15/08/1996 | 506

Se comprobó el fraude ongarista

El lunes 5 de agosto, el Ministerio de Trabajo reconoció que la Lista Naranja obtuvo la minoría en las últimas elecciones gráficas, oficializando a 6 congresales: los compañeros Néstor Pitrola, Ivar Luján, Héctor Fernández, Carlos Ramírez, M. del C. Martínez y Beatriz Guerrero.


El fallo puso coto al último eslabón del fraude ongarista. Quedaron atrás la fallida impugnación de la urna de Atlántida, el “voto cantado” mediante sobres transparentes, la alteración de resultados en una docena de talleres que escaparon al control de los fiscales y la inversión de cifras (1.014 en lugar de 1.028 votos Naranja, y 4.028 en lugar de 4.014 votos Verdes), truchadas en el acta final.


Así y todo, la Naranja obtuvo el 20% de los votos válidos. La burocracia contó con los votos anulados para manipular los porcentajes (19,88%) que informó al gremio y a la opinión pública en costosas solicitadas periodísticas. Con toda la jurisprudencia a nuestro favor, la diestra batuta jurídica de Juan Carlos Capurro y el patrocinio democrático del Dr. Meiguiras hicieron el resto, aun en el ámbito del Ministerio menemista, que había hecho la vista gorda a todas las irregularidades durante los comicios y su escrutinio.



La amplia denuncia política que la Naranja hizo en el gremio cobró realidad. De un golpe se confirma todo el fraude a los ojos de los gráficos y de la lista Verde, seis de cuyos congresales deberán dejar el lugar a los naranjas, a pesar de haber sido ungidos y publicitados a los cuatro vientos y a cuatro colores.



La conquista no tiene una consecuencia directa para los obreros gráficos, puesto que Ongaro jamás convocó a congreso alguno y no participó nunca de los congresos de la Federación Nacional (FATI).



Tiene, en cambio, un enorme valor político, que la Naranja hace práctico a través de su iniciativa de lucha. Los congresales exigirán que se convoque al congreso a través de la denuncia, de asambleas de fábrica y aun de la batalla jurídica. Recientes asambleas generales de Perfil y Atlántida han exigido  la convocatoria al plenario general de delegados.



La resolución llegó a un mismo tiempo en que la Naranja encolumnó un importante contingente de activistas a la Plaza de Mayo el 26 de julio, para transformarse después en la única organizadora del paro del 8 de agosto en el gremio, con las banderas de paro activo nacional, paritarias e inmediato plenario de delegados.



El Sindicato Gráfico desalentó el paro del 8 por “carecer de perspectivas”, una política carnera que encubre, reivindicando el “Estado benefactor” contra el “fundamentalismo neoliberal”, el alineamiento sin chistar a las patronales gráficas y al gobierno menemista. Para Ongaro, el “cambio” es “político-parlamentario” y la clase obrera no tiene ningún papel que jugar. Una partitura similar interpreta hablando de “autogestión” de la Obra Social, mientras encabeza el lote de los primeros 7 sindicatos que se inscribieron en el crédito del Banco Mundial destinado a la “reconversión” privatista.



Como se cayó el fraude, se caerá toda la política ongarista. La Naranja impulsa la lucha por la derogación de los decretos antisalariales, por las paritarias, la defensa de la Obra Social y por un frente de delegados que tome en sus propias manos ese programa, impulsando la continuidad de la irrupción obrera del 8 de agosto a través de un paro activo nacional de 36 horas. 



Al servicio de esa perspectiva trabaja la Naranja gráfica, tonificada por la victoria política obtenida.

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