26/04/2001 | 704

Se moviliza el Ramos Mejia

La pésima situación sanitaria en la Ciudad de Buenos Aires y en los hospitales públicos, las irregularidades y las falencias y la crisis política de las autoridades plantearon la interpelación de M. Buchbinder, el secretario de Salud de la Ciudad, en los salones de la Legislatura porteña.


Para la Alianza (UCR-Frepaso) y Encuentro por la Ciudad (Cavallo) la jugada se perfilaba como una pulseada que apuntaba al reacomodamiento de las bancadas. Para el Partido Obrero, en cambio, la interpelación implicaba el reclamo del pase a planta de 170 profesionales que revisten en el escalafón general, la creación de la estructura del Hospital Ameghino, la integración de centenares de profesionales que han aprobado sus concursos, la cuestión de la privatización de servicios (Hospital Fernández), el ingreso por contrato de 250 enfermeras, el tema del achicamiento del servicio de Psicopatología del Hospital Alvarez, los acontecimientos del Alvear, entre otros… Pero la situación se precipitó por la decisión unilateral de la Secretaría de Salud de pedir la renuncia de César Oviedo, actual director del Hospital Ramos Mejía.


Las miserias de la Alianza


Buchbinder se olvidó de la agenda y pasó a justificar su decisión de separar al director del Hospital Ramos Mejía sobre la base del informe técnico elevado por la auditoría contable que llevó adelante la propia Secretaría, que habría detectado irregularidades en las compras de insumos y el manejo financiero de la entidad. Del contenido de dicha auditoría los trabajadores del hospital y los legisladores se informaron en el curso de la interpelación.


Oviedo fue designado hace apenas cuatro meses por la Secretaría de Salud para reemplazar al cuestionado Dr. Cittadino, sobre el cual recaían innumerables denuncias de mala administración, déficit de insumos, negocios con la cooperadora, las fundaciones y los proveedores, arancelamientos de las prestaciones, etc.


La comunidad hospitalaria se había movilizado ese día a la legislatura en defensa del director Oviedo. Unos 500 trabajadores y profesionales del hospital firmaron un petitorio contra de la decisión del secretario. La asamblea hospitalaria del martes 17 votó también el rechazó a la destitución y la movilización del 18 a la Legislatura, de la que participaron cerca de 100 compañeros. Del otro lado, estaban los tres agrupamientos burocráticos del Sutegba, los que habían sido derrotados en las últimas elecciones por el frente antiburocrático que hoy dirige el cuerpo de delegados del hospital (éstos sectores burocráticos siempre apoyaron la gestión del anterior director y de la cooperadora del hospital).


La reacción de los trabajadores


Empezaba a tomar cuerpo la idea de que Oviedo (un peronista del Frepaso) era la prenda de cambio de una interna entre fracciones de la coalición gobernante, con varios ‘actores’ en ronda: Buchbinder, Lombardo, la burocracia del Sutegba… Una arista más del derrumbe del progresismo democratizante.


Como nadie se tragaba los argumentos del secretario *en especial los trabajadores del hospital*, la sesión se interrumpió en varias oportunidades y la temperatura fue subiendo; las evasivas del funcionario, su incapacidad para presentar una argumentación coherente y aclarar los cuestionamientos, precipitaron el desenlace: la gente se enardeció y al grito de «Oviedo no se va» y «Buchbinder ladrón» se retiraron del salón. La interpelación se dio por concluida, pasándose a un cuarto intermedio. El secretario no desperdició la oportunidad para retirarse subrepticiamente por una puerta lateral.


La crisis desatada en el Hospital Ramos Mejía pone en el tapete bajo quién debe estar la dirección y el control del sistema público de salud y la política sanitaria, los libros contables de las instituciones, las compras de insumos, la defensa del hospital público: quién mejor que los propios trabajadores (profesionales y no profesionales) para hacerse cargo de los destinos del hospital.

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