16/07/2020

“Una hora de tu trabajo no es ni medio combo”: hablan trabajadoras de fast food

Empleadas de Burger King, KFC y Wendy´s relatan los maltratos y ajustes, y sobre la lucha que vienen dando.

El comienzo del aislamiento social preventivo y obligatorio debutó con una ofensiva por parte de las cadenas de comidas rápidas, destacadas en el mercado laboral por emplear principalmente a la juventud bajo condiciones de precarización extrema. Tras un acuerdo entre las empresas, el sindicato de Pasteleros y el Ministerio de Trabajo, los salarios fueron recortados a raíz de un 30%. Este ataque se ha ido profundizando conforme ha avanzado el tiempo, y el adeudamiento de sueldos, el no pago del aguinaldo, la liquidación de recibos con montos negativos para ser saldados a través del subsidio ATP (un mecanismo por el que se coloca a los trabajadores como “deudores de la empresa”), se han ido multiplicando.

En este contexto, entrevistamos a distintas trabajadoras de cadenas de comidas rápidas, que relatan no solo los atropellos al salario y el aguinaldo que se han intensificado durante la cuarentena, sino todos los abusos y maltratos que se padecen día a día.

El día a día y las condiciones laborales

“En el primer local que estuve se vendía mucho, y eran pocos los momentos donde había poca gente, por ende, estábamos a full todo el tiempo. El trabajo de comidas rápidas es muy estresante, así que no era raro incluso ver maltratos entre compañeros”, dice Analía* de Burger King. Y Juana, de la cadena KFC, apunta que trabajar ahí “es feo, por el trato, por las condiciones y por la competencia que la empresa genera entre sus trabajadores”.

Más allá de las distintas apreciaciones sobre el desgaste y el estrés que generan la precarización laboral entre compañeros de trabajo, todos marcan como factor común el maltrato por parte de los superiores, los gerentes y sobre todo la patronal, que así lo ordena. “Hoy día sufrimos el descuento de los ATP por parte de la empresa y del aguinaldo, así como el maltrato por parte de los superiores, las malas condiciones laborales, como la falta de elementos de seguridad previo a la pandemia y ahora peor, faltan medidas de precaución de contagio y nos hacen realizar tareas para las cuales no fuimos contratados”, relata la trabajadora citada de KFC. Mientras que la de Burger afirma que “es una explotación constante. Son muchas tareas que se realizan en un turno de 4 horas, sobre todo en el cierre del local. Hay que limpiar grasa caliente o aceite hirviendo con productos y químicos que, sin la protección correspondiente, literalmente te pueden quemar o cortar grave”.

Otra trabajadora de KFC detalla similares cuestiones, y agrega que “el descuento del ATP no se puede hacer, ya que en todo caso la deuda debería ser con Anses, no con la empresa. Además no respetan las licencias con goce de sueldo”. A su vez señala que “en mi local tenemos un gerente que es asqueroso con sus empleados, aparte de hablar sobre nuestro físico y agredirlo, hace chistes asquerosos a muchas de nuestras compañeras. Lo hemos hablado con Recursos Humanos y no hicieron nada al respecto”. En este mismo sentido Juana, también de KFC, añade que “en mis años trabajados para la empresa sufrí muchas situaciones de maltrato por parte de superiores, pero hay una en particular en que denuncié a un gerente por acoso ante el sindicato, y la única medida que tomó la empresa fue que el mismo no trabajara más en el mismo horario que yo. Hoy en día mis compañeras sufrieron acoso por parte del nuevo gerente y recientemente una fue obligada a encerrarse con él dentro de la gerencia para sufrir amenazas”.

Lo propio dice Analía de Burger, que subraya que “nos pasamos todo el día corriendo para entregar un pedido con los gerentes atrás tuyo, que si se levantaron de mal humor no les importa que seas una persona al igual que ellos, se descargan con vos, te gritan, hay casos en los que incluso se llegó a agresiones físicas. Y después de soportar todo esto, incluyendo muchas veces a clientes que también se olvidan que uno es un ser humano, llega el cansancio y darte cuenta que una hora de tu trabajo no es ni la mitad de lo que vale un combo de esa empresa multimillonaria”.

Y agrega que “los protocolos que prepararon para esta pandemia son absurdos. Te desinfectan los pies con agua y lavandina apenas entrás, te hacen firmar una hoja declarando que estás al tanto de con qué síntomas no te tenés que presentar a trabajar y de que tenés temperatura normal, te hacen lavarte las manos y cambiar de guantes ‘cada media hora’, pero si es un horario de alta venta no te van a dejar por ningún motivo abandonar el puesto para cumplirlo. Con la modalidad del delivery y take away que se hace directo al local, las entregas la están haciendo los trabajadores del local y a pie. Desprotegidos de la pandemia y de los accidentes que puedan ocurrir, llegando a casos donde hay delivery en locales que quedan sobre autopistas sin semáforo”.

La organización de los trabajadores y la respuesta de las empresas

“Cuando nos pagaron el aguinaldo y muchos chicos tenían sobregiros de hasta $40.000, decidimos hacer manifestaciones en la puerta de nuestro local hasta que nos den una respuesta, ya que nadie nos la dio. La reacción de la empresa fue amenazarnos con sanciones, con despedirnos. Nos trataron mucho de ignorantes, que no sabíamos lo que reclamábamos. También decidimos hacer cese de actividades laborales, a lo que nos dijeron que la empresa iba a entrar en quiebra por un cese laboral de una hora y media en cada turno, y que no nos iban a pagar nada, que tenemos que saber de leyes para reclamar, y a lo último, decidieron cerrar el local indefinidamente sin explicación alguna. Nuestro gerente nos mandó un mensaje por el grupo de whatsapp que tenemos del trabajo diciendo que el local cerraba definitivamente, nos eliminó a todos y nos bloqueó. Lo llamamos y no atendía nuestras llamadas, pero cuando sucede esto, decide hacer una reunión con los que el consideraba ‘no quilomberos’ y excluyó al resto, un acto de discriminación laboral”, dice una trabajadora de KFC. Y agrega que “el sindicato (Pasteleros) al comenzar todo esto no nos apoyó, gracias a todo lo que hicimos fue que logramos tener una reunión con los representantes de los dueños de KFC. Nos dijeron que no podíamos hacer cese de actividades, y al realizarlo nos dieron la espalda”. Juana de KFC añada que “la última vez que nos contactamos con el sindicato prácticamente nos dijeron que tendríamos que hablar con nuestros abogados particulares porque ellos ya no podían hacer nada. No nos sentimos defendidos”.

“Nosotros nos quejábamos de que nunca teníamos respuesta por parte de Recursos Humanos”, dice Florencia de Wendy’s. Sostiene que en su local “la gerencia miente con la información o nunca informa nada”. Y narra que “nosotros tomamos la medida de parar todo un día porque ya era muy tedioso el hecho de trabajar y que haya pasado más de un mes sin cobrar absolutamente nada. Sin contar que muchos locales ya estaban preparados con una especie de ‘revancha’, que era cerrar los locales en donde se tomaban firmemente medidas de lucha como el cese de horas. Hicimos un paro, y fue a base de ese paro que el sindicato nos dio espacio para hablar del tema junto a la empresa”.

Durante esa reunión, en la cual el sindicato de Pasteleros convocó a los trabajadores y la patronal, esta última se retiró de forma anticipada, por lo que recién allí los trabajadores pudieron tener una reunión con el sindicato exclusivamente, relata Florencia. “Les preguntamos qué medidas podíamos tomar. Nos dijeron que el paro no era algo correcto, porque nosotros no les dimos tiempo para que nos den una respuesta, y como no nos negaron una respuesta, no era correcto hacer paro. Nos respaldaron con un cese de algunas horas, que se llevaron a cabo en cuatro locales. Actualmente esos cuatro locales están cerrados. Los otros no están cerrados ni tampoco se cumplió el cese de horas, por el hecho de que fueron rogados por la empresa para no parar. La cuestión es que nosotros somos parte de los locales que menos venden, y ya desde antes pensaban en cerrar”, subraya. Pero añade también que “a los gerentes también los chantajearon: les han dicho que si el local cerraba por cese de horas, a ellos los echaban. Investigamos y finalmente no fue así: a dos de los gerentes de los cuatro locales cerrados los reubicaron. En cambio, nosotros como trabajadores no tenemos respuesta de ningún lado, nos comunicamos por todos los medios, nos evaden constantemente. Nos tienen a la deriva, sin saber si cierran el local, si nos echan o si nos reubican”. Finalmente, concluye en que “sabiendo que los demás locales quisieron adherirse, pero hubo insistencia de la empresa para que no lo hagan, llegamos a la conclusión de que quisieron aprovechar la medida de fuerza para preservar los locales de mayor venta y tener un argumento para cerrar los nuestros”.

Se puede ganar

Solo un día después de estos testimonios, los trabajadores de KFC y Wendy’s, cadenas del grupo Degasa, han obtenido una victoria parcial, ya que estas fueron instadas a reabrir los locales y pagar los salarios y aguinaldos en tiempo y forma. Esto es sin duda un logro conquistado a través del camino de la lucha. La unidad entre los trabajadores ha sido la pieza clave en este proceso, lo que explica como contrapartida el desgaste y la división interna a la que estas cadenas juegan permanentemente entre su propia planta laboral. No hay que dejar de advertir que ante la inmovilidad cómplice del sindicato, que solo ha actuado a la rastra de la iniciativa de los trabajadores, es esta última la que tiene la verdadera capacidad de arrancar una victoria definitiva.

*Todos los nombres fueron cambiados para resguardo de las entrevistadas. 

 

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