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7 de noviembre de 2019

30 años de la caída del Muro de Berlín

1ª Parte

La caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 aparece en la mayoría de los análisis actuales asociada a la restauración capitalista en el este europeo y a la disolución dos años más tarde de la URSS y el proceso de restauración capitalista en las repúblicas que la conformaron. En el lenguaje periodístico aparece como parte de la “caída del comunismo” o de la caída del “socialismo real” como eufemísticamente denominaban las corrientes de izquierda democratizantes a los regímenes stalinistas del este europeo y a la propia URSS. Es importante, sin embargo, analizar estos fenómenos en su conexión y en sus contradicciones.

El Muro fue uno de los exponentes más palpables de los acuerdos contrarrevolucionarios entre la burocracia del Kremlin y las potencias imperialistas que derrotaron al nazismo en la Segunda Guerra mundial. El Muro era el símbolo vivo de  la división de Alemania impuesta por las potencias ocupantes con el propósito de evitar que el derrumbe del nazismo pudiera dar lugar a una intervención revolucionaria del proletariado alemán, como había ocurrido en la primera posguerra desde 1918 hasta 1923. Y como ocurrió efectivamente en Francia, Italia y Grecia al final de la segunda guerra tras la caída de los regímenes pronazis  de esos países, intervención revolucionaria ahogada y entregada por los partidos comunistas de esos lugares bajo las directivas de la URSS que había pactado su compromiso contrarrevolucionario con el imperialismo. La división de Alemania apuntaba a dividir a su proletariado, el de mayor tradición política de Europa.

El Muro, por lo tanto tenía un carácter reaccionario y su caída (mejor dicho, su derrumbe) como resultado de una intervención popular lo que pone de relieve es el derrumbe de toda la arquitectura armada en la posguerra. Y esto no puede ser confundido con la liquidación de las conquistas de la revolución de Octubre por obra de la burocracia restauracionista. 

Trataremos de comprender y exponer la vinculación entre ambos fenómenos contradictorios pues no es tampoco un resultado azaroso que la caída del Muro haya sido seguida y estuviera vinculada con la restauración capitalista.

La zona de ocupación soviética de Alemania dio lugar a la constitución de la República Democrática de Alemania (RDA) donde al igual que en el resto del este europeo ocupado por el Ejército Rojo se produjeron expropiaciones de terratenientes y burgueses que convirtieron a esos regímenes en estados obreros burocratizados regidos por los representantes de la  camarilla stalinista del Kremlin, que a su vez saqueó gran parte de la industria de esos países en su beneficio.

Las masas de esos países no soportaron pasivamente el dominio burocrático. Su resistencia y su movilización tuvo picos revolucionarios durante las cuatro décadas que van desde fines de los 40 hasta fines de los 80 del siglo pasado. Y que comenzaron emblemáticamente  en el levantamiento del proletariado berlinés en junio de 1953, levantamiento protagonizado por muchos cuadros obreros curtidos en la lucha de clases y que fue reprimido a sangre y fuego por las tropas rusas que ocupaban Alemania y sus secuaces de la RDA. Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968 y Polonia en el 56, 70 y nuevamente en el 80-81 fueron los picos más destacados de estas movilizaciones contra la burocracia. La apertura de los archivos de la ex URSS ha puesto de relieve que, aunque menos difundidas, también hubo importantes manifestaciones antiburocráticas dentro de la propia URSS. Se ponían en marcha así las tendencias a la revolución política contra el dominio burocrático y en defensa de los principios de socialización de los medios de producción que había sido la bandera y el programa formulado por la IV Internacional en el programa de Transición adoptado en su congreso fundacional de 1938. 

El Programa de Transición formulaba su caracterización y pronóstico de la URSS en los siguientes términos: “El régimen de la URSS encierra contradicciones amenazantes…  El pronóstico político tiene un carácter alternativo: o la burocracia se transforma cada vez más en órgano de la burguesía mundial dentro del Estado obrero, derriba las nuevas formas de propiedad y vuelve al país al capitalismo;  o la clase obrera aplasta a la burocracia y abre el camino hacia el socialismo” .i

La alternativa entre la revolución política o el regreso al capitalismo se fue perfilando crecientemente al calor de la movilización popular por un lado y por otro la disminución del crecimiento primero y el estancamiento después de la URSS y del conjunto de Europa oriental, que fueron llevando crecientemente a la burocracia rusa a un mayor entrelazamiento con el imperialismo (Acuerdo de Helsinki 1975) y a facilitar las políticas de acuerdos con el FMI y de ajuste de las condiciones de vida de las masas en los regímenes stalinistas de  Europa  oriental.

Las movilizaciones del proletariado polaco en agosto de 1980  llevaron a la formación del Sindicato independiente de la burocracia Solidaridad que llegó a agrupar a diez millones de afiliados (la cuarta parte de la población del país). Aunque el golpe liderado por el militar Jaruzelsky y la instauración de la ley marcial en 1981 restablecieron precariamente el orden burocrático, las movilizaciones polacas fueron un fuerte alerta para la burocracia de que la amenaza de la revolución política estaba cada vez más presente.   Es en esas condiciones que Gorbachov asume el liderazgo de la URSS en 1985 representando a un ala de la burocracia partidaria de un mayor acercamiento al capital internacional y de aplicar reformas en la URSS (mayor autonomía a los gerentes y administradores, institucionalización y reforma política). Sus iniciativas de Glasnost (transparencia) y Perestroika (restructuración) abrían un camino que podría derivar en una restauración de la propiedad privada capitalista. Muchos izquierdistas incluidos trotskistas (SU, Morenismo) saludaban este giro  hacia un “socialismo con democracia”  ocultando las tendencias restauracionistas que lo motorizaban. Gorbachov no era el único. También en los otros países regidos por burocracias stalinistas se desenvolvían tendencias restauracionistas que buscaban desplazar a las alas burocráticas más inmovilistas y conservadoras. 

Las movilizaciones antiburocráticas no se limitaron a Europa oriental. En los primeros meses de 1989 se desarrollan importantes movilizaciones antiburocráticas en China que van a culminar con la gigantesca movilización en la Plaza de Tienanmen  en el centro de Beijing en junio de 1989 reprimida brutalmente por la burocracia y que pasó a la historia como la masacre de Tienanmen.

Este fue el cuadro que preparó las condiciones de la caída del muro de Berlín. Un contexto de estancamiento de los regímenes stalinistas combinado con movilizaciones populares y las disputas al interior de los regímenes burocráticos con la emergencia de alas “reformistas” proclives a las “reformas de mercado” (mayor autonomía a las unidades productivas, gerentes y administradores) como se las llamaba en ese entonces y que abrían el camino a la restauración. 

Es llamativo que el desencadenante de la crisis que derivará en el derrumbe del Muro haya partido de la burocracia “reformista” de Hungría que en marzo de 1989 abre sus fronteras para que los alemanes de la RDA puedan pasar a Austria y de allí a  Alemania Occidental, la República federal alemana (RFA) que les reconocía su ciudadanía alemana. Hungría estaba sometida a la burocracia rusa y se había convertido en un cliente preferido del FMI por lo que es indudable que una medida como ésta no podría haber sido tomada sin el acuerdo de la RFA, la URSS y EEUU, y también del propio gobierno de la RDA que estaba en plenas negociaciones con el gobierno de la RFA para recibir créditos y otros beneficios. En el seno de la burocracia germano oriental se desataba una fuerte pugna entre los sectores inmovilistas y los “reformistas”. "El Kremlin no dio señales de oponerse a la salida de orientales hacia Occidente [porque] teme que la política antirreformista de Honecker conduzca a un serio e incontrolable levantamiento popular”.ii 

Decíamos entonces que "la crisis de los refugiados parece forzada por el imperialismo y los reformistas orientales para abrir una crisis política en la RDA que permita el desplazamiento de Honecker, el llamado ‘Brezhnev alemán' y abra el curso a una perestroika este-alemana" . iii

En un cuadro de grandes movilizaciones populares el 17 de octubre cae el desprestigiado Erich Honecker, reemplazado por Egon Krenz, más afín a Gorbachov. Las movilizaciones populares continuaban no solo en Berlín, también en Leipzig y otras ciudades de la RDA. Después de semanas de movilizaciones populares el 9 de noviembre el nuevo gobierno decide permitir el libre paso entre ambas alemanias. En la noche del 9 al 10 de noviembre multitudes salen a la calle y derriban el Muro.

 i  Programas del Movimiento Obrero y Socialista, Editorial Rumbos, Buenos Aires, julio de 2013, pag. 309. 
 ii (Clarín, 18/9/89).
 iii  (Prensa Obrera, 21/9/ 1989).

 

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