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22 de agosto de 2019

Marvel censura sus críticas a Trump y el creador de “Maus” responde

El reconocido historietista Art Spiegelman retiró el texto mutilado y lo publicó en The Guardian, con críticas al presidente de la empresa.

El renombrado historietista de origen polaco Art Spiegelman, ganador del premio Pulitzer por la novela gráfica Maus (sobre el genocidio nazi), sufrió el coletazo de la política “anti política” de Marvel.

Con motivo de la nueva colección de Marvel Comics publicada por Folio Society, se le propuso al autor que redactara una introducción al compilado. Pero luego de la devolución de los editores, este decidió retirarla, ya que allí eliminaban la referencia de Spiegelman a Donald Trump como un “Cráneo Naranja” –en referencia al Cráneo Rojo, el villano fascista de Capitán América.

La colección “Marvel: The Golden Age 1939-1949” es una recopilación de varios de los números más icónicos de la editorial durante lo que se conoce como la Edad de Oro de los comics, y el ensayo de Spiegelman realiza un recorrido por la industria del comic durante esos primeros tumultuosos años de expansión, así como una reivindicación del rol político del comic moderno y en particular del de esa época.

Luego de que Marvel Comics justificase su accionar diciendo que la firma “buscaba ser apolítica”, Spiegelman publicó su texto en el medio británico The Guardian, bajo el título “Los superhéroes de la edad de oro fueron formados por el surgimiento del fascismo”.

La guerra y sus conjuraciones

En el texto, el autor recorre los primeros momentos del boom del género, los nervios previos a la salida de las publicaciones y el sistema de producción imperante en ese entonces, en el cual los comics eran “producidos por lo general a destajo, mientras se golpeaba un reloj con muchas manecillas (guionistas, dibujantes, entintadores y letristas), todos atacando las páginas originales casi simultáneamente” y “esto era más una pequeña industria que una forma de arte”.

Las primeras pequeñas editoriales utilizaban como mano de obra a los inmigrantes y jóvenes marginados del “sueño americano”, quienes aprendían del oficio del dibujante copiándose entre sí: “los jóvenes creadores judíos de los primeros superhéroes conjuraron míticos salvadores seculares, casi como dioses, para hacer frente a las amenazantes dislocaciones económicas que los rodearon en la gran depresión y dieron forma a sus premoniciones de una guerra mundial inminente”

Mientras ideaban a tales personajes, estos jóvenes -entre los que se cuentan Max Gaines, Jack Kirby, Stan Lee-, golpeados por los efectos de la Gran Depresión y el ascenso del antisemitismo posterior a la guerra y en las vísperas de otra por venir, tomaron identidades secretas al mejor estilo Clark Kent. Spiegelman los reivindica en su ensayo, refiriéndose a artistas como Jerry Siegel y Joe Shuster, marginados nerds que “desarrollaron su idea de un extraterrestre sobrehumano de un planeta moribundo que lucharía por la verdad, la justicia y los valores del New Deal del presidente Roosevelt” (en referencia a Superman), no solo recordados por su creación sino porque fueron un parámetro de los trágicos acuerdos leoninos que les esperaban a los historietistas con las productoras.
 

Sumado como un hito, que no puede faltar en la historia de Marvel de este período, está narrada la ansiedad por la publicación del primer número de Capitán América en marzo de 1941. Mientras Superman “seguía luchando contra pistolas baratas, rompehuelgas, terratenientes codiciosos y Lex Luthor, y Estados Unidos seguía dudando de entrar en conflicto”, y a un año de Pearl Harbor y de la campaña de Blietzkrieg sobre Londres por el nazismo, Jack Kirby (Jacob Kurtzberg) ideaba el primer número de un superhéroe vestido como la bandera norteamericana, atravesando los campos nazis para golpear a Hitler. Toda una posición política que velozmente se convirtió en parte de la campaña de reclutamiento yanqui. El ensayo habla sobre la ansiedad de la salida de la publicación, esperando que Hitler no muera antes de ver la luz, y la repercusión antisemita que originó contra la editorial.

El historietista concluye su introducción con un paralelo entre aquellos tiempos y el contexto actual, con el resurgimiento de posiciones fascistas en la primera plana del debate político actual: “Auschwitz e Hiroshima tienen más sentido como cataclismos oscuros de cómics que como eventos en nuestro mundo real. En el mundo real de hoy, el villano más infame del Capitán América, el Cráneo Rojo, está vivo en la pantalla y un Cráneo Naranja persigue a los Estados Unidos. El fascismo internacional vuelve a cobrar importancia (¡cuán rápido olvidamos los humanos, estudien estos cómics de la era dorada, muchachos y muchachas!). Y las dislocaciones que han seguido al colapso económico mundial de 2008 nos ayudaron a llegar a un punto en el que el planeta parece derretirse. El Armagedón parece de alguna manera plausible y todos nos convertimos en niños indefensos con miedo a las fuerzas más grandes de lo que podemos imaginar, buscando un respiro y respuestas en superhéroes volando a través de pantallas en nuestra capilla de los sueños”.

El texto de Spiegelman pareciera pasar más bien de largo frente al carácter imperialista del belicismo norteamericano, que tiene justamente al Capitán América como una de sus mayores encarnaciones en el género. Spiegelman menciona con justicia la masacre de Hiroshima y el carácter fascistizante del actual mandatario norteamericano, aunque pareciera coquetear con una suerte de reivindicación del Estados Unidos que entró a la Segunda Guerra, y para el cual Capitán América fue un elemento de reclutamiento de soldados. Pero así como el New Deal de Roosevelt, personificado en Superman, no logró sanar las heridas de la Gran Depresión, el imperialismo norteamericano de posguerra fue un azote para los pueblos del mundo y también fronteras adentro, con el reforzamiento de la segregación racial y la persecución anticomunista. Con todo, el ensayo ironiza a contrapelo de la historia oficial, cuando especula con que el fin de la edad de oro de los comics, a mediados de los ’50, podía deberse a que “los soldados norteamericanos, que ya no son una audiencia entusiasta y cautiva, pueden haberse dado cuenta de que no fue el Capitán América quien ganó la guerra. ¡Quizás fueron los rusos!”

No hagan olas

Marvel ha pasado a formar parte en estos años de Disney, como parte de la fuerte campaña de consolidación monopólica por parte de esta firma. Habiendo lanzado hace poco la fecha de estreno de su plataforma de streaming, retirando lentamente el contenido de otras plataformas, el monopolio del ratón está intentando garantizar cerrar acuerdos para con todos sus propiedades intelectuales. Existe una gran inquietud sobre los costos de esta ola expansiva, y con ella las grandes deudas que acarrean; solo con Fox, hubo un endeudamiento por 36 mil millones de dólares. El traspaso al formato de streaming, donde competirá en un mercado global sobresaturado que ya muestra síntomas de desgaste, es una burbuja de contenidos con riesgo a explotar, en el marco de la guerra comercial. Por lo pronto, en todas las industrias en que ha hecho pie, Disney desarrolló una política de recortes y despidos. Esta semana, fueron noticia los tejes y manejes de la disputa con Sony sobre la adquisición completa de Spiderman como propiedad de Disney, lo que pone en riesgo el plan de continuidad del universo cinematográfico de Marvel.

En ese contexto, uno de los motivos del pedido de Folio Society de mantenerse “apolítico” parece responder al intento de evitar cualquier controversia que pueda poner en duda alguno de todos estos acuerdos y que genere a los mercados más incertidumbre de la que ya hay.

Otro motivo también asoma en el final que Spiegelman da a su ensayo en la versión publicada en The Guardian: “me enteré de que el presidente multimillonario y ex CEO de Marvel Entertainment, Isaac "Ike" Perlmutter, es amigo desde hace mucho tiempo de Donald Trump; asesor no oficial e influyente y miembro del club de élite Mar-a-Lago del presidente en Palm Beach, Florida. Y Perlmutter y su esposa recientemente han donado $ 360,000 (el máximo permitido) al "Comité Conjunto de Recaudación de Fondos de Trump Victory" de Cráneo Naranja para 2020. También he tenido que aprender, una vez más, que todo es político... al igual que el Capitán América golpeando a Hitler en la mandíbula.”
 

 

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