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16 de septiembre de 2019

Testimonios de luchadoras en el acampe piquetero

El dolor de la desocupación, la organización y la camaradería

“Yo trabajaba en los servicios de limpieza para un banco, tenía once años de antigüedad. Pero hace dos años y medio me echaron, junto a otras personas. Entonces decidí organizarme con el Polo Obrero, que siempre defiende a los trabajadores”: así describe sus primeros pasos en el movimiento piquetero Valeria, de 39 años, que vive en la Villa 20 del barrio porteño de Villa Lugano y tiene cinco hijos. “Me separé del padre de mis hijos y quedaron chiquitos conmigo y tenía que laburar sí o sí, para poder llevarlos a estudiar y vestirlos a todos”, cuenta.

Mientras sigue movilizándose con el Polo, busca trabajo, “aunque todo lo que conseguí fueron empleos en negro y no fueron seguros. Fueron por tiempo, cuidando personas mayores en clínicas, o en los hospitales”. Valeria cuenta que “gracias al Polo salí, también, psicológicamente. Pasé por una depresión, porque no tenía para pagar la luz ni para darle de comer a mis hijos. Ahora hablo con mis compañeras que pasaron lo mismo que yo, que son explotadas completamente por los patrones y ahora casi todas se quedaron sin trabajo, hasta las que estaban en negro”.

 

Trabajo doméstico, abusos y superexplotación

Angélica, de 33 años, vive en el Playón de Chacarita y se acercó hace un año al Polo, ante la “imposibilidad de mantener a mis hijos chiquitos”. Antes trabajaba seis horas todos los días, como niñera y haciendo tareas de limpieza; con los 100 pesos que le pagaban por día, le alcanzaba “para un pollo, un kilo de arroz y el pasaje del colectivo”. Su patrona la echó luego de pedirle un aumento.

Desde entonces, con “la plata que traía mi marido no nos abastecía porque debíamos pagar alquiler, los gastos de los alimentos y eso. El Polo me abrió las puertas para poder traer algo más a mi casa”. Angélica destaca que “dentro del Polo Obrero hay mucho compañerismo, mucha unión. Estuve en otras organizaciones pero hay muchas en donde solo participan para ellos. En el Polo hay consideración y no se deja sin comer a nadie.”

 

La falsa urbanización y la expulsión de los pobres de la Ciudad

Saira también vive en el Playón de Chacarita, tiene 26 años. Pese a que actualmente tiene trabajo, “el salario que tengo es mínimo, no me alcanza. Entre el aumento de la carne, la leche para los chicos, el pasaje, es todo un presupuesto”. Hace 10 años se vino desde Perú; donde “los trabajos son en negro y tampoco alcanza el dinero”. Sobre la situación del Playón, dice que “hoy vivo en un barrio que dicen urbanizar, que por un lado es bueno, pero por otro lado mucha gente se va a quedar en la calle, no tienen trabajo seguro para pagar un alquiler ni un préstamo del banco para las casas nuevas”.

 

La juventud de los barrios, sin acceso a la universidad

Belén tiene 21 años. Es del Barrio Los Álamos (ubicado en el kilómetro 35 de La Matanza) y tiene siete hermanos. Trabaja dos veces por semana, de limpieza en casa de familia, donde le pagan 120 pesos la hora y trabaja a una hora de distancia. Su mamá también trabaja, pero igual no les alcanza. Se acercó al Polo en diciembre pasado, “por la ayuda y porque me interesaba la política”.

Dice que le gustaría ser abogada o nutricionista, pero “cuando terminé el secundario no pude seguir la carrera universitaria, porque mis viejos no podían pagarme los libros”.

 

La necesidad y la droga en los barrios

Tamara tiene cuatro hijos y le gustaría tener un trabajo, ya que no le alcanza con el programa social que cobra a través de una cooperativa –“cobramos 7 mil 500 pesos, cuando un alquiler vale 7 mil”- y la asignación universal por hijo. Sus hermanos y su mamá la ayudan, “pero se hace difícil”. Con 29 años, “nunca tuve trabajo fijo, siempre trabajé de limpieza con un sueldo en negro y una paga de 100 pesos por día”.

Cuenta que “hoy en el Polo participo en un merendero” de su barrio Los Ceibos. “Nos gusta ayudar a los chicos, aunque cada día vienen más. Hay mucha necesidad”. También, dice preocupada, “hay mucha droga, paco. Hace dos meses murió un pibe de 10 años, que era víctima del paco y lo chocó un camión porque le quiso robar”. Busca cuidar de esta situación a sus hijos, que “me ayudan con los chicos del comedor”.

 

La conciencia de lucha colectiva

Mary tiene 43 años y es de Longchamps, en el partido bonaerense de Almirante Brown. Trabajó durante años en limpieza por pagas bajísimas, pero “después de eso no pude conseguir trabajo porque te piden secundario para un trabajo estable, y recién ahora lo estoy terminando. No pude terminarlo antes porque siempre viví con lo justo y mis padres no tenían dinero para llevarme al colegio”.

Desde hace cuatro años está en el Polo. Primero se movilizó por mercadería, cuando se quedó sin trabajo, “porque no tenía nada y tengo cuatro chicos”. Y a partir de allí “empecé a militar, vi que en mi barrio había muchas necesidades y hoy vengo por mis compañeros. Hoy el Polo Obrero para mí es luchar por la gente que lo necesita y sentir que la necesidad ajena es propia”.

Hacia el Encuentro Nacional de Mujeres

Con estas inmensas compañeras nos preparamos para viajar el próximo Encuentro Nacional de Mujeres en La Plata. Durante el acampe realizamos una multitudinaria asamblea de mujeres piqueteras para organizarnos en todos los barrios, por todas las reivindicaciones pendientes y de manera independiente de los gobiernos ajustadores.

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