13/12/2000 | 692

Situación terminal en las automotrices cordobesas

Renault acaba de suspender a todo su personal hasta el 15 de febrero (en el mismo período se incluirán las vacaciones). Sin embargo, esta dramática situación no es la peor noticia: la empresa ha anunciado el despido de 400 trabajadores a la vuelta de la suspensión. La cifra podría ser aun mayor ya que el presidente de Renault Argentina declaró que lo óptimo sería despedir a 1.000 trabajadores. De esta manera la empresa pasaría de los 3.400 trabajadores que tenía en febrero del ’99 a sólo 700. La burocracia del Smata considera que ha logrado un gran tirunfo porque la empresa accedió a pagar el 75% de los salarios caídos (exceptuando premios, etc.) durante la suspensión, contra la pretensión de solo pagar el 50%.


A excepción de Volkswagen, que trabajará a pleno durante el verano y tiene un plan de incorporación de personal en marzo, el resto de las automotrices y autopartistas está en la situación de Renault. Chrysler suspendió durante todo el verano, Iveco lo mismo, y Fiat se plantea despedir a 600 trabajadores, con lo cual la planta quedaría reducida a menos de 500 trabajadores (en este año se desprendió de 800 obreros bajo el régimen del retiro ‘voluntario’).


La perspectiva de cierre generalizado de empresas está planteada para los primeros meses del año. Ya Dana (ex Thompson Ramco) quedó con 36 trabajadores frente a los 1.000 que tenía hace 4 años. Perkins despidió a más de 100 a pesar de que el sindicato firmó una rebaja salarial del 25% para evitar los despidos que finalmente se produjeron. En las autopartistas los cierres son ya un hecho, cuya repercusión ha quedado relativizada, porque se trata de talleres pequeños.


La argumentación de las patronales es la caída de las ventas, el fin del Plan Canje (bajo el cual también hubo despidos y suspensiones) y la insistencia del gobierno de asegurar el 30% de los componentes de origen nacional medidos pieza por pieza y no como conjuntos.


El presidente de Adefa (y de Fiat) se ha lanzado a una guerra contra el gobierno nacional y en particular contra el secretario de Industria, Tizado, en la cual no ha dejado de amenazar con el levantamiento definitivo de las plantas. Es evidente que las patronales de las terminales pretenden arrancarle al gobierno todos sus reclamos: mayores subsidios, la forma de medición de los componentes nacionales y la continuidad del Plan Canje; pero aun así esto no frenará los despidos y el virtual cierre de las plantas, ya que éstas quedarán reducidas a una expresión marginal que permita justamente hacer uso de los beneficios impositivos, arancelarios y subsidios como fruto de su presencia en los dos países claves del Mercosur (Brasil y Argentina).


El Smata Córdoba se ha emblocado con las terminales en el reclamo de una disminución de los impuestos. Pero ante la negativa del secretario de Industria, Tizado, Dragún, del Smata, declaró al gobierno nacional «enemigo de la industria automotriz». La burocracia de Córdoba actúa también como vocero directo de De la Sota, que es a su vez agente de las automotrices. Pero al reclamo también adhirieron «la delegación local de la Asociación de Fabricantes de Autocomponentes (Afac) y los sindicatos de mecánicos, metalúrgicos y supervisores» (La Voz del Interior, 13/10). En el paro del 23 y 24 que el Smata Córdoba cumplió sólo en parte, la burocracia declaró que era contra el gobierno nacional, no el provincial. El Smata, después de amenazar con que no permitiría despidos, firmó las suspensiones de Renault y acordó convenios flexibilizados con Chrysler y VW.


Los trabajadores mecánicos están profundamente desorientados; los actos realizados por el PO en las puertas de fábrica contra los despidos y las suspensiones son recibidos con mucha simpatía, pero hay una ausencia de activismo, luego que la oposición antiburocrática, la Blanca, fuera cooptada a la conducción del gremio.


La situación tiene salida mediante el reparto de las horas de trabajo y un convenio único para todas las automotrices. En esa perspectiva, el camino es exigir e impulsar una asamblea general.

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