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5 de septiembre de 2019

Un acampe piquetero que conmovió al país

Decenas de miles desafiaron la tregua. El operativo distraccionista de la “emergencia alimentaria”.

Desde la madrugada del miércoles hasta entrada la mañana de hoy se desplegó una de las más masivas y contundentes jornadas de lucha del movimiento piquetero independiente en el último período.

30 mil desocupados y desocupadas se concentraron desde las 6 de la mañana en los barrios de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano -donde se vienen desarrollando asambleas y empadronamientos cada vez más numerosas-, para movilizarse hacia el centro y desenvolver un corte en la avenida 9 de julio. Allí, el frente de lucha que integran el Polo Obrero, Barrios de Pie y otras numerosas organizaciones confluyó con el agrupamiento del Frente Popular Darío Santillán, FOL, FOB y MTD-Aníbal Verón, exigiendo frente al Ministerio de Desarrollo Social la reapertura de los programas sociales, la duplicación de sus montos y el otorgamiento de más y mejores alimentos para los comedores populares. La masividad del corte, que iba desde Avenida de Mayo hasta Belgrano, frustró a la policía avances represivos como los que vienen acometiendo en instancias previas.

La jornada representó un endurecimiento del plan de lucha que el frente de lucha viene desplegando, tras el corte de la autopista 25 de mayo días atrás, y respondió a la decisión del gobierno de romper esta semana la mesa de negociaciones, anunciando que no se iban a reabrir los programas pese a que la desocupación y la miseria asolan aún con mayor crudeza a las familias obreras luego del golpe de mercados.

La misma tesitura mantuvieron los funcionarios de segunda línea que hablaron a media tarde del miércoles con las y los referentes de la marea humana que copaba la 9 de julio (ya que Carolina Stanley nunca apareció). Los piqueteros respondieron con un corte en el Metrobús, que fue levantado ante las amenazas represivas y como un gesto de las organizaciones en función de recibir una nueva oferta del gobierno que nunca apareció, mientras los medios oficialistas falsificaban los hechos al decir que eran las organizaciones las que se negaban a negociar.

Con las asambleas barriales mostrando una gran voluntad de redoblar la medida, se montó el acampe frente al Ministerio, que por su concurrencia y tenacidad conmovió a todo el país: 10 mil desocupados le hicieron frente al frío con ollas populares y fogatas, y dieron un ejemplo de lucha a los millones que sufren las políticas de ajuste de los empleados del FMI.

Los piquetes, movilizaciones y acampes se replicaron en más de 20 provincias, con importantes concentraciones en Córdoba, Tucumán, Neuquén-Río Negro, Chaco, Misiones, Santa Fe y localidades del interior bonaerense como San Nicolás y Mar del Plata.

Por la mañana del jueves, cuando la jornada cumplía las 24 horas y comenzaban las movilizaciones de la docencia de paro, se marchó hacia la casa de Chubut en solidaridad con las maestras reprimidas por una patota, poniendo en práctica la orientación que viene defendiendo el Polo Obrero: la unidad de desocupados y ocupados, en un frente único por un paro activo de 36 horas, preparando el camino de la huelga general.

La conferencia de prensa que anunció el levantamiento del acampe anunció la profundización del plan de lucha, con un nuevo acampe, ahora por 48 horas, para la semana que viene.

Dos estrategias

Mientras se desplegaba el piquetazo frente al Ministerio, las organizaciones del Triunvirato Cayetano (CTEP, Barrios de Pie-Somos y la CCC) se concentraron frente al Congreso Nacional, aunque ya se sabía que el citado ministro Lacunza iba a pegar el faltazo.

El eje de la convocatoria fue la demanda de una ley de “emergencia alimentaria”, pese a que –como recordó el gobierno ajustador- esta ya está contemplada en dos leyes, la última sancionada en 2016, sin haber brindado solución alguna ante el empobrecimiento creciente de las familias. Se trata de una vía muerta, que busca enchalecar la bronca popular detrás de tratativas parlamentarias inciertas, conteniendo la lucha por las reivindicaciones más acuciantes en función de la votación en octubre de un peronismo que ya se ha comprometido a mantener el acuerdo con el FMI y a avanzar con las reformas flexibilizadoras que vienen con este. Al planteo suscribieron los intendentes pejotistas que aplican el ajuste en sus terruños bonaerenses y los diputados que vienen votando las leyes de ajuste, la CGT que no para ni que explote el mundo, la Iglesia de los pañuelos celestes, y hasta los explotadores de la Unión Industrial Argentina que reclaman la liquidación de los convenios. En esta sintonía se expresó una carta de la Mesa de Encuentro por el Trabajo y la Vida Digna, que integran todos estos sectores junto a las dos CTA y los patrones de estancia de Coninagro, Carbap y la Federación Agraria.

En oposición a ello, el llamado del Polo Obrero es al frente único de los desocupados alrededor de los tres puntos levantados por el acampe en 9 de Julio, y no a la espera de una ley inocua y de llegada incierta.

Si la movilización del triunvirato constituyó un operativo distraccionista, el hecho de que los sostenedores de la tregua con el gobierno deban salir a la calle muestra la presión que ejerce el enorme descontento popular (al día siguiente, fue la burocracia de Ctera la que se vio obligada a llamar un paro nacional, frente a la indignación generalizada que causaron los hechos chubutenses).

Sucede que, mientras se prende fuego el país, el gobierno y sus cómplices no pueden atender a los heridos que generó con sus políticas, las filas cada vez mayores de desocupados que en miles de casos no acceden ni siquiera a los miserables planes de 7 mil pesos. Por la organización de esta bronca que no para de crecer, el Polo Obrero apuesta a la profundización de los planes de lucha del frente piquetero independiente, y del sindicalismo combativo (que debatirá redoblar y ampliar las acciones de lucha este fin de semana), ligando las reivindicaciones inmediatas a una salida obrera a la crisis nacional.

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