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15 de octubre de 2019

Ecuador y el debate presidencial

Artículo publicado en El Furgón, portal de internet de la revista Sudestada
Gabriel Solano

Gabriel Solano

Candidato a Jefe de Gobierno de CABA por el FIT- Unidad.

Los medios coincidieron en sindicar a Gabriel Solano como la revelación del debate entre los candidatos a Jefe de Gobierno de CABA, que se realizó el jueves 10. Aquí, nos transmite sus impresiones acerca del primer debate presidencial, realizado el domingo 14 en la sede de la Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Santa Fe.

Artículo publicado en El Furgón

Constituyó un gran acierto de Nicolás del Caño comenzar el debate presidencial destacando la situación de Ecuador. En el mismo momento que se desarrollaba el debate, la rebelión del pueblo ecuatoriano conquistaba un gran triunfo, imponiéndole al presidente Lenin Moreno la anulación del aumento del precio de los combustibles. La importancia del triunfo no se limitó a lo conquistado sino al cómo se lo conquistó. El pueblo salió a la calle provocando una verdadera rebelión popular, mostrando que ese es el único método para derrotar los agravios y los ataques de los gobiernos y las clases poseedoras. Una lección que debe ser aprendida en nuestro país, donde las direcciones sindicales se la pasan pontificando el derrotismo, afirmando que luchar no sirve y que sólo queda tranzar con los gobiernos una política de reducción de daños –eso en el mejor de los casos. Esta complicidad fue bien marcada en el debate por Nicolás del Caño, cuando denunció que Macri tuvo la complicidad del peronismo y el kirchnerismo para avanzar en su ajuste contra los trabajadores.

Pero la importancia de Ecuador no se limita a lo señalado. El gobierno de Lenin Moreno pactó con el FMI, al igual que Macri, un plan de ajuste con el propósito de poder hacer frente al pago de la deuda. En la Argentina la situación fue similar. El acuerdo con el FMI, para evitar el default de la deuda, llevó a redoblados ataques contra el pueblo. Si no hubo una rebelión como Ecuador se debió exclusivamente a la complicidad de la oposición y la burocracia sindical, que hizo lo imposible por contener a los trabajadores y dejar pasar el ajuste de Macri.

¿Pero quién fue el único candidato que en el debate presidencial planteó que es necesario romper con el FMI y repudiar el pago de la deuda usuraria? Nicolás del Caño de Frente de Izquierda-Unidad. Su planteo fue a fondo en este sentido, denunciando que no existe posibilidad de compatibilizar el pago a los usureros internacionales con la satisfacción de los reclamos populares más inmediatos. El pago de la deuda constituye un tributo colonial al capital financiero internacional y a la burguesía nacional que consume la mayoría de los recursos del país. La superación del atraso de la Argentina reclama por lo tanto una transformación social integral. Por eso Del Caño desarrolló un programa más amplio, que incluyó la nacionalización de la banca y del comercio exterior, como pilares fundamentales para concentrar el ahorro nacional y planificar la economía.

El candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, planteó una política opuesta. En el punto referido a Economía se comprometió a pagar la deuda contraída por Mauricio Macri. Es cierto que denunció que la deuda tomada por el gobierno actual terminó beneficiando a los amigos del macrismo, por el mecanismo de la dolarización y la fuga de capitales. Pero esa denuncia, si se quiere, agrava su compromiso de pago de la deuda, porque equivale a utilizar los recursos de país para respetar un fraude escandaloso y evidente. En el debate, sin embargo, Alberto Fernández eludió explicar de qué modo hará frente a esos pagos ni se refirió en ningún momento a cuál será la relación de su gobierno con el FMI. La omisión acá no puede pasarse por alto. Por lo visto prefirió pasar por alto lo que sí había señalado en varias entrevistas previas y lo que también declararon varios de sus asesores políticos y económicos, que aludieron a la experiencia de Uruguay y apelaron también al ejemplo de Portugal. En ambos casos lo que sucedió nos remite nuevamente a Ecuador. Es que el ajuste tanto en Uruguay como en Portugal fue de niveles superiores al que aplicó el gobierno de Lenin Moreno. En Uruguay, por ejemplo, la renegociación de la deuda implicó una reducción nominal de los salarios del 10% o más, y el avance sobre derechos sociales fundamentales. En Portugal la reducción salarial se combinó con el despido masivo de empleados públicos y la aplicación de reformas laborales y previsionales.


La falta de precisión o al menos una alusión sobre cómo piensa pagar la deuda, convirtió la intervención de Alberto Fernández en un acto de encubrimiento. Justamente lo mismo que correctamente le reprochó él a Macri al comienzo del debate, cuando recordó las mentiras vertidas por el actual presidente en el 2015 cuando le tocó debatir con Daniel Scioli. ¿Pero no era el debate la oportunidad para explicar los principales trazos de su política económica? Las pocas pistas que dio deben leerse entre líneas. Habló que su objetivo es aumentar las exportaciones, lo cual supone que priorizará nuevas devaluaciones que afectarán el consumo de los trabajadores y el mercado interno. También refirió a que impulsará un acuerdo social entre empresarios y sindicatos, una alusión light del llamado ´pacto social´ que anunció en Tucumán entre la UIA y la CGT. Según precisó en esa oportunidad el pacto debía debutar con un congelamiento salarial por al menos 6 meses, lo que sería seguido por un congelamiento de los precios. Pero como todos sabemos, los precios están aumentando ahora mismo, y lo seguirán haciendo hasta la firma de dicho pacto, mientras el salario sigue perdiendo contra la inflación. En síntesis, el ´pacto social´ será un instrumento para consolidar la desvalorización del salario ejecutada por el macrismo.


A la luz de esta política que se está tramando, la alusión a Ecuador vuelve a ganar centralidad. Es que en el 2015 en Ecuador se desarrolló un ballotage entre un candidato de derecha y Lenin Moreno, apadrinado por el ex presidente Correa. Los otros presidentes ´nacionales y populares´ del continente lo apoyaron, entre ellas Cristina Fernández de Kirchner. A diferencia de lo sucedido en Argentina, donde el ballotage lo ganó el candidato de la derecha Mauricio Macri, en Ecuador lo hizo el candidato ´nacional y popular´. Sin embargo, inmediatamente luego de ganar puso en marcha un plan de ajuste, pactó con el FMI y rompió con su antecesor. Incluso encarceló al vicepresidente, que era del riñón íntimo de Correa por denuncias de corrupción referidas a Odebrecht. En Argentina, claro, no sabemos exactamente qué hubiese pasado si ganaba Daniel Scioli, pero la experiencia ecuatoriana nos da varios indicios.

Lo que no sucedió en el 2015 muy probablemente ocurra en el 2019. No será Scioli el triunfador, aunque ayer fue invitado estrella del candidato del Frente de Todos, sino Alberto Fernández. Pero su anuncio de que seguirá atado al FMI y que pagará la deuda contraída por Mauricio Macri, nos obliga a mirarnos en el espejo de Ecuador. Lo que Macri no pudo, por su fracaso económico y por la resistencia ofrecida por los trabajadores, buscará hacerlo ahora un nuevo gobierno mediante sus pactos sociales tramposos. Como dijo Nicolás del Caño, por esa vía se buscará que nuevamente la crisis la paguen los trabajadores.

La estrategia del Frente de Izquierda-Unidad es la contraria. Eso quedó plasmado en el debate presidencial, como sucedió también en el debate de Jefe de Gobierno de la Ciudad. Nuestros candidatos son los únicos que presentan un programa de salida a la crisis y de defensa de los trabajadores, las mujeres y la juventud. Ese programa parte de una estrategia anticapitalista y socialista, que reorganice la economía en función del interés de las mayorías populares. En estas condiciones el voto al FIT-U es un voto en defensa propia y que prepara en mejores condiciones las futuras luchas que se van a desarrollar. Porque, otra vez, Ecuador marca el camino.

 

 

 

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