27/09/2020

Una paritaria que estremeció al Puerto de Buenos Aires

La lucha logró arrancar algunas reivindicaciones. Saquemos las conclusiones de este conflicto para ganar lo que falta.

La convulsiva paritaria del Puerto de Buenos Aires puso de relieve el descontento acumulado durante años por la base trabajadora, cuando las negociaciones de la dirección de la Fempinra (federación portuaria), a espaldas de los trabajadores, parieron un “acta-acuerdo” –solo 10% de aumento en julio y revisión en octubre- rechazada por todos los portuarios y superada con la lucha de estos. Luego de un largo conflicto, se acordó semanas atrás un incremento del 30% en cuotas.

Las operadoras venían de obtener una prórroga de las licitaciones y descuentos del gobierno en el cobro de las tasas de uso del puerto. A pesar de regentear un negocio dolarizado y de arrancarse los ojos por continuar en la explotación del puerto, insistían con el argumento de la crisis económica y la baja rentabilidad, sin abrir un solo libro contable que dé cuenta de sus supuestas pérdidas.

Una lucha desde las bases

Una reacción inmediata de la base de los compañeros del Supa (estibadores), que acudieron al sindicato para exigir que se abrieran las negociaciones a los trabajadores y se demandara un cronograma de ingreso a planta permanente de los tercerizados, sacudió la dinámica de las negociaciones y obligó a una medida de acción que se concretó con el paro de más de 48 horas del puerto. La medida fue levantada unilateral e inconsultamente por la directiva del Supa a cambio de un favor del Ministerio de Trabajo (reafirmarles la personería gremial) y de una “mesa de diálogo”, a la deriva, que se extendió durante largas semanas.

En el medio siguieron protagonizándose medidas de la base obrera por abajo, las cuales se extendieron a los compañeros apuntadores tercerizados de Liners, que protagonizaron un quite de colaboración.

Mientras la directiva del Supa se veía forzada a una situación de la que buscaba salir con alguna concesión de las patronales, por más mínima que fuera, la directiva de la Fempinra cascoteaba el conflicto por arriba, con comunicados propios de la patronal, atacando a propios y ajenos. Esto condujo a distintos amagues de nuevas acciones e incluso a una medida de fuerza, de poco poder de fuego, en horas de la madrugada, que fue levantada con una conciliación obligatoria dictada el 1° de septiembre.

Crisis en el puerto

Cuando el desgaste de una orientación vacilante golpeaba entre los trabajadores, una provocación montada por las patronales y el gobierno (con auxilio de Prefectura Naval), quebrantando descaradamente la conciliación obligatoria, reavivaba el conflicto, lanzando a los estibadores al paro y la permanencia en los portones de las empresas. Cuando la patronal quiso extender sus maniobras antisindicales a otros gremios, convocando primero personal ajeno para la estiba y luego apuntadores de otros puertos, el conflicto terminó por generalizarse en todo el Puerto de Buenos Aires.

En el medio las patronales enviaron patotas armadas para apretar a los trabajadores y se valieron de un megaesquema represivo para detener a decenas de trabajadores, activistas y representantes gremiales, privándolos de su libertad por días y judicializando el conflicto gremial.

Con el puerto paralizado, compañeros detenidos, ataque de patotas y la atención de los medios nacionales, la crisis no aguantó más y tuvieron que echar lastre. El acta de la burocracia de la Fempinra quedaba en el olvido y se firmaba un nuevo compromiso por un 30% en cuatro cuotas (10% julio, 5% octubre, 5% diciembre y 10% febrero) y un bono de $20.000 por trabajo esencial bajo la pandemia, como venía insistiendo la agrupación Naranja Portuaria.

En pendientes ha quedado el reclamo del personal tercerizado para una nueva “mesa de diálogo” y una cláusula de revisión para abril del 2021, de esas que las patronales vienen de pisotear.

Los 100 días de negociaciones paritarias también han dejado a la luz el contraste en los métodos de organización del conflicto. Mientras las direcciones de la Fempinra y el Supa velaron porque las discusiones no trasciendan a la base obrera, ni convocaron a discutir lo firmado, y se negaron sistemáticamente a unificar a todos los portuarios en una misma discusión y acción, la Naranja Portuaria perseveró por abrir el debate a todos los trabajadores, dando a conocer todas las novedades y reclamando asambleas intergremiales para unificar la lucha de todos los compañeros.

Tenemos por delante el desafío de sacar las conclusiones de esta gran pelea, para preparar las futuras contiendas que tenemos por delante, ante la amenaza de más ajuste en el puerto, la situación inconclusa de los compañeros tercerizados, el desprocesamiento de los trabajadores judicializados y la finalización de las licitaciones portuarias.