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23 de septiembre de 2019

Las protestas desafían a la dictadura egipcia

El viernes y sábado pasados hubo protestas en las principales ciudades de Egipto (El Cairo, Alejandría y Suez, entre otras) contra el régimen de Al Sisi. Si bien fueron pequeñas, su significación política se amplía porque desafían una brutal dictadura militar que tiene decenas de miles de presos políticos y practica –a lo Videla- la desaparición y tortura sistemática en centros de detención. La represión a las protestas dejó casi 300 detenidos.

Las manifestaciones, que levantaron la consigna “Al Sisi vete”, expresan el malestar popular creciente frente a un gobierno que impuso aumentos en los productos de primera necesidad, mantiene a un tercio de la población en la pobreza (con menos de 1,40 dólares diarios) y aplica las políticas de ajuste del FMI.

Las marchas, de todos modos, tuvieron como principal promotor al empresario Mohamed Alí, un contratista que se exilió en Barcelona tras denunciar el no pago de algunas de sus obras. Alí es también youtuber y productor cinematográfico, lo que influyó en que la convocatoria tuviera una gran circulación por las redes sociales.

Al Sisi puso en pie un régimen contrarrevolucionario que tiene en su vértice a las Fuerzas Armadas. Desde 2013, año del golpe de Estado, el peso de éstas en la economía se ha acrecentado. Actualmente poseen la mayoría de los contratos de construcción y estaciones de servicio, plantas farmacéuticas, pesqueras y abundante cantidad de tierras (El País, 2/11/16).

Al Sisi ha llevado adelante, con financiamiento extranjero, una serie de proyectos faraónicos (una ampliación del Canal de Suez y una nueva capital en medio del desierto) y se ha visto beneficiado por una recuperación del turismo, que es clave para la economía egipcia (10% del PBI).

Pero a la vez, la dictadura es apoyada por el imperialismo. Trump llamó recientemente a Al Sisi “mi dictador favorito”. Las compañías europeas, por su parte, han desarrollado un interés creciente por los proyectos gasíferos en el Mediterráneo oriental. Para la Unión Europea, el desarrollo de estos proyectos sería una alternativa al gas ruso. Cuenta, a su vez, con el financiamiento de la monarquía saudita, a la que le entregó dos islas importantes sobre el Mar Rojo.

Desde el punto de vista político, Al Sisi ha barrido con la oposición (que cuenta con una quincena de diputados en un parlamento de casi 600), buena parte de la cual se encuentra ilegalizada, y se reeligió con el 97% de los votos el año pasado en una parodia de elecciones. Este año, procedió a una reforma constitucional que amplía el mandato presidencial y su influencia en la designación de jueces.

Esta avanzada de Al Sisi habría desatado las primeras fisuras en el aparato militar. Algunos medios indican que las protestas habrían sido respaldadas por un sector desplazado de las Fuerzas Armadas, como el Frente de Oficiales de Egipto (sector que se proclama leal a Sami Anan, un general que fue arrestado tras intentar competir contra Al Sisi en las últimas elecciones).

El régimen de Al Sisi impuso un desenlace contrarrevolucionario a la primavera árabe de 2011. Aquel año, las movilizaciones de millones voltearon al régimen de Hosni Mubarak. Luego, tuvo lugar un desvío que llevó al poder por la vía electoral a los Hermanos Musulmanes (con Mohamed Morsi al frente, quien falleció hace algunas semanas en prisión). Este gobierno fue derrocado en 2013, en medio de represiones sangrientas de las Fuerzas Armadas contra las manifestaciones antigolpistas que dejaron casi mil muertos.

Las nuevas protestas en Egipto se inscriben en el proceso de levantamientos de Argelia y Sudán, que marcan el desarrollo de una segunda primavera árabe.

 

 

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