17/05/2001 | 706

¿Una CGT Moyano oficialista?

Hace unos días concurrimos a una reunión del MTA, en representación de la UEJN local, la que había sido convocada con la consigna de «normalizar» la CGT provincial.


Luego de escuchar algunas apreciaciones respecto de la unidad del movimiento obrero, preguntamos las razones por las cuales los gremios allí presentes *camioneros, Uatre, UTA, Viales provinciales*, no habían asistido a la convocatoria de la CTA provincial a organizar el paro y la movilización en marzo, para convertir esa unidad de acción en un impulso a la construcción de una central única de trabajadores en la provincia. No hubo respuesta y no podía haberla, ya que estos gremios tuvieron en marzo la actitud de firmar con los dirigentes de la CGT oficialista un documento en común contra las medidas de López Murphy que se encuadraba en la llamada «resistencia institucional» de Kirchner.


Entre las dos CGT hay en Santa Cruz una coincidencia fundamental: ambas son amigas del gobierno provincial. El sector «moyanista» ha quedado retrasado, ya que por una parte la CTA ha realizado elecciones consagrando a la lista Rosa y Negra, y ha tomado la iniciativa de la lucha en la provincia; y por otra parte, la CGT oficialista ha conformado (precisamente como respuesta a la elección de la CTA) un nuevo secretariado. Ahora se intenta construir un aparato de la CGT moyanista, que reproduzca la división nacional, con base en algunos gremios pequeños y carente de una estrategia, más allá del aparato mismo.


La UEJN de Santa Cruz se cuenta entre los gremios que orgullosamente, junto a los estudiantes, docentes, desocupados y organismos de derechos humanos, han venido organizando en Santa Cruz los actos del 24 de marzo. Ese día y el día del paro nacional, los dirigentes del sector moyanista no fueron a las movilizaciones, en Río Gallegos, y un pequeño grupo realizó un corte de ruta, sin participar de esa actividad al resto de las organizaciones.


La crisis del moyanismo en esta capital provincial se verifica una vez más en la ausencia a la convocatoria pública y personal que se realizó para organizar el acto del 1° de Mayo, al que, al parecer, siguen considerando como un día de fiesta. Esta última actitud es un retroceso incluso respecto al 1° de Mayo de 2000, en que participaron de un acto unitario.

 

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