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23 de octubre de 2019

La crisis continental irrumpe en las elecciones bolivianas

Evo, por el camino de Maduro

La semana pasada en Prensa Obrera caracterizábamos frente a la proximidad de las elecciones en Bolivia, que: “Las encuestas -controvertidas- dan ganador a Evo, pero sus pronósticos no garantizan que obtenga los números necesarios para evitar la segunda ronda. Por eso se ha lanzado una campaña de denuncias de que Evo estaría preparando ‘fraudes’ para garantizar una contabilidad favorable; y, por el lado del MAS, de que se está preparando un golpe para impedir que el triunfo de Evo se concrete con su continuidad gubernamental”.

Este es el cuadro actual, en el marco de gran confusión sobre los guarismos electorales. 

A las 23 horas del domingo los cómputos volcados por el Tribunal Electoral, daban que Evo había sacado 45,28% de los votos contra 38,16% de Carlos Mesa, el candidato opositor más cercano. Una diferencia de 7,12%. Un guarismo insuficiente que habría obligado a pasar a segunda vuelta electoral entre estos dos candidatos más votados. La legislación vigente plantea que un candidato es electo presidente en la primera vuelta, si saca el 50% de la totalidad de los votos emitidos o, en su defecto, más del 40% con una distancia de 10 puntos respecto al segundo. Con el resultado arriba señalado, Evo tendría que ir -por una diferencia faltante de 2,88%- a refrendar sus títulos en segunda vuelta. Con el riesgo de que el resto de los partidos de derecha que fueron divididos, se unificaran detrás de Mesa y pudieran arrebatarle el triunfo. Esa misma noche, los principales partidos derechistas se pronunciaban a favor de Mesa para la segunda vuelta.

Pero… a las 23 horas, el Tribunal Electoral -dominado por el MAS de Evo Morales- cortó el recuento de votos con el 85% del total de las actas electorales contabilizadas. Alegó que aún no había recibido el resto que provendría, según lo informado, de zonas agrarias alejadas y del exterior. Recién a las 19 horas del lunes 21, recomenzó el escrutinio que terminó dando ganador a Evo con 46,86% de los votos contra el 36,72% de Mesa, una diferencia de 10,14%, es decir sólo 0,14% por encima del límite que marca la legislación electoral.

Con este resultado, Evo Morales se declaró ganador en primera vuelta y, por lo tanto, reelecto para un nuevo período presidencial de cinco años. 
Por su lado, la oposición derechista que el domingo a la noche salió a festejar que se iba al ballotage entre Evo Morales y Carlos Mesa, pasó a denunciar maniobras fraudulentas cuando se suspendió el escrutinio a las 23 horas. Ahora llaman a la movilización contra el fraude, profundizando su accionar con el anuncio de los nuevos guarismos (incluso todavía parciales) que darían en forma ajustada la diferencia de 10 puntos para Evo.
El llamado de Mesa fue automáticamente respondido con movilizaciones, ocupaciones de edificios de juntas electorales, amenazas de Cabildos abiertos, cortes de ruta, etc. El MAS por su lado llamó a movilizarse para defender al ‘compañero presidente’ del intento de ignorar los “resultados de las urnas”. Los ‘mesistas’ convocaron a un paro ‘cívico’ por tiempo indefinido y la Central Obrera Boliviana (COB), subordinada al gobierno, se reunía para tomar contramedidas. Ha habido choques en las calles entre los dos bandos de esta grieta.

El escrutinio provisional se paralizó y se pasó directamente al escrutinio definitivo, cuyos resultados podrían estar la semana próxima.

Bajo el arbitraje de la OEA

La OEA y funcionarios yankis y de la Unión Europea han salido a reclamar contra las maniobras de la Junta Electoral. En el período preelectoral la OEA habilitó la presentación de Evo Morales por su cuarta reelección, a pesar de que en un referéndum del año 2016 se había rechazado (51 a 49%) esta exención a la limitación explícita que planteaba la Constitución boliviana.

Es que el gran capital le reconoce a Evo, que más allá de alguna retórica, ha logrado imponer cierta estabilidad política-económica a la convulsionada Bolivia que venía de un ascenso revolucionario, garantizando sus negocios.

Ahora, ante la crisis planteada, consideran que se puede aprovechar la situación para condicionar más la conducta de Evo Morales. No es casual, por ejemplo, que el pseudo-presidente golpista y de facto de Venezuela, Guaidó, nombrado por Trump, sea el que haya reclamado la reunión de emergencia de la OEA para tratar la situación boliviana.

Evo Morales respondió a esta presión ‘internacional’ invitando a la OEA a que venga auditar el escrutinio definitivo. Y la OEA respondió -por nota escrita- que acepta, con la “condición” que su dictamen debe tener “carácter vinculante” para ambas partes. De aceptar estas condiciones, Evo Morales se estaría colocando bajo el arbitraje del ministerio de colonias yanqui, de la OEA.

En el espejo de Venezuela

Es evidente que el régimen bonapartista de Evo Morales está en declinación. Estamos frente a una evolución incipiente de tipo chavo-madurista. Al igual que el gobierno venezolano, Evo se mantuvo siempre sobre una base de tipo bonapartista plebiscitaria. En las elecciones del 2005 asumió con el 53,72% de los votos; en el referéndum revocatorio del 2006 fue ratificado como presidente con el 67,43%; en el 2009 se impuso por el 64,22%; en el 2014 lo hizo con el 61,36% y ahora gano con el 45.28 o 46,86%. Perdió también, en este último período, referéndums por escaso margen, pero los perdió.

Significa que su base política bonapartista plebiscitaria se ésta deteriorando y empieza a recurrir a maniobras para sostenerse en el poder. Contradictoriamente, puede ser que al igual que en Venezuela, Evo pueda valerse de la división de la derecha boliviana y la falta de otra perspectiva por parte de esta ante la crisis capitalista mundial, para prolongar su gobierno. La crisis de Macri en Argentina y de Piñera en Chile, el levantamiento popular-indígena en Ecuador contra Lenin Moreno, el empantanamiento de Bolsonaro en Brasil, etc. hace que el capital financiero dude de ir por su desplazamiento porque valora como un signo de estabilidad en un continente que ésta siendo cruzado por grandes rebeliones populares. Pero la crisis capitalista mundial y su fuerte manifestación en luchas y levantamientos populares, ha penetrado con fuerza en Bolivia augurando una creciente polarización y agudización de la lucha de clases. 

Frente a la desaceleración económica el gobierno de Evo ha ido adoptando algunas medidas de ‘ajuste’ que golpean a las masas trabajadoras, lo que ha detonado luchas, como la de la defensa del hospital público.

Después de 14 años en el poder, Evo no ha adoptado medidas que terminen con la opresión imperialista y que avancen en un desarrollo industrial real de Bolivia. Ahora con esta crisis tampoco lo hará. Busca apoyarse en la OEA, el imperialismo y sectores del gran capital. Esto lo llevará a acentuar sus rasgos regimentadores sobre el movimiento obrero, campesino y estudiantil.

El sistema electoral de ballotage o doble vuelta electoral, es en sí mismo fraudulento y una violentación de la voluntad popular. Esto, porque fabrica en forma forzosa una mayoría artifical. Los sectores obreros y la izquierda que se reclaman independientes de la burguesía no tienen lugar en las movilizaciones ‘contra el fraude’ y por ‘la democracia’. Sería confluir con la derecha minoritaria y antiobrera, que no tiene ningún signo de progresividad. Sería una remake de la confluencia de la ‘izquierda’ stalinista con la ‘rosca’ oligárquica en el derrocamiento y asesinato del ‘nacionalista’ Villaroel en 1946.

La elección ha servido para evidenciar que el panorama político de Bolivia ésta dominado por la división entre el MAS de Evo Morales y sus oponentes de la derecha. La izquierda es políticamente inexistente. El Partido Obrero Revolucionario (POR) ha hecho una larguísima campaña electoral de corte antielectoralista. Quizás sea el partido boliviano que más campaña electoral haya hecho: se pasó tres años agitando por el voto en blanco o nulo, con la caracterización que amplísimos sectores de las masas trabajadoras y campesinas habrían culminado su experiencia con Evo y marchaban hacia un camino de lucha insurreccional, dándole la espalda a cualquier ilusión electoral o parlamentaria. La realidad le ha dado una fuerte bofetada a su planteo político. La participación electoral fue del 89,62% de los habilitados para votar, dos puntos por arriba de la elección del 2014 (87,85%). Y el voto en blanco y nulo ha sido el más bajo de estos catorce años. En la elección del 2014 el voto en blanco fue del 2,19% de los votantes y ahora cayó al 1,4%. Y el voto nulo pasó del 4,02 y al 3,48% actual.

Pero el POR, corre ahora un riesgo mayor. En un comunicado de la misma noche de las elecciones (20 de octubre) afirman: “BOLIVIA ESTA CANSADA DEL GOBIERNO DE EVO MORALES. Los explotados lo echaremos por la vía insurreccional”. Y coloca una foto de un cajón mortuorio con la imagen de Evo Morales que ha sido incendiado. Lo cual es una impostura pues la mayoria de los trabajadores sigue respaldando a Evo y los únicos que podrían tirarlo abajo sería la derecha. Insistimos: así el POR colabora con su retórica ultrista al aislamiento de la vanguardia revolucionaria de las masas.

Organizar en forma independiente a la clase obrera

Este agujero en la línea de flotación del régimen de Evo, indica, al igual que en la Venezuela madurista, que el régimen boliviano intentara regimentar más a fondo las organizaciones de masas y reprimirá intentos de lucha independientes para impedir ser desbordado por izquierda. No estamos frente a un giro a la izquierda del MAS que busque apoyarse en las masas para producir transformaciones sociales anticapitalistas y antimperialistas; sino ante una acentuación de los intentos de acomodarse a la presión del capital financiero, en un mundo sumergido por la crisis capitalista mundial. En el período que se abre se plantea el desafío de construir una alternativa obrera independiente que sea oposición de izquierda, revolucionaria, al régimen que irá acumulando contradicciones insalvables y crisis. Que se organice en forma independiente. Para enfrentar los ataques que desarrollará contra las condiciones de vida de las masas e impedir que la derecha emerja como falsa alternativa de recambio. Para ello es fundamental que la izquierda se ponga a la cabeza de las denuncias y los procesos de resistencia de las masas, impulsar la organización de un Congreso Obrero y Campesino que elabore una plataforma de reivindicaciones y de las medidas a tomar para una reorganización nacional sobre nuevas bases sociales (no pago de la deuda, nacionalización sin pago y bajo control obrero de la minería y la producción hidrocarburífera). 
 

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