04/04/2002 | 748

Zanón: La planta produce bajo control obrero

En la fábrica, los 270 compañeros están divididos en tres grandes grupos: Ventas, Producción y Seguridad. Trabajan 8 horas en tres turnos de unas 70 u 80 personas cada uno, garantizando todo el proceso de fabricación de los cerámicos y el porcellanato. Otros 30 obreros están divididos en comisiones de seguridad, que no tienen la tarea de producir sino controlar el funcionamiento de las máquinas y el de la planta en general, incluyendo la recorrida de todo el predio durante la noche. Con el dinero que ingresa por ventas, se realizan «adelantos» semanales de un sueldo que se fijó en 800 pesos mensuales. Se ha discutido comenzar a separar una parte de la recaudación para destinarlo a la compra de los insumos, aunque por ahora hay material de reserva para trabajar 4 meses. Todas las resoluciones son tomadas por la Asamblea de trabajadores, que es el máximo órgano de conducción, existiendo una Comisión Interna compuesta por siete compañeros que representan a todos los sectores de la fábrica (hornos, esmaltado, pulido, ventas, seguridad, etc.), que puede tomar decisiones en función de hacer cumplir las resoluciones de la Asamblea.


Mientras que la organización de los trabajadores ceramistas está demostrando que no son necesarios los «jefes» ni los «patrones» para hacer producir una fábrica, los hermanos Zanón recurren a cualquier artilugio para recuperar el control de la planta.


Con la fábrica produciendo bajo control obrero, hay que reclamar al gobierno de Sobisch que se haga cargo de comprar a los trabajadores materiales para destinarlos a la obra pública.


No hay que descartar el sabotaje patronal


Sin poder recuperar la planta, los directivos de Zanón han apelado en la Corte Suprema el fallo del Juzgado Laboral que decretó el lock out patronal ofensivo y que fue confirmado por la Cámara de Apelaciones y el propio Tribunal Superior de Justicia de Neuquén. Este legaliza la ocupación y puesta en producción de la fábrica por sus trabajadores, que de esta manera ejercen una «autodefensa» de su sustento diario.


Pero la patronal y el gobierno de Sobisch siguen presionando por el desalojo. Por eso han puesto todas sus fichas en el Concurso de Acreedores que Zanón tramita en Buenos Aires y que, de aprobarse, daría la posibilidad a la patronal de recuperar la planta. En vez de estatizar la fábrica bajo control obrero y discutir con los trabajadores el cobro de sus créditos, la provincia de Neuquén participa con dos organismos en el comité de tres acreedores quirografarios (Iadep y Epen junto al Banco Interfinanzas), transformándose en la «dirección» de los 500 acreedores que quieren cobrarle a Zanón.


En este marco, no hay que descartar que la patronal intente un sabotaje. Luego de que la jueza rechazara el pedido de cortar el gas, considerando que los trabajadores, por el hecho de haber desempeñado allí sus tareas, están en condiciones de garantizar la seguridad de la planta, Frangella, uno de los directivos de Zanón, visitó sectores judiciales, políticos y económicos declarando públicamente que «está en riesgo la vida de los 100 operarios que ocupan la planta y partes aledañas al complejo» (La Mañana del Sur, 25/3).


Para ser más preciso, Frangella dice que «la planta operada en forma precaria, sin personal técnico calificado ni inspecciones de rigor desde los estamentos responsables, corre serios riesgos de sufrir una explosión» cuando se ha detectado «que desde hace más de ocho meses los hornos y demás maquinarias no reciben el mantenimiento adecuado» (ídem). El directivo amenazó con «que un corte de gas podría derivar en la explosión del horno que esté en funcionamiento con consecuencias imprevisibles» (ídem). Es decir que el problema no está planteado por el mantenimiento de los hornos sino por «un corte de gas», que sólo podría ocurrir fuera de la planta y por obra de quienes están interesados en derrotar a los trabajadores.


Las declaraciones del directivo de Zanón traen el recuerdo de lo sucedido con las 129 obreras que en huelga ocuparon la textil Kotton de Chicago, y que el 8 de marzo de 1908 fueron incineradas junto con la fábrica por la propia patronal.


Con los capitalistas no hay que descartar nada, por eso es importante rodear de solidaridad la lucha de los trabajadores de Zanón, colaborar con sus guardias y plantear que el gobierno se haga cargo de comprar los productos para destinarlos a obras públicas. La lucha se ha transformado en una causa popular.


La causa de los obreros de Zanón y las reivindicaciones del conjunto de los trabajadores ocupados y desocupados son incompatibles con la presencia de los gobiernos fondomonetaristas. Es necesaria una Asamblea Popular Regional que plantee una lucha unificada hasta que se vayan todos, que se vayan Sobisch y todos los gobernantes que defienden los intereses patronales.

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