad, con el agravante de que a partir de ciertas escalas, sufren ellos mismos descuentos por impuesto a las ganancias. El Estado no financia el cuidado de los hijos de las familias trabajadoras ni provee de guarderías de nivel para ello. En la Ciudad de Buenos Aires, donde hay algunas, se puede esperar años para colocar un niño aún viviendo en las inmediaciones y en el resto del país, directamente es marginal o no existe.

Los salarios de las trabajadoras y trabajadores tampoco alcanzan para afrontar un nivel salarial digno para el empleo doméstico. De manera que la ley prolonga un régimen especial de condiciones inferiores para el empleo doméstico, para adaptarlo al edificio de la explotación general del trabajo de la clase obrera.

La cuestión del trabajo en negro debería ser erradicada de raíz mediante una garantía de estabilidad laboral para toda empleada doméstica que notifique de su trabajo. El empleo doméstico carece de convenio y se argumenta que no habría una representación patronal, pero antes que eso, que siempre se puede resolver, hay que pensar en la organización de un movimiento para tener un verdadero sindicato, cuando lo que hoy tiene el empleo doméstico es una agencia de comisionistas de tipo patronal. Es una tarea pendiente del movimiento de lucha de la clase obrera, la organización de agrupamientos de empleadas domésticas para organizar un sindicato obrero, luchar por el pase a Ley de Contrato, la inclusión en el salario mínimo y las asignaciones familiares (hoy dependen de la asignación universal, sólo si mandan sus hijos a colegios estatales) y la discusión de un convenio colectivo.

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