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27 de octubre de 2019

Quiebra del BCRA: de la amenaza a la realidad

El macrismo termina sus días hecho “puré”.

Con el fin de la campaña electoral ha quedado expuesto una realidad que desde hace meses denunciamos en Prensa Obrera: el Banco Central de la República Argentina (BCRA) tiene patrimonio negativo y es totalmente incapaz de enfrentar las turbulencias que se vienen. Lo que ayer era negado por los principales comentaristas económicos del mainstream, se ha convertido hoy en una verdad de Perogrullo. 

Las reservas cayeron más de 23.000 millones de dólares desde las Paso y lo hicieron, solamente entre jueves y viernes, más de 2.500 millones en un intento fallido del gobierno por contener la estampida al dólar, que tocó su máximo precio nominal desde la post convertibilidad.

El problema que se manifiesta como una crisis financiera tiene en realidad raíces mucho más profundas. El endeudamiento récord realizado durante los últimos años no implicó ninguna clase de inversión productiva y se destinó exclusivamente a la especulación financiera. Esto no es una consecuencia del modelo macrista como nos quiere hacer creer el kirchnerismo sino de la crisis mundial que no le ofrece a los capitalistas la rentabilidad que esperan en caso de invertir en la economía real. Este fenómeno que se vive en todo el mundo se expresa con especial crudeza en nuestro país. 

Del default al puré, del puré al default

El vaciamiento de las arcas del Central viene de larga data y atravesó distintos gobiernos. Sin embargo, lo que se vivió en el último tiempo supera en cuanto a celeridad, volatilidad y vértigo cualquier experiencia reciente. La fuga de capitales financiada por el Central como una política de Estado acrecentó enormemente la bancarrota y derivó, entre otras cosas, en el default que anunció el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, bajo el eufemismo del “reperfilamiento”.

La devaluación post Paso y el “dólar razonable” a $60 que acordaron Macri y Fernández estuvieron acompañados por la tasa de interés nominal más alta del mundo y por la venta diaria de más de 100 millones de dólares diarios en promedio por parte del BCRA. La implementación del cepo dio lugar a una brecha entre el dólar oficial de 60 –que fue utilizado por el macrismo como una herramienta electoral-  y el dólar blue o el contado con liqui que usan los grandes operadores, que terminó superando el 35% y ofreciendo una rentabilidad muy significativa en dólares. Ha vuelto el rentable mecanismo de comprar en el oficial y vender en el paralelo, conocido como "puré".

Llegamos a las vísperas de las elecciones con la evidencia de que el pago de la deuda externa se ha convertido en una traba absoluta para el desarrollo nacional, para sostener el valor de la moneda propia y que es totalmente incompatible con las necesidades de la clase obrera, dada la constante caída del salario real. En esto juega un papel fundamental el persistente aumento de los precios. Contra sus predicciones de que sería un problema menor, el macrismo termina su mandato sin haber podido dominar la inflación en ningún momento y con las perspectivas de acabar en un escenario de hiperinflación.

Sobre depósitos y reservas

La erosión constante de las reservas internacionales parece no tener fin, algunos días bajo la forma de goteo y otros de tormenta. Se suman 60 días consecutivos de caída de las reservas que comprometen la situación financiera con la cual el gobierno va a entregar el poder en diciembre, si es que llega a ese momento. 

Más allá de que las reservas brutas sigan figurando por encima de los 40.000 millones de dólares, el verdadero problema radica en las reservas netas, es decir descontados los préstamos, las letras intransferibles y el swap con China. Ahí el panorama empieza a ennegrecer siendo que quedarían menos de 10.000 millones y con una cantidad de vencimientos de deuda por delante que absorberían prácticamente la totalidad de estos fondos.

Eso no es todo: la situación puede empeorar en la medida en que se sostenga el actual esquema cambiario, con el cual se fugaron en los últimos dos meses cerca del 30% de los depósitos tanto en pesos como en dólares, dejando un escenario extremadamente delicado en términos de solidez bancaria y abonando el terreno para una futura corrida bancaria. Para colmo, los propios bancos se niegan a renovar Leliqs y se han pasado cada vez con más vigor a los pases que renuevan diariamente, y que acumulan a la fecha más de 200.000 millones de pesos de otro pasivo del BCRA.

En síntesis, se van acumulando las condiciones para una tormenta perfecta de la cual ninguna de las políticas en danza podría alejarnos. Tenemos un Banco Central extremadamente endeudado, con bombas de tiempo con la mecha encendida y un sometimiento al FMI y los grandes fondos de inversión que es como patalear en arenas movedizas. El problema no es financiero, ni se trata de la falsa polarización entre políticas económicas, sino de una crisis mundial capitalista donde el bote argentino se encuentra a la deriva de una tempestad internacional.

El próximo lunes comenzará un cogobierno más explícito que el que se dio con posterioridad a las Paso. Un endurecimiento del cepo se da por descontado, pero será incapaz de frenar el aumento espiralado entre el dólar y la inflación, por lo que no podemos descartar que la situación termine de desbarrancar y nos encontremos en un escenario de hiperinflación y corrida cambiaria y bancaria.

La nacionalización de la banca para terminar con la fuga de capitales, sostener el ahorro interno dentro del país y valerse de él para un desarrollo industrial se presentan ahora con más valor que nunca. Así como el desconocimiento de la deuda usuraria y su repudio como política esencial para la refundación del país sobre nuevas bases sociales.
 

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