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23 de octubre de 2019

Crisis y movilizaciones populares en Haití

Hace siete semanas que Haití se encuentra totalmente paralizada por el desabastecimiento de combustibles y la quita de subsidios, en un cuadro de crisis social, política y económica de envergadura.

Las movilizaciones de la semana pasada encontraron su pico más alto de adhesión el miércoles 17, fecha nacional que conmemora la muerte de Jean Jacques Dessalines, primer gobernador de Haití tras las rebeliones independentistas en 1804. El portal Resumen Latinoamericano señalaba ese día que “el país amaneció bloqueado, sin ningún tipo de actividad gubernamental ni civil y barricadas por varias partes”.

Son convocadas principalmente por artistas, docentes y jóvenes, que conforman el Consejo Alternativo, un reagrupamiento de la oposición que exige la renuncia inmediata de Jovenel Moïse y la inmediata conformación de un gobierno provisional, así como la declaración de una emergencia social.

Los manifestantes cuestionan las políticas socioeconómicas que aplican tanto el oficialista Partido Haitiano Tèt Kale, como su opositor parlamentario, Movimiento Patriótico de la Oposición Democrática (Mopod).

La impotencia del oficialismo

Los colegios, lugares de trabajo y hospitales siguen inactivos. Los alimentos no llegan a los supermercados y el agua potable empieza a escatimar; el pueblo haitiano debe autoorganizarse para el suministro de estos recursos.

Informes periodísticos señalan que las barricadas han obligado a la retirada de las Fuerzas Armadas, que fracasaron en desalojarlas, y que por momentos el control de la ciudad queda totalmente bajo el pueblo, poniendo de manifiesto la impotencia del gobierno para calmar la situación.

A su turno, se estarían “repitiendo estos últimos días acciones armadas de lo que parece una incipiente metodología guerrillera para frenar la represión” (ídem). La represión gubernamental se cobró en los últimos diez meses, según los números oficiales,  la vida de alrededor de 150 personas. La población repudia también el asesinato del periodista opositor Néhémie Joseph, quien fue acribillado a tiros el 10 de este mes, en un suceso que permanecía sin esclarecer.

El parlamento se encuentra cerrado y el presidente Jovenel Moïse apareció públicamente solo dos veces. En ambas ocasiones, lo hizo para ratificar su permanencia en el poder y convocar a un “diálogo nacional” con la oposición.

¿Y la oposición?

Pero un eventual recambio de gobierno no garantiza en absoluto una mejora para las condiciones de vida de los haitianos. Todo el espectro político parlamentario, cualquiera sea su pelaje, está inmerso en casos de corrupción y malversación de fondos públicos, además que sus propuestas políticas benefician la explotación de recursos naturales por parte de los capitales extranjeros.

El Mopod tardó en plegarse a las movilizaciones. Cuando estalló la crisis y las primeras barricadas, tildaron de “golpistas” a los manifestantes. Ahora, en la cresta de la ola, y en un claro giro oportunista, se han solidarizado con la causa, e inclusive convocaron a una movilización “pacífica” el domingo pasado, junto al clero.

El objetivo del Mopod es posicionarse dentro de la rebelión como su cabeza, para contener a las masas y conducirlas a una salida electoral sin sobresaltos para el régimen, a la vez que pacta el apoyo del resto de la burguesía nacional, asegurándole que un eventual gobierno pondría paños fríos a la rebelión y aseguraría las subas en el precio del combustible y las tarifas energéticas.

El imperialismo mete la cola

Desde el miércoles pasado (paradójicamente coincidente con el aniversario independentista) la isla caribeña pasó a ser intervenida, durante un año, por la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (Binuh, por sus siglas en inglés). A diferencia de la Minustah y la Minujusth -que operaron en Haití desde 2004, ambas inmersas en escándalos de corrupción y abusos sexuales- la Binuh no será una intervención militar, sino política. El organismo estará financiado por Core Group, una entidad que reúne a representantes de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea.

Según el comunicado oficial de la ONU, sus principales tareas serán el asesoramiento del gobierno “en promoción y fortalecimiento de la estabilidad política [...], incluyendo el estado de derecho”. Además se buscará fortalecer a la policía nacional, con un financiamiento armamental y un endurecimiento de las penas por delinquimiento.

Así, el imperialismo profundiza su política de injerencia en el país, dirigida contra las rebeliones populares y en función de asegurar la continuidad del saqueo -con mano de obra precarizada-de los recursos naturales.

Por una salida independiente

La caída del acuerdo de Petrocaribe golpeó fuertemente a Haití, ya que se abastecía de su petróleo y se vio obligada a comprarle a Estados Unidos, con precios muchos más altos. A su vez, Jovenel Moïse y la oposición pretenden pagar la usuraria deuda externa con tarifazos y ajustes presupuestarios. Se pone de manifiesto aquí la impotencia de los partidos del régimen para darle una salida airosa a la crisis.

Viva la movilización del pueblo en Haití, que se produce en un continente convulsionado por los levantamientos populares en Ecuador y Chile -que siguen al que tuvo lugar hace meses en Puerto Rico- y con el resurgimiento de protestas en la vecina Honduras. Abajo Jovenel Moïse, fuera el imperialismo de Haití, por una salida de los trabajadores.

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