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30 de septiembre de 2019

Alberto Fernández: ajuste a la “uruguaya”

Ante 450 empresarios en Córdoba reunidos por la Fundación Mediterránea, Alberto Fernández ratificó el pacto social con congelamiento de salarios y precios, es decir, suspensión de paritarias en el medio de un creciente aumento de los precios (todavía no se trasladó al comercio minorista el aumento de los precios mayoristas del 11,4%) y declaró su voluntad de pagar la deuda contraída por el gobierno de Macri.

La noticia es que Fernández adelantó que se inclina por una renegociación de la deuda “a la uruguaya”. Tres días después en Bariloche en el cierre de la 40ª Convención del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) los funcionarios que acompañaron al ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, declararon que “hay consenso sobre el enfoque de Alberto Fernández de encarar una renegociación de la deuda ´a la uruguaya´” (La Nación, 28/9). No sorprende la coincidencia, dado que el fracasado “reperfilamiento” está en la misma sintonía.

¿Qué es la salida “a la uruguaya”?

En mayo de 2003 Uruguay, durante el gobierno de Jorge Battle, logró la reestructuración “amistosa” del 40 por ciento de su deuda externa e interna, cuyo total tenía un volumen prácticamente equivalente a un año de su Producto. Esa renegociación significó una postergación de 5 años en el pago del capital que vencía, pero mientras tanto se seguían pagando regularmente los intereses. Es decir, se pagaba el total de la deuda sin ninguna quita en un plazo más prolongado y, obviamente, con intereses.

El acuerdo se considera “amistoso” porque los acreedores (el 95%) acordaron voluntariamente. Pero para el pueblo uruguayo no tuvo nada de amistoso, ya que la condición que pusieron es que el país tendría que alcanzar un superávit cercano al 4% del PBI, a costa de un ajuste descomunal. Los salarios estatales se congelaron durante varios años e incluso como no fue suficiente, llegó a haber reducciones del 10% sobre el salario nominal. De entrada y de un saque, hubo una mega devaluación del 80%. El dólar pasó de 18 a 32 pesos. La confiscación llegó al bolsillo de los asalariados tanto públicos como privados mientras tenían lugar podas en el gasto social, en educación, salud y en materia jubilatoria.

Esta propuesta ha despertado el entusiasmo de algunos fondos de inversión. Se dice, incluso, que Alberto Fernández habría terminado de elaborar la propuesta en consulta con varios de ellos. El entusiasmo se explica porque dichos fondos tienen colocado sumas importantes en títulos y pretenden salir indemnes con las inversiones que realizaron.

Pero hay voces, en el propio mundo financiero y empresario, que pone en duda que esto sea suficiente para que las cuentas cierren. Uno de los cuestionamientos principales proviene del propio FMI quien señala que con ese esquema se coloca en tela de juicio la capacidad de la Argentina de devolverle los fondos que dicha entidad desembolsó. Los funcionarios del Fondo abogan por una quita. En el caso ucraniano, una de las renegociaciones más recientes, el FMI intervino activamente en un acuerdo que incluyó una poda del 20% del capital. Pero incluso en este caso, estaríamos ante un rescate de la deuda, si tenemos presente que, en la actualidad, los títulos argentinos se cotizan al 45 o 50% de su valor nominal. Una vez más sería un negocio fabuloso para fondos buitres que especulan con esta cartera de bonos depreciados.

El consenso del que hablan los funcionarios de Lacunza está asentado más sobre una expresión de deseos que en la realidad. Daniel Artana, referente de Fiel, señaló que “esto (el pago de los intereses), si uno suma los intereses que se pagan al sector privado y a los organismos multilaterales, requeriría para la Argentina pagar U$S 11.000 millones de intereses el año que viene y los siguientes. El gobierno debería decir, en caso de hacer la propuesta, de dónde va a sacar los 11.000 millones de dólares en los primeros años. Ahí aparecen las dudas".

A su vez, Miguel Zielonka, de Econviews, le dijo a El Cronista que “es una buena intención” pero “para ser creíble una propuesta en esa línea debe mostrar un programa fiscal con un superávit primario aun mayor que lo que habíamos comprometido al Fondo (1% del PBI)”.

“Si solo se estiran los plazos y no hay quita, es un acuerdo muy normal y una buena noticia para los mercados”, sostiene el gerente de Desarrollo de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Claudio Zuchovicki, lo cual es una verdad de Perogrullo ya que bonos que hoy están muy por debajo de su valor nominal y son llamados “bonos basura” serían reconocidos al 100%, un negocio redondo sobre todo para los fondos buitre. El problema (como reconoce el mismo Zuchovicki) “es que tengas capacidad de pago después. Lo que están diciendo es 'dejame no pagarte, me recupero económicamente y después te puedo pagar'. Si Argentina crece, lo va a poder pagar, si no crece, estaríamos igual”.

¿Cuáles son los planes de Fernández para garantizar la capacidad de pago? Fomentar fuertemente las exportaciones, montado sobre tres ejes: Vaca Muerta, el campo y la megaminería. En el medio del paro mundial por el ambiente, el enunciado es una provocación, pero, al margen de ello, además no garantiza la provisión de dólares para hacer frente a los compromisos de pagos. En el caso de Vaca Muerta, a través del economista Guillermo Nielsen, Fernández ya definió su política: lo primero que haría sería una reducción de impuestos (lo que confirma que el superávit fiscal no se lograría con mayores tributos al capital sin con un ajuste sobre los trabajadores) pero además los pulpos petroleros que actúa en Vaca Muerta constituirán un fideicomiso en Nueva York, donde las empresas podrán depositar los dólares que les ingresen por las exportaciones que superen los índices actuales, o sea que les garantizan la fuga indiscriminada de capitales. ¿Será este el modelo para el sector minero? En el caso de los exportadores agrícolas, ya actúan así, a su modo, reteniendo los dólares.

En otras palabras, Argentina ni siquiera dispondría de las divisas provenientes de sectores claves para hacer frente a los compromisos de la deuda. Esto mientras el país tiene cerrado el acceso al mercado de crédito. Está claro que las cuentas no cierran.

Los nac&pop y esa obsesión… por ajustar

La “salida a la uruguaya”, como se ve, no resulta viable, en primera instancia. El “tema de la deuda” va a estar en el centro de nuevos y más graves episodios de la bancarrota nacional que no será resuelta con un triunfo claro de Fernández el 27 de octubre.

De lo que los trabajadores deben tomar nota, es que despejado el panorama, lo único que queda firme es el ataque a las masas y sus condiciones de vida. Los elogios de Axel Kicilof y Fernández al modelo portugués, a la renegociación uruguaya, etc. vienen de la mano de una caída drástica del salario, de una mayor precarización laboral y de la liquidación del régimen previsional.

Las luchas del movimiento piquetero y el sindicalismo combativo y la campaña del FIT-Unidad son las herramientas para que los trabajadores adquieran una conciencia política propia e intervengan en la crisis para que sea pagada por los capitalistas.

 

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