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26 de septiembre de 2019 | #1566

La “CGT del pacto social” y la jornada nacional de lucha de ocupados y desocupados

La “CGT del pacto social” y la jornada nacional de lucha de ocupados y desocupados

El acto en la Plaza de Mayo fue una caja de resonancia de las luchas que hoy recorren al movimiento obrero. Foto: Ojo Obrero Fotografía

La jornada nacional de lucha de trabajadores ocupados y desocupados -surgida del plenario de Pilar, que incluyó cortes, movilizaciones y actos en veinte provincias y un paro de los Suteba multicolor de fuerte acatamiento- fue un éxito. 

La cobertura que los medios dieron a los cortes y a la marcha posterior -desde el edificio de la UIA a Plaza de Mayo- fue un registro de esto y, visto con una óptica más amplia, de la importancia del reagrupamiento que se gestó en el escenario actual. 

En primer lugar, por la confluencia de sindicatos y comisiones internas: el Sutna, AGD-UBA, la Unión Ferroviaria de Oeste, Ademys, la Cicop y los Suteba, con una parte sustancial del Frente de Lucha Piquetero: Polo Obrero, MTR 12 de Abril, Cuba-MTR.

El acto en la Plaza de Mayo fue además una caja de resonancia de las luchas que hoy recorren al movimiento obrero, contra los cierres de fábricas, por paritarias y la rebelión de Chubut, que no cesa. Dieron su saludo los papeleros de Ansabo y los madereros despedidos de Egger Concordia.

El segundo aspecto, el más importante, es que la jornada de lucha fue resuelta luego de un amplio debate, que confrontó posiciones y planteos divergentes sobre la orientación que corresponde desenvolver. Finalmente, la declaración que se aprobó y, con sus matices, las distintas intervenciones en el acto, trazaron una perspectiva antagónica al peronismo y a todas las variantes de la burocracia sindical.
Y la base de esa delimitación es un programa que combina el reclamo por el salario, los puestos de trabajo, la asistencia social y otras reivindicaciones inmediatas, con medidas de fondo como la ruptura con el FMI y la nacionalización de la banca. 

Es decir que la jornada de movilización del martes fue la expresión de un campo político independiente de la clase obrera, que choca con la orientación estratégica de la burguesía y las burocracias sindicales que le tributan, para toda la etapa que se abre. 

El llamado a abandonar la calles de Alberto Fernández se coloca en la misma sintonía que la calificación de “sedición” a la jornada del 24 por parte del ministro Germán Garavano, las imputaciones penales a “Chiquito” Belliboni y Oscar Kuperman, así como  el pedido de cárcel para los dirigentes de izquierda por parte de Hebe de Bonafini: la otra cara de la unidad nacional en torno del pacto social es la represión a los sectores combativos.

La CGT del pacto social

La jornada de lucha  marcó un duro contraste con la reunión que el mismo día se realizó en la sede de UPCN, donde los jefes de las distintas “familias” sindicales empezaron a sellar un pacto para la reunificación de la CGT el año próximo: un paso necesario para dar solidez al pacto social que pergeñan los Fernández. 

El pacto social será el recurso para consolidar el deterioro salarial y avanzar con las reformas estructurales que Macri sólo llegó a delinear. La modificación de los convenios colectivos según el modelo Vaca Muerta que reivindicó Alberto Fernández, ya se cobró una decena de vidas de petroleros.    

El cónclave fue organizado por Hugo Moyano y Héctor Daer por expresa indicación de Alberto Fernández. Entre otros, participaron Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (Uocra), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Antonio Caló (UOM); Roberto Fernández (UTA), Omar Plaini (Canillitas), Juan Pablo Brey (Aeronavegantes), Raúl Durdos (Somu), Mario Manrique, de Smata, y Armando Cavalieri (Comercio): la flor y nata de la burocracia sindical argentina.

Algunos ausentes, como el ferroviario Sergio Sassia y el taxista Omar Viviani, hicieron saber su disposición a sumarse. La Uatre, de Ramón Ayala, aún encolumnado con Cambiemos, mantiene un diálogo discreto con Hugo Moyano y también tendrá, seguramente, su sillón.   

La negociación es contrarreloj. "Alberto asume en diciembre y agosto queda lejos", explicaron. Es claro que el acompañamiento del pacto social requiere cerrar el paquete completo de la reunificación  sin demora. 

Lo que se transmitió es que se está avanzando en el criterio “sobre formatos y plazos” pero, obviamente, los puntos críticos son otros. La secretaría general, desde ya. El paraguas del “albertismo”, bajo el que se cobijan todos, no anula las internas y luchas por espacios de poder de cada fracción. Esa puja se expresa también en otra negociación clave: Alberto Fernández prometió devolver a Trabajo el rango de ministerio y el manejo de la Seguridad Social. 

Uno de los nombres que más suena en estas horas para la cartera es Claudio Moroni, que pasó entre otros puestos por la Superintendencia de Servicios de Salud, con el menemismo y luego otra vez con los K; es, además, quien está escribiendo la letra chica del “acuerdo de precios y salarios” -es decir del congelamiento de las paritarias- que sería la viga maestra del pacto social. 

A los pactos y “roscas” de la burocracia, para maniatar al movimiento obrero, le oponemos la deliberación y la acción independiente de las bases. 

¡Por una nueva dirección, clasista y combativa! ¡Luchemos por un congreso de delegados de bases de todos los gremios para votar un plan de lucha y un programa obrero de salida a la crisis! ¡Abajo el pacto social! ¡Que la crisis la paguen los capitalistas! 
 

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