23/10/2003 | 822

Una cámara piquetera

La presencia de las cámaras de foto y video en la lucha de clases, y más aún la numerosa producción documental resultante, sobre todo a partir del Argentinazo, ha generado un debate en los medios audiovisuales sobre la aparición de una nueva corriente estética a la que algunos llaman «cine piquetero».


A los integrantes del Ojo Obrero, como parte que somos del movimiento piquetero, nos interesa, más que el rótulo, las nuevas posibilidades que cada día descubrimos en nuestra herramienta de trabajo: la cámara de foto o video.


En los albores de la rebelión popular las cámaras militantes fueron apreciadas porque podían limitar, aunque fuera en parte, la impunidad del accionar policial.


Los registros documentales demostraron su importancia a la hora de impulsar las investigaciones de los asesinatos del 19 y 20 de diciembre.


Sirvieron también para desmontar la provocación duhaldista del Puente Pueyrredón. Las cámaras piqueteras nunca fueron espectadoras pasivas ni documentalistas «objetivas» de los sucesos. Siempre del lado del piquete, siempre para contar l a otra historia.


Nuestros videos forman parte de la actividad cotidiana de las organizaciones piqueteras y han logrado difundir esta lucha por el mundo.


Poco a poco, las producciones documentales han dado paso a las reflexiones de los protagonistas, que hacen un esfuerzo por ser comprendidos por todos los trabajadores y demás sectores explotados, amplificando su voz. Es el caso de Coco en «Piqueteros Carajo»; es el caso de Norma e Ivana en el video sobre Grissinópoli (aún en proceso).


En Sasetru Gestión Obrera la cámara es un piquetero más.


A lo largo de cada minuto transcurrido desde la primera ocupación, la presencia de la cámara del Ojo dio a cada acontecimiento, por pequeño que fuera, un valor simbólico, que quedaría registrado para que todos los trabajadores pudieran aprender de su ejemplo y seguirlo.


Esto se hace patente en la escena de «Sasetru Obrera» en la que el jefe de seguridad de Molisur pretende intimidar a los compañeros, con la supuesta ilegalidad de la medida que acababan de tomar. La respuesta no se limitó a anoticiarlo de que continuaríamos allí; sin la pretensión de convencerlo, los compañeros le dan una lección de comprensión política, denunciando a los capitalistas como responsables y demostrando que los «usurpadores» eran los únicos interesados en poner la planta en funcionamiento.


Los piqueteros se dirigen, en presencia de la cámara, a muchos miles más que sacarán nuevas enseñanzas de esta lucha y ayudarán a rodearla de la solidaridad que necesita.


«Sasetru Obrera», en su versión definitiva, cuenta la historia de una victoria piquetera, con sus lágrimas y sus sonrisas.


Dijimos Volveremos, y volvimos; y seguiremos transformando y nuestras cámaras en herramientas de la revolución.