22/08/2020

Subte: en el conflicto de línea C se juega quién controla la seguridad sanitaria

El conflicto de la línea C del subte no consiste, solamente, en una pulseada de los trabajadores contra una modificación arbitraria del régimen de trabajo por la patronal. También consiste en eso, pero hay que mirar bajo la superficie los motivos más profundos de la disputa en curso. Se trata del choque entre la decisión del gobierno de Larreta -con acuerdo de Fernández- de levantar la cuarentena y la tendencia de los trabajadores a defender su salud, la de los pasajeros y la del resto de la población.

Así es, Metrovías bajó la orden a Tráfico de la línea C de aumentar la cantidad de formaciones en servicio, lo que implica que conductores y guardas deben dar más vueltas que las que venían cumpliendo en esta emergencia Covid-19. Los trabajadores ya habían accedido a dar 6 vueltas y ahora les exigen que den 8. Si lo hicieran, sin incorporar más personal –medida a la que la patronal se opone- se rompería el diagrama de trabajo con dotaciones limitadas y no superpuestas y obligaría a reabrir cuartos de descanso y comedores, que se cerraron porque son absolutamente incompatibles con el distanciamiento social. Esto en un cuadro de 146 infectados y tres trabajadores fallecidos en el subte y con la curva de contagiados, internados y fallecidos en Amba en constante aumento.

Ante la negativa de los compañeros, muy impactados por la situación sanitaria, a transgredir las normas de bioseguridad, la patronal paró la línea y bajó a conductores y guardas, para hacerla funcionar, más tarde, con personal jerárquico y su nuevo diagrama, al tiempo que aplicaba sanciones al personal.

Que esto es una acción patronal de más alcance quedó demostrado cuando, con más formaciones y menos control de pasajeros, los trenes y los andenes de la C empezaron a llenarse. Es decir, el cambio de modalidad coincide con la eliminación de controles sobre el uso de transporte público que corresponde, se supone, solo a personal de actividades esenciales. Y como consecuencia, con hacinamiento de pasajeros, como se vio en las fotos difundidas.

Ya en días previos las jefaturas dejaban trascender que se iba a convocar a todo el personal que hoy se viene alternando en grupos (o letras) para reducir la exposición. Lo que está sucediendo, entonces, es una prueba en la línea C de una «normalización» del servicio de todo el subte, en línea con la política que expresó Fernández en la última conferencia «epidemiológica» con la frase «de qué cuarentena me hablan» o «ahora todo queda en manos de ustedes. Cuídense».

En un plenario de delegados que trató el conflicto, se resolvió (27 votos) comenzar con paros parciales de dos horas y dos líneas por día, a partir del viernes 21. Los delegados de La Naranja propusieron junto a otros de la oposición (13 votos) un plan de lucha con paros de todo el subte empezando con 3 horas y progresivamente más extensos si la patronal no retrocede. Esto basado en la caracterización de que no es un conflicto menor, la decisión patronal es de fondo, para todo el subte y viene de muy arriba. Y que lo que está en juego es si el costo del levantamiento de la cuarentena lo van a pagar los trabajadores y los usuarios del transporte, que todos coinciden en calificar como un foco fabuloso de contagios.

Se pone aquí a prueba si una conducción gremial «albertista», como la de la AGTSyP (Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro), va a resistir a pie firme lo que viene no solo de Larreta, sino del Ejecutivo nacional que lo autoriza, por el dictado y las presiones anti cuarentena de las cámaras patronales.

Es un debate que viene dándose alrededor del control de la aplicación de protocolos Covid-19. La mayoría de la conducción se opone a la formulación que ha hecho La Naranja, de un protocolo AGTSyP elaborado por sectores, según sus modalidades y comités de higiene y seguridad por línea que controlen su aplicación contra las permanentes transgresiones y bloqueos patronales. Prácticamente todas las medidas que se han aplicado lo han sido bajo la presión de los trabajadores, incluyendo varios paros de líneas. En ese sentido, el reclamo por parte del Ejecutivo de AGTSyP de un comité Covid mixto o tripartito es tan inconducente como el que funcionó por el asbesto y contribuyó a empantanar todo –por empate- al gusto de la empresa y de Larreta.

Por otro lado, en la línea B, una comisión obrera de seguridad y delegados de Tráfico, que fueron los iniciadores del régimen de trabajo en cohortes independientes y cierre de comedores, está elaborando un protocolo del sector que reduzca al mínimo el riesgo de trabajadores y pasajeros. También los talleres de material rodante iniciaron la elaboración de un protocolo con sus propias particularidades. Son iniciativas que debería seguirse en todos los sectores.

A última hora se comunicó que el conflicto entró en una tregua mediante el levantamiento de las sanciones aplicadas por Metrovías y en nombre de negociaciones cuyos términos no se han dado a conocer todavía. Sería un error bajar la guardia porque lo que está en juego es la “flexibilización” de hecho e inconsulta del transporte con alto desprecio de la salud pública.

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