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4 de agosto de 2019

Nota al pie de una solicitada macrista

“Decidimos votar la fórmula Macri – Miguel Pichetto y a Juntos por el Cambio sin por ello abandonar nuestras singularidades y el derecho a criticar aquellas decisiones que nos parezcan incorrectas”.

En La ideología alemana, Marx y Engels señalan que, a partir de que se separan el trabajo físico y el intelectual, “puede ya la conciencia imaginarse realmente que es algo más y algo distinto que la conciencia de la práctica existente, que representa realmente algo sin representar algo real; desde este instante, se halla la conciencia en condiciones de emanciparse del mundo y entregarse a la creación de la teoría ´pura´, de la teología ´pura´, la filosofía y la moral ´puras´, etc."

Esa parece ser una de las notas más redundantes en torno a la figura del intelectual, que replican los firmantes macristas. En el mundo emancipado de las ideas, el intelectual se figura autónomo, libre, independiente, sin lazos con la práctica social existente. Singular.

Su singularidad es la coartada sobre todo para mantener “el derecho a criticar aquellas decisiones que nos parezcan incorrectas”. Derecho del que se privan notoriamente en la misma solicitada salvo por el sencillo expediente de reconocer generalidades que no se definen (“tampoco estuvo exento de errores”, “aquellas cosas que se hicieron mal”). Pese a colocarse en las antípodas de un pasado al que no quieren volver, los intelectuales M replican el gesto de los intelectuales K cuando levantaban las banderas de su gobierno sin por eso dejar de incluir alguna (barroca) cláusula de distanciamiento (“los no siempre felices modos de construcción política del propio gobierno democrático”. Carta Abierta, n°1). Desde esa plataforma celeste, desde un más allá de la lucha de clases y de los intereses terrenales, el intelectual interviene en nombre de valores civilizatorios, republicanos o democráticos.

Se suele remontar el origen del concepto de intelectual al affaire Dreyfus, al menos en la tradición francesa. En 1898, Emile Zola acusaba al Estado francés desde las páginas de L’ Aurore. Ejercía su singularidad de novelista para comprometerse con la justa causa del capitán Alfred Dreyfus, víctima de una falsa denuncia de espionaje. Se señala menos que, años antes, tras la Comuna de París, justificaba la masacre en estos términos: “El baño de sangre que [el pueblo de París] acaba de recibir era quizá de una horrible necesidad para calmar algunas de sus fiebres. Ahora vais a verlo crecer en sabiduría y en esplendor”. Singularidades, ambigüedades, ambivalencias, tironeos, incoherencias, ¿ezquizofrenias?

El marxismo hace ya tiempo que demolió toda esa mitología de los intelectuales. Gramsci señala que la idea de intelectual tradicional, emancipado, contrasta con su función subordinada: “Los intelectuales son los ´empleados´del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político”. En el campo de la sociología, Pierre Bourdieu los caracteriza como “una fracción dominada de la clase dominante, que en razón de su posición estructuralmente ambigua está necesariamente obligada a mantener una relación ambivalente tanto con las fracciones dominantes de la clase dominante (los burgueses) como con las clases dominadas (el pueblo), y a hacerse una imagen ambigua de la propia función social". En Intelligentsia y socialismo, Trotsky apunta: “El trabajador intelectual es incomparablemente más libre físicamente. El escritor no está obligado a levantarse a toque de sirena, el médico no tiene un vigilante a sus espaldas, los bolsillos del abogado no sufren registro al salir del tribunal. Pero si no tienen que vender su fuerza de trabajo bruta, la tensión de sus músculos, en cambio se ven obligados a vender toda su personalidad humana, y no a través del temor sino de la conciencia. Y en conclusión, ellos mismos no quieren y no pueden, reconocer que su frac profesional no es más que un hábito de presidiario bien cortado."

Entonces, en tiempos en que la figura del intelectual comprometido se desfleca al parecer sin remedio, tropezamos con esta muy tardía reivindicación de una singularidad que imagina que no puede ser amenazada ni siquiera en el momento de mayor compromiso... con el poder, es decir, cuando firman una solicitada para “consolidar el rumbo” y manifestar que apuestan a un futuro de catástrofe.

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