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24 de septiembre de 2019

La ONU, la crisis climática y la falacia de un capitalismo verde

El alegato de Greta Thunberg

“No tendría que estar aquí, tendría que estar en el colegio al otro lado del océano. Me han robado mis sueños, mi esperanza con sus palabras vacías. De lo único que hablan es de dinero y nos cuentan historias sobre el crecimiento económico perpetuo. ¿Cómo se atreven?”

Con esas palabras, Greta Thunberg cuestionó a los presidentes, ministros, gobernadores, alcaldes y empresarios que participan de la Cumbre sobre la Acción Climática de la ONU. Como se ve, la joven sueca de 16 años no dio un discurso de ocasión, de compromiso, sino un alegato contra la inacción de los Estados ante un creciente calentamiento global. “Los jóvenes están empezando a comprender su traición”, desafió a los presentes aludiendo a las inmensas movilizaciones que se realizaron en más de 150 países. “El mundo está despertando y se avecinan cambios, les guste o no”.

El tono desafiante de la activista es lo que ha captado la atención de millares de jóvenes en todo el planeta, que han reproducido la modalidad de las huelgas estudiantiles para movilizar a los parlamentos a reclamar medidas contra el cambio climático y la depredación ambiental. Luego del verano europeo más caluroso de la historia, estas movilizaciones cobraron un carácter de masas.

Lo interesante del planteo de Greta es que expresa cierta experiencia recorrida en torno a los pactos y protocolos internacionales, que nada aportaron a detener las emisiones de gases que generan efecto invernadero y el calentamiento global. Manifiesta una desconfianza en los gobiernos. De hecho, el informe presentado por las organizaciones de científicos a esta cumbre implica un balance lapidario del Acuerdo de París, firmado en 2015, porque en los últimos cuatro años se registró un incremento récord en la emisión de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero.

La ONU, como epicentro de las negociaciones entre las principales potencias, es un cónclave imperialista, cuya Asamblea se apresta a tratar una agenda dominada por los choques militares, la guerra comercial y la crisis mundial. Entre otros puntos, los mandatarios se reunirán para discutir sanciones a Venezuela, presiones a Irán, el empantanamiento militar en Afganistán, la disputa EEUU-China, el drama del Brexit y las tendencias a la recesión económica global. Este temario alcanza para mostrar la contraposición entre el anhelo de millones de jóvenes que se movilizan para exigir medidas para atender la crisis climática, y las preocupaciones de las potencias imperialistas ante una crisis capitalista que agudiza los choques. La perspectiva de acuerdos productivos de gran alcance aparece cada vez como más lejana al cuadro internacional.

Consciente de este panorama, el secretario general de la ONU, António Gutierres, ha dado a la cumbre sobre la Acción Climática otro carácter que el que tuvieron las convenciones que se reunieron en 1992 en Río de Janeiro, luego en Kyoto en 1997 y por último en París en 2015. En este caso invitó no solo a los jefes de Estado, sino también a grandes empresas. Con este hecho buscan mostrar una ruta alternativa al fracaso de los objetivos a que se habían comprometido los 200 países firmantes del último acuerdo (reducir las emisiones un 45% hacia 2030 y la neutralidad para 2050). La nueva modalidad apunta a bregar por facilidades financieras a las empresas que adopten un curso productivo sustentable.

En esa línea, los medios del mundo destacan el compromiso de 92 grandes empresas y de 130 bancos para favorecer el desarrollo sostenible. Es un lobby que tiene entre sus voceros a empresarios como Bill Gates. Un sector del capital intenta así mostrarse como una vía para lograr erradicar la depredación ambiental, por medio de mecanismos clásicamente capitalistas. Pero la economía mundial se estanca a pesar de que un tercio de la deuda tiene tasas negativas, lo cual cuestiona de plano este programa. El capitalismo en su fase monopolista no atenúa sino que agudiza la anarquía productiva y las disputas comerciales, y en su decadencia histórica el capitalismo se vale del progreso tecnológico para profundizar la explotación del trabajo y de los recursos naturales.

El viernes 27 volverán a desarrollarse movilizaciones en todo el planeta, incluida la Argentina, en el marco de una nueva jornada de la huelga internacional por el clima. Desde el Partido Obrero intervendremos enérgicamente para colaborar a agotar una experiencia política de la juventud con la ONU y las promesas empresarias, planteando la necesidad de que la pelea contra la depredación ambiental y la crisis climática solo puede progresar contra el imperialismo y el capital.

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