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2 de septiembre de 2019

In Hollywood…

Sobre la reseña publicada en Prensa Obrera de Érase una vez en Hollywood, de Quentin Tarantino.

Hola Prensa Obrera, leyendo vuestra reseña de Érase una vez en Hollywood la nueva película de Tarantino me decidí a verla, es decir, desembolsar $ 400.- en el cine por la entrada y me defraudé. La nota coincide con la crítica burguesa en que sería “el canto del cisne” de Tarantino, su legado a las generaciones futuras, quizá saben algo que los comunes desconocemos, ¿Se está muriendo Tarantino? ¿O es una estrategia de comunicación y la prensa se suma a la corte de difusores de esta película?

Tarantino tiene aura de gran cineasta por su dominio del lenguaje cinematográfico y las novedades de sus primeras películas, pero su maestría en el relato no lo hacen un maestro en esta película, considerando ésta su “última” obra, su legado. Menos si se lo compara con maestros como Fellini o Kurosawa (por sólo nombrar dos) y sus “testamentos” Intervista y Madadayo. 

Por el entusiasmo de los críticos y de la reseña de nuestra Prensa me ilusioné en que estaría frente a una obra nueva. Pero no. Releyendo me sorprende la levedad con que la nota se emparenta a la “crítica”: donde no encuentra palabras para definir el “contraste” entre el patrón y el amigo, tenía la posibilidad de llamarlo “conciliación de clases”, donde la amistad es la institución usada- como valor eterno- por sobre la lucha de clases, para justificar el humanismo de los autores. La neutralidad humanista de Tarantino, en caso del que hablamos. Y bandera en el arte pequeño burgués para correrse del asunto de fondo, la guerra de clases.

Al contrario de lo que dice la reseña, esta obra se emparenta directamente con Bastardos sin gloria, la sangre estalla como en cualquiera otra obra de Tarantino. Desde la primera a la última, pero aquí, además de Deux Machine-que nos rescata de grandes zonas de aburrimiento-, es recurso, recurso para vender entradas de este tanque de Hollywood. La única novedad es que la sangre está concentrada en poco tiempo. Y, ¿acaso en ambas películas no se erige Tarantino en el héroe que salva a la humanidad de los crímenes pasados, de los “malos”, haciendo justicia a-histórica con el diario del lunes? ¿Y ésta no es una acción romántica del artista y sus acólitos, y en tanto una posición política para no jugarse, no ya en su obra, sino en la vida por las cuestiones de fondo? ¿Un acto de redención de la humanidad mediante la negación de su pasado?

Vale ver esta película, pero se puede esperar un tiempo en que baje el precio de las entradas, no hay nada nuevo ni final en este Tarantino. En su dominio del lenguaje cinematográfico la dirección de actores es formidable, en ella descansa su obra, pero no hay nada nuevo en el decir, ni en qué dice.

Cordialmente,

Iván Moschner

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