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12 de septiembre de 2019 | #1564

[Editorial] Ensayan un pacto social antiobrero

“Fue una buena reunión, la CGT tiene ánimo conciliador”, resumió Carolina Stanley a la salida de la entrevista de los burócratas sindicales con ella y el ministro de Producción, Dante Sica. A todas luces, el objetivo de la reunión fue “encapsular el conflicto que algunas organizaciones sociales protagonizan en las calles como el Polo Obrero” (La Nación, 10/9). 

La CGT, que está garantizando la inmovilización del movimiento obrero ocupado, mete la mano en los reclamos de los desocupados para sacarlos de la calle y mejor garantizar la paz social de la transición, mientras pasa la devaluación, el agravamiento de la carestía y la recesión con su secuela de despidos y suspensiones. 

Los anuncios para ocupados y desocupados son maniobras para hacer pasar el golpe devaluador de salarios, jubilaciones y planes sociales: un posible bono de 5.000 pesos, otro de 1.000 para los planes sociales, nada para los jubilados y una tarjeta alimentaria para los despedidos recientes en blanco, que son un pequeño sector. Los planes sociales, se presume, aumentarían de 7.500 a 8.000 pesos en octubre y a 8.500 en noviembre, dos miserables cuotas de cinco kilos de pan o dos kilos de carne, cada una. Con la excusa de la emergencia social hacen correr el cepo al salario y las jubilaciones.

La inquietud por el conflicto social ha surgido de los descomunales piquetazos del plan de lucha de acampes del movimiento piquetero independiente, que el 28 de agosto coincidió con las organizaciones del trío San Cayetano, por un lado. Por otro, por el Chubutazo en el que derivó la semana pasada la enorme huelga general de docentes y estatales de esa provincia. Allí una pueblada de más de 40.000 personas en Comodoro Rivadavia fue la respuesta popular al accionar de una patota de la burocracia sindical petrolera “albertista”, en defensa del gobernador también albertista Mariano Arcioni, cuya administración atiende una deuda impagable, pero ha dejado de pagar salarios en fecha y desconoce sus propios acuerdos paritarios. En esa ocasión, el Sindicato Camionero paró 24 horas en solidaridad con la docencia y amenazó con otro de 72 horas si la patota no despejaba la ruta, cosa que finalmente ocurrió.

Esos dos sucesos, el acampe piquetero y el chubutazo, fueron el marco que disparó un paro nacional de ATE, otro de Ctera. Por su parte, un paro de dos seccionales combativas del Suteba derivó en un plenario multicolor y un paro de siete seccionales en consonancia con Conadu Histórica y ATE, superando el freno de Baradel .

Los bomberos de la CGT salieron prontos a ficcionar actividad para mejor garantizar la tregua -en la que están todos los sectores de la burocracia sindical tributarios de Alberto Fernández, incluyendo a Moyano, Yasky y compañía.

El ensayo del pacto social que se viene

Efectivamente, esta tregua de contención en la transición, mientras se ejecuta el costado social dramático del default, es una cuidada operación en conexión con el presidente virtualmente electo que viaja por España, Portugal y ahora México, para emular ajustes fondomonetaristas de otras latitudes, como el llamado “milagro portugués.

Nada de lo que está haciendo Macri deja de tener el guiño de Fernández, o al menos el silencio y, en último caso, la crítica, pero dejando hacer mientras los trabajadores no ganen la calle. La cuestión de la contención social actual para dejar el país preparado para el relevo, ha ganado el centro de la situación política. La fragilidad es extrema cuando arriba del deterioro de salarios jubilaciones, de los despidos y el hambre en las barriadas, se suma una clase media que tiene ahorros en el banco y se ha llevado al colchón 12.000 millones de dólares desde las Paso hasta ahora.

En este cuadro, la coalición de los Fernández y Sergio Massa no espera.

Por un lado, Massa, el eterno operador que garantizó las leyes del ajuste y el endeudamiento a Macri, ahora gestiona la sesión especial en Diputados y el apoyo oficial a los dos tercios para la “emergencia alimentaria”, de manera de parlamentarizar el reclamo de miles y miles en las calles con el objetivo de aislar al sector combativo.

Por otro lado, el tucumano Juan Manzur, gran operador de la liga de gobernadores albertista, gestionó en la ciudad histórica una reunión entre Héctor Daer, Miguel Acevedo (de la UIA) y el virtual presidente. El temario: el futuro pacto social que cancelaría todo aumento salarial y las paritarias por 180 días. Uno de los clásicos acuerdos bonapartistas de congelamiento de precios y salarios, donde los que seguro se congelan son los salarios con el concurso de la burocracia sindical.

Aquí está la clave de la vía portuguesa, cuyo corazón fue la rebaja nominal de salarios y jubilaciones en euros -que no es devaluable porque es una moneda común. En el caso argentino, los salarios arrancarían desvalorizados por la vía de la devaluación del peso. Para lo cual es imprescindible que el movimiento obrero no salga a recuperar en esta transición lo perdido este año y mucho menos, lo perdido el año pasado, dos enormes golpes.

Siempre pendientes del FMI

La fragilidad no es sólo social. La bomba financiera no ha detenido su reloj. Mientras se les niegan 140 millones de dólares a los desocupados, el gobierno gatilló 2.300 millones de dólares para el pago de una garantía crediticia en plena corrida contra las reservas, lo cual muestra en toda su monstruosidad el carácter socialmente criminal del endeudamiento y sus prioridades.

La suscripción desierta de las Letes disparó el comienzo del default. Pero eso se refiere a los vencimientos de corto plazo donde hay que cancelar capital e intereses. En cambio hay que seguir pagando intereses de otros tramos de deuda. Aún contando el ingreso vidrioso de los 5.400 millones de dólares del FMI “las estimaciones dan cuenta que al Tesoro le faltarán entre 350.000 y 450.000 millones de pesos para cerrar las cuentas hasta diciembre” (Ambito, 10/9). Esto se agrega al potencial hiperinflacionario de las famosas Leliq, cuya tasa ascendió al sideral 86% anual, una tasa demencial que agrava cada día la recesión económica.

Como se aprecia, el comienzo del default no ha eliminado la dependencia del FMI, al que le irán a rogar el ministro de Hacienda Hernán Lacunza y Macri, cada uno a su turno, en próximos viajes a Estados Unidos, pero todo parece indicar que su amigo Donald Trump esta vez dejará de garpe a la estrella de la derecha latinoamericana en desgracia.

La brecha entre el dólar oficial logrado con el cepo mayorista de un 10% con el dólar paralelo se estiró al 15% en nuevos curros como el “rulo” y otros como el “contado con liqui”, el viejo negociado de los capitalistas bajo el kirchnerismo. Estas brechas expresan nuevas tensiones devaluatorias. Por otro lado, la compra de bonos de la deuda a precio basura que estarían en el precio ideal para la quita prevista del default, origina otro negociado de buitres siempre atentos. La cuestión de la ruptura con el régimen del FMI cobra cada día más vigencia.

Ni tregua ni pacto social, paro activo y plan de lucha nacional

El Fondo ha dilatado sus tiempos para negociar directamente toda la reestructuración de deuda con el nuevo gobierno. Ahí la agenda de la reforma laboral y previsional volverá al centro de la escena en medio del pacto social.

Los trabajadores tenemos necesidad de luchar hoy para llegar a fin de mes. Pero la lucha de hoy nos prepara además para llegar en pie a los desafíos inmensos que planteará la etapa que se abre con el gobierno de Fernández.

El trabajo de lucha política consciente en la vanguardia obrera es central. Clarificar sobre el contenido del pacto social que están pergeñando, fijar las consignas precisas motoras de los movimientos de lucha: reapertura de paritarias, aumento del salario mínimo a 35.000 pesos, actualización por inflación, duplicación del monto de los planes sociales y apertura a los nuevos desocupados, prohibición de despidos y suspensiones, ocupación y continuidad productiva garantizada por el Estado de toda empresa que cierre; paro activo nacional de 36 horas y plan de lucha a partir de asambleas fabriles y sindicales que mandaten un congreso de todos los sindicatos y centrales y de ocupados y desocupados.

Es la perspectiva de la irrupción de los trabajadores en la situación política. Cada lucha parcial toma un contenido estratégico bajo estos objetivos que es lo que debatirá en su programa y en sus iniciativas la reunión nacional convocada por el Plenario Sindical Combativo en el Sutna Pilar.

La campaña electoral del Partido Obrero y del Frente de Izquierda adquiere en estas condiciones una importancia mayúscula. No sólo porque está al servicio de impulsar las luchas en curso, sino también porque es un instrumento para luchar contra todas las fuerzas patronales, y en especial para separar a las masas y a sus sectores más activos del nacionalismo burgués y agruparlos en un polo político independiente. La votación que logre el Frente de Izquierda y sus conquistas parlamentarias serán un termómetro del nivel alcanzado por la vanguardia obrera y popular y serán de utilidad indudable para enfrentar la experiencia de un nuevo gobierno peronista-kirchnerista.

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