06/03/2020

Una muerte obrera cada 14 horas

La cara más cruel de un régimen en decadencia
candidato a secretario general del frente gráfico Naranja Bordó

El espacio “Basta de asesinatos laborales” difundió un informe según el cual durante 2019 hubo un trabajador fallecido cada 14 hs. mientras realizaba sus tareas.


"En esta ocasión se redobla el esfuerzo y el desafío: no sólo se relevaron con mayor exhaustividad los asesinatos, sino que se logró incluir buena parte de aquellos perpetrados sobre trabajadoras y trabajadores no formales, a la vez que se comenzó a trabajar con casos de enfermedades laborales", aseguró la organización en un comunicado.


A su vez señaló que “Tampoco existe prácticamente registro de las muertes por enfermedades laborales, cuando según la información y el conocimiento a nivel internacional, corresponden al 40% de los problemas de salud laboral”. Por lo tanto el número se queda corto.


La cifra es alarmante. Pero no casual. Hay que entenderla en el marco de un régimen de explotación en decadencia.


La desinversión en materia de seguridad e higiene por parte de las patronales tiene un fuerte apoyo no sólo en el aumento de rentabilidad, sino también en que los costos por trabajador accidentado o con algún tipo de enfermedad profesional fueron recortados por los sucesivos gobiernos. Es parte de una política de fondo que une a todos los que gobernaron hasta hoy: bajar los costos laborales. Desde las leyes de flexibilidad de los 90 hasta las sucesivas modificaciones a la ley de accidentes de trabajo. Hay que recordar que en 2012 CFK anuló la doble vía del reclamo indemnizatorio a pedido de las ART. En 2017 Macri incorporó instancias administrativas manejadas por las mismas ART para bloquear y desalentar los reclamos.


Una cuestión de Estado


No acaba ahí el problema. Bajar los costos laborales pos accidentes es un aspecto. Cuanto más barato es el accidente, menos son los “gastos” en prevención. El otro punto a destacar es que la mayoría de los mal llamados accidentes laborales son producto de la negligencia patronal, que no se circunscribe al área de seguridad e higiene. Los premios por presentismo, por producción, las jornadas laborales extensas, la reducción de los descansos, el recorte de las dotaciones, los salarios de pobreza, el clima carcelario de muchos lugares de trabajo son factores que inciden aumentando la probabilidad de accidentes. 


Frente a este cuadro de situación la burocracia sindical juega un rol clave. Es quien le garantiza a las patronales la superexplotación del trabajador. El caso más emblemático es el de los petroleros y sus constantes reformas laborales que se cobraron 8 víctimas en apenas meses. Sin embargo, es todo el arco burocrático quien firmó reformas a la baja de sus convenios.


Más que nunca está planteada la batalla por el control obrero en los lugares de trabajo. La puesta en pie de comisiones de seguridad e higiene integrada por trabajadores y con la potestad de detener la producción debe integrarse a la lucha por el la estabilidad laboral, el salario y las condiciones de trabajo. Para eso debemos luchar por una nueva dirección, clasista y de lucha, en el movimiento obrero. Frente a un gobierno entregado al capital financiero internacional, hay que batallar por la conquista de la independencia política de los trabajadores.



 

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