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1 de octubre de 2019

La CTA se disuelve y retorna al “sindicalismo empresarial”

Hugo Yasky anunció que la fracción que él lidera de la CTA, se volverá a sumar a la CGT, con la cual rompió en 1991.

La primera justificación de Yasky es que la CGT de hoy no es como la de entonces, cuando se produjo la ruptura "en 1992 en el encuentro de Burzaco” que “definió la necesidad de poder tener una voz para tomar distancia del pacto de silencio en el que habían caído muchos dirigentes sindicales". En aquel momento, “la conducción de la CGT estaba aliada al menemismo” (Perfil, 30/9). La conducción actual de la CGT es la sucesora directa de la de aquel momento (está al frente Héctor, en vez de su hermano Rodolfo Daer, de parte de los “gordos”. Acuña en primer plano en vez de su jefe político Barrionuevo). Han sido aliados de todos los gobiernos que han pasado, defendiendo un esquema de negocios y privilegios para su casta de dirigentes a costa de convalidar una pérdida sistemática de derechos de los trabajadores. Estos cuatro años, la CGT ha sido socia de Macri. Socia de la ley de ART, de la perpetuación del impuesto al salario, del acompañamiento del ajuste y de todos los ataques de Macri al movimiento obrero. La CTA los llamaba en sus inicios “sindicalismo empresarial”. ¿Han dejado de serlo? No lo dicen.

La diferencia sería aparentemente el que se encontrará al frente del gobierno. La decisión de retornar a la CGT será anunciada el próximo jueves, en un plenario de la CTA en el micro estadio de Lanús, que se cerrará con un discurso del virtual presidente electo, Alberto Fernández. Fernández no sólo no fue un opositor al riojano, sino que fue su funcionario, nombrado en 1989 por el ministro Domingo Cavallo, como Superintendente de Seguros de la Nación, cargo que ejerció hasta 1995, presidiendo el proceso de privatizaciones.

La pretensión de “autonomía política” que la central solía reivindicar hace mucho era una ficción, ya que el yaskismo ha ido en estos años detrás de todo tipo de variantes patronales, desde la Alianza al kirchnerismo. Pero esto es un salto mayor. Se le otorga al nuevo gobierno el rol de reorganizador del movimiento sindical. El más completo planteo de estatización de los sindicatos.

La segunda excusa es que se busca por esta vía “fortalecer el núcleo de lo que fue la resistencia social a las políticas de Cambiemos durante estos años: el movimiento sindical” ( Página 12).

El operativo “unidad” no es más que un blanqueo de los burócratas que han sostenido una férrea política de contención sobre el movimiento obrero en beneficio de la política de guerra de Macri, de la que Yasky y los suyos son parte fundamental. Luego de romper la central “alternativa” en tres, al calor de peleas de aparato y la integración al estado y los partidos patronales, la fracción de Yaski da por concluida la aventura y vuelve a la “vieja” CGT.

A pedido del pacto social de Alberto Fernández

El regreso al redil de los “gordos” de la CGT no tiene nada que ver con las necesidades de los trabajadores ni, como cacarea otro operador de la unificación, Víctor Santa María, secretario general del Suterh, "para continuar defendiendo a las trabajadoras y los trabajadores después de cuatro años de políticas macristas".

En palabras del propio Yasky publicadas por Infogremiales, “esta decisión" está hablada con Alberto (Fernández) “para que el gobierno de Alberto y Cristina Fernández sea fuerte”.

La unidad de la burocracia sindical está al servicio reaccionario de reforzar al gobierno del pacto social que Fernández ya está “cocinando”, en palabras del vicepresidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, con el conjunto de las patronales: congelamiento de salarios, regimentación de paritarias, y reformas laboral y jubilatoria.

Con esta política, una maestra de grado con la máxima antigüedad, luego de la última actualización por inflación, efectuada en este mes de setiembre, alcanza un salario de $ 30.646,73 , casi $ 2000 por debajo de la línea de pobreza.

Sergio Palazzo, secretario general del sindicato bancario, fue más llano. Planteó que la reunificación del movimiento obrero es un anhelo, sustancial para fortalecer la convocatoria a “un pacto social antes de las elecciones”. Para el burócrata bancario “es mejor hablar de una tregua donde se garantice la comida que perdieron los argentinos y los medicamentos que se perdieron para curar a los argentinos” (RadioBrisas, 29.9).

De aparato, inconsulta y con la cola entre las patas

Pero esta “reunificación” no será inmediata. De producirse ocurrirá recién a partir de agosto de 2020, cuando venza el mandato de la actual conducción de la CGT. La decisión que adoptará el plenario de la CTA del jueves es sólo una  confesión política de mantener la subordinación de la CTA a la tregua general de toda la burocracia sindical, para dejar pasar el resto del ajustazo que todavía está descargando Macri y para blindar la política antiobrera de Alberto Fernández.

La integración no será una confluencia entre dos partes, sino que lo que se discute es claramente la disolución de la CTA al interior de la CGT. Como señala Clarín, “en la CGT descartan una unificación de ambas centrales. Sí aceptarían la vuelta de gremios de la CTA” en forma aislada e individual (30/9). Es decir, una unidad donde los dueños de casa se reservan el derecho de admisión. “Hay que ver si el posible regreso a la CGT de Ctera no genera tensiones con otros gremios docentes. En la central peronista están UDA, Sadop, UMET, Udocba y CEA” (ídem).

Por eso, los términos de la futura unidad son un patrimonio de los “gordos”. Ya hay negociaciones entre Moyano; el titular de la UOM, Antonio Caló; Andrés Rodríguez (UPCN); Armando Cavalieri (Comercio) y, como dice Andrés Rodríguez, "el problema lo tiene la CTA, mientras ellos reconozcan a la CGT como autoridad gremial se van a poder incorporar" (radio Futurock).

El plenario inconsulto y sin mandato que se realizará en Lanús es desconocido y clandestino de cara a la inmensa mayoría de la CTA-T, sólo podrá resolver “ir hacia un mandato amplio para reunificar el movimiento sindical” (Infogremiales). En declaraciones de representantes de la CTA, “ahora es el trazo grueso de la decisión política de marchar hacia la unidad” (Clarín).

Por otro lado, aunque son todos “albertistas”, no cuentan con el acompañamiento de las otras fracciones. La CTA de Ricardo Peidró y Hugo Godoy se definió en contra (“No creemos que la unidad sea juntar dirigentes”, según Peidró) y Pablo Micheli, de los restos de la tercera CTA, condicionó la reunificación a que los “Daer” estén fuera de la conducción de la CGT. Se reducen finalmente a operar en la interna del pejotismo síndical.

La burocracia kirchnerkista de Yasky, Baradel, Catalano y Sonia Alesso utilizará el sonsonete de la unidad para justificar la subordinación de sus gremios a la aplicación del pacto social de Alberto y de Cristina.

Congreso de Delegados de Base de la CTA y de la CGT

Repudiamos la unidad reaccionaria de las burocracias de la CTA y de la CGT. Se unen para regimentar más a fondo a la clase obrera. No tienen mandato de los trabajadores afiliados a sus gremios para disolver la CTA detrás de la los sucesores de Barrionuevo y Pedraza.

La unidad del movimiento obrero implica un proceso de organización de toda la clase obrera, por encima no sólo de los divisionismos sindicales estériles, sino incorporando a las amplias fracciones de trabajadores que la burocracia se niega a incorporar a las organizaciones sindicales: desocupados, precarizados, en negro. De conjunto más de la mitad de los trabajadores que no son admitidos por estas direcciones. La verdadera unidad de la clase obrera sólo puede imponerse a partir de un Congreso de delegados mandatados por la base de todos los gremios, de todas las centrales, que resuelva un paro de 36 horas con continuidad para derrotar la acción conjunta de Macri y Alberto Fernández contra los trabajadores, contra el pacto social ya en curso y para que la crisis la paguen los capitalistas.

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