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14 de octubre de 2019

El debate presidencial, un contraste entre el programa del FIT – Unidad y el régimen del FMI

El debate entre los candidatos a presidente que tuvo lugar en la Universidad Nacional del Litoral mostró el contrapunto de clase del Frente de Izquierda con el ajuste de Mauricio Macri y la demagogia de Alberto Fernández. Nicolás Del Caño planteó, desde la presentación, la incompatibilidad de las aspiraciones de los trabajadores, las mujeres y la juventud con los planes del FMI y de los empresarios y banqueros que sacaron beneficios extraordinarios de la quiebra Argentina.

Alberto Fernández se permitió todo el margen de maniobra que le ofrece el derrumbe del macrismo y se valió del hecho de que el traje de ajustador ya lo tiene puesto el actual presidente Macri para hacer demagogia. Desde el vamos, su intervención sobre el eje de relaciones internacionales fue prometer una “inserción digna” en el mercado global, pero no explicó que significan esas condiciones dignas cuando asegura que va a ir a una renegociación con el FMI, cuyas condiciones eludió discutir ayer a pesar del carácter determinante que eso tendrá en la etapa. La misma ambigüedad usó en su referencia al acuerdo Mercosur - Unión Europea, sin explicitar cuáles serían los límites que pondría para evitar que sea “una postración”. Del Caño, como contraste, utilizó el ejemplo de Ecuador para denunciar el carácter hambreador de los planes del FMI, y denunció la feroz represión contra las masas trabajadoras y campesinas movilizadas. Destacó que el FIT- Unidad es la única fuerza que rechazó el golpismo de los Trump y Bolsonaro en Venezuela, en oposición al lobby al que se sumaron los Macri y los Massa.

El contraste fundamental que trazó Del Caño con los candidatos patronales fue el planteo de la nacionalización de la banca para detener la fuga de capitales, y de las privatizadas de servicios para terminar con los tarifazos. Retrucó a Fernández que si el gobierno de Macri “destruyó la economía” no lo hizo solo, y remarcó que la reforma previsional se aprobó con los votos de quienes hoy revistan en el Frente de Todos.

Mientras Macri trataba de naturalizar el desplome económico aludiendo a cifras promedio de inflación, deuda y pobreza, Alberto aseguraba que hará crecer la producción y el consumo, de nuevo sin decir cómo. El dato de color fue que José Luis Espert, vocero sin tapujos de los intereses del gran capital, retrucó la contradicción entre el plan de Fernández para fomentar las exportaciones y sus planteos de reactivar el consumo, lo cual es obvio teniendo en cuenta el mazazo que implica el “dólar competitivo” para las familias trabajadoras. El candidato del Frente de Todos, de todas formas, anticipó que se centrará en “generar los dólares necesarios para pagar la deuda”, una confesión de que Argentina no romperá su subordinación al capital financiero sino que piensa continuar en su gobierno la política de ajuste fiscal para cumplir con los acreedores internacionales.

Del Caño fue el único que defendió los reclamos del movimiento de mujeres, como el aborto legal, la educación sexual y la separación de la Iglesia del Estado, marcando la cancha al planteo confuso y encubridor de Fernández de que “hay que tender” a la legalización del aborto. El candidato de la izquierda les respondió que el lobby clerical de los Manzur y Morales (que tuvo como portavoz más abierto en el debate al infame Gómez Centurión) en lugar de pro vida es antiderechos  y proaborto clandestino, y que sin romper con ellos no se avanzará en los derechos de las mujeres y las disidencias. El eje en las reivindicaciones, además, permite enfrentar los intentos cooptación estatal de un sector movimiento que anticipa Fernández con su planteo de crear un Ministerio de la Mujer.

En el terreno de la educación fue notorio que el único programa de salida es el del Frente de izquierda, colocando que la situación crítica de las escuelas, que Macri y Vidal llevaron al extremo -como se evidenció en el desastre de la escuela de Moreno donde murieron por la desidia oficial Sandra y Ruben, trabajadores de la educación recordados ayer por Del Caño-, es el producto de la descentralización menemista sostenida hasta hoy, lo que incluye las leyes antieducativas del kirchnerismo. En contrapunto con la demagogia de Fernández que afirma que pondrá por encima la salud y la educación antes que los intereses de deuda (esto cuando plantea rescatar toda la deuda usuraria, incluyendo sus intereses), Del Caño graficó que el ajuste del albertista Arcioni en Chubut muestra la incompatibilidad entre el pago de la deuda y los reclamos de los trabajadores de la salud y de la comunidad educativa, entre el régimen del FMI y la defensa de escuelas y hospitales.

Por último, vale una referencia a los planteos facistizantes de Espert y Gómez Centurión, que propusieron arancelar la universidad y eliminar las obras sociales sindicales el primero, y reclamaron el fin del “curro de los derechos humanos” y de los paros docentes el segundo. Más allá del papel grotesco que puedan ocupar hoy en un debate presidencial, expresan la voz de intereses profundamente reaccionarios que tienen también sus agentes en los bloques políticos patronales, sean los Manzur o las Bullrich. No hay “consenso” posible entre esos intereses y los reclamos de los trabajadores, las mujeres y la juventud. El pacto social de Fernández es entonces la coartada para esa embestida. El debate presidencial mostró que el Frente de Izquierda – Unidad se opone a ellos con un programa de clase. La campaña político-electoral y el reforzamiento de las conquistas parlamentarias serán insumos para contribuir a que la clase obrera intervenga decisivamente en la crisis para enterrar esos planes, que son los de todo el régimen del FMI.

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