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26 de agosto de 2019

España: los trabajadores de la low cost Ryanair vuelven a la huelga

Punta de lanza de paros en toda Europa

Con una adhesión del 90% de sus bases, los sindicatos USO (Unión Sindical Obrera) y SITCPLA (Sindicato Independiente de Tripulantes de Cabina de Pasajeros de Líneas Aéreas) resolvieron en asamblea convocar una huelga intermitente de diez días, todos los próximos viernes y domingos, a partir de septiembre, luego de conocerse la voluntad hasta ese momento secreta de la low cost irlandesa Ryanair de cerrar tres aeropuertos ubicados en las islas Canarias (Tenerife, Las Palmas y Lanzarote) y uno en Girona (Cataluña), lo que dejaría un saldo de 350 tripulantes de cabina y 150 pilotos en la calle. Los pilotos de la compañía, nucleados en el Sepla, también podrían plegarse a las medidas de huelga.

Los motivos por los cuales la empresa prepara un cierre son bastante inconsistentes. En la mesa de negociación del martes pasado, los voceros de Ryanair acusaron, por un lado, al gobierno español de que, a causa de la suba de combustibles, la rentabilidad del negocio aéreo se torna prácticamente imposible, siendo que la empresa culminó los últimos dos años con un balance más que positivo, superando año a año la venta de pasajes. Además, sólo en Girona, la secretaría catalana de Infraestructuras y Movilidad de la Generalitat, le aporta 3.5 millones de dólares al año. 

Por otro lado, apunta contra los trabajadores, arguyendo que, por su culpa, el control de calidad sobre los aviones es ahora más exhaustivo que antes, con lo cual la entrega de aviones “se demora más de lo necesario”. El cinismo aquí brota por doquier. Lo que sucedió fue que los trabajadores detectaron el estado deplorable de los aviones y alertaron sobre el peligro que representa viajar en ellos. Luego de estas denuncias, empezaron a existir reales controles de calidad, cosa que antes ni siquiera sucedía. En suma, los voceros patronales ponen en peligro a los usuarios al mismo tiempo que extorsionan a los trabajadores con la pérdida de sus puestos de trabajo.

Lo cierto es que Ryanair puso en acción un plan de recorte presupuestario en todos sus aeropuertos europeos. Siempre con argumentos igual de inconsistentes. Los aeropuertos de Irlanda (país que la compañía eligió como sede legal debido a su nivel de flexibilidad laboral) e Inglaterra estuvieron de huelga por tres semanas, también a causa de la amenaza de un posible cierre y de despidos masivos. La empresa le reprochaba al gobierno británico que un posible Brexit dañaría todo el negocio, a la vez que apuntaba contra los trabajadores, que en este caso se organizaban por mejoras salariales y exigían la repartición de horas entre pilotos, que excedían con creces las horas de vuelo reglamentarias. Sosteniendo además que los reclamos eran “simplemente un delirio”, el comunicado de la empresa vía Twitter decía que “Ryanair hace un llamado al sindicato FORSA y a sus pilotos irlandeses muy bien pagos, que vuelvan a la mediación”, mientras que un fallo judicial a su favor lograba levantar la huelga. En Inglaterra no corrieron la misma suerte, por lo cual se vieron obligados a ser ellos quienes se sienten a negociar con la patronal, llegando a un acuerdo mínimo. Finalmente, en el caso de Portugal, la empresa ofreció una mejora salarial, siempre y cuando se apruebe antes un recorte de casi la mitad del personal, poniendo presión sobre la espalda de los trabajadores, que debían elegir entre llegar a fin de mes o conservar el trabajo de sus compañeros. Ahora, los pilotos portugueses también se están organizando contra la empresa, pero de manera más que limitada ya que la burocracia sindical sofoca todo intento de organización. 

Los ejemplos mencionados hacen referencia a este año, ya que cabe recalcar que Ryanair sufrió huelgas también en 2018, en Irlanda, Suecia, Holanda, Bélgica y Alemania.

Ryanair busca flexibilizar aún más a sus trabajadores, con salarios mínimos, no pago de horas extras, anulación del derecho a huelga y un larguísimo etcétera. Caso contrario, despide masivamente y abandona el país.

La flexibilización laboral de las empresas low cost, consentida por los gobiernos, reclama la organización de los trabajadores en todo el mundo.

 

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