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13 de noviembre de 2019

La experiencia de la comisión de Mujeres de Kimberly Clark, en primera persona

Desde la planta ocupada por 200 puestos de trabajo, Verónica Demaría cuenta la lucha que vienen dando.
La experiencia de la comisión de Mujeres de Kimberly Clark, en primera persona

Ojo Obrero Fotografía

Desde hace más de un mes y medio se mantiene la ocupación obrera de Kimberly Clark, en la localidad bonaerense de Bernal, contra el intento de la multinacional de cerrar la planta, y en reclamo de que el Estado intervenga para garantizar los 200 puestos de trabajo amenazados. En este proceso se ha destacado la Comisión de Mujeres, acompañando la ocupación y siendo foco de organización y sostén de las compañeras y familias de los de los papeleros de Kimberly.

Dialogamos con una de sus integrantes, Verónica Demaría, sobre su organización, su paso por el Encuentro Nacional de Mujeres y Disidencias y las actividades que vienen realizando.

¿Cómo formaron la comisión y por qué?

La comisión de mujeres se formó el 27 de septiembre, después de haberse informado de forma individual el despido de los compañeros. Al otro día de la asamblea en la que se decidió ocupar, un grupo de mujeres de la fábrica (incluida yo) nos abrazamos y nos presentamos entre nosotras. Le dijimos ahí mismo en la escalera de la fábrica a los delegados de formar una comisión, y empezamos a usar la remera de los trabajadores para identificar a las mujeres de los despedidos. La primera actividad a la que fuimos como comisión fue el festival que se hizo ese domingo.

¿Cómo se vienen organizando?

En un principio fue desorganizado, como un teléfono descompuesto. Pero teníamos claro el objetivo, que era la reapertura de la planta. Y también darnos apoyo entre nosotras, darle apoyo a nuestros compañeros en la lucha también, contenernos para que ninguna decaiga. Todas tenemos nuestros días y nuestros momentos. Hay que entender que existe el cansancio físico, emocional, muchas tienen trabajos, hijos, pero tratamos igual de estar un rato en la fábrica, somos como una gran familia.

Ya desde el 27 que se anunció el cierre armamos el buffet para el fondo de lucha, coordinando con los compañeros, y desde entonces no nos despegamos.

Lo que tratamos también es de salir con el fondo de lucha, con buen tiempo, con mal tiempo, tratar de que los medios nos escuchen porque muchos hacen oídos sordos por las pautas publicitarias que tienen. Tenemos que visibilizar la lucha y en eso no sólo están los trabajadores sino también la Comisión de Mujeres.

Viajaron al Encuentro Nacional de Mujeres, ¿cómo fue esa experiencia?

En lo personal, yo ya tenía ganas desde antes del conflicto, cuando el año pasado anunciaron que iba a ser en La Plata; me estaba organizando con compañeras de la facultad para ir porque quedaba cerca. Pero de lo que uno tenía planeado resultó otra cosa. Apareció el anuncio de cierre de fábrica y personas que eran cercanas al círculo de Walter [Relañez, su pareja y delegado en la fábrica], pero que yo no conocía mucho, se acercaron a dar una mano. Y yo descubrí una faceta mía que no conocía: armar una comisión junto a otras mujeres, ponerme a hablar con el micrófono, hablar con los compañeros de la Kimberly y con las personas que se acercaron para solidarizarse. Así fue que apareció Ileana Celotto para invitarnos al encuentro con las compañeras de AGD [gremial de docentes de la UBA, donde Celotto es secretaria general].

Ahí en La Plata nos agarró un temporal enorme, pero le pusimos el pecho y seguimos. ¿Con qué nos encontramos ahí? Con solidaridad, con empatía, con qué nos digan un “fuerza compañeras” y si esas cosas no te hacen cambiar, no sé qué te hace cambiar en una situación así. Estás con tu par, con conciencia de clase te das cuenta qué mínimas cosas te dan fortaleza. Me dieron la palabra en un taller de trabajadoras y desocupadas, había compañeras del INTI que formaron su comisión de despedidos. Ahí te das cuenta que están en la misma situación, venían mujeres desde Córdoba que estaban ocupando, casos de preventivos, de cierres truchos, etcétera.

En el taller aclaré que somos las compañeras, que somos trabajadoras, sí, el trabajo que hacemos en nuestros hogares es un trabajo, digno y respetable. Somos parte de la fábrica desde lo familiar, desde la lucha. Y que es importante tener en cuenta el trabajo de nuestros compañeros: el mío tiene 12 años en la comisión interna, y es eso, conocer su trabajo, sus desvelos, su preocupación, su esfuerzo por tener una comisión clasista, por mejorar la situación del colectivo. Muy distinto de los otros, del sindicato del papel, que se vienen llenando los bolsillos y no les importa la situación de los trabajadores.

En resumen lo que me encontré en el encuentro fue con solidaridad, sororidad, empatía, apoyo y mucha fuerza de las mujeres que estaban ahí.

¿Y qué actividades vienen haciendo desde la Comisión?

La ansiedad que manejamos nos hace planificar para las siguientes semanas sin que haya pasado todavía el evento que ya teníamos fijado. Todos los sábados hacemos algo, por suerte tanto la comisión de mujeres como los trabajadores tenemos iniciativas. Y hay mucha gente que se acerca, se solidariza y nos propone cosas, entonces armamos todas las semanas una agenda de lugares a los que vamos, a veces más intensa y a veces menos, pero la hacemos sin falta. Vamos a fábricas, hospitales y universidades, fuimos al INTI, a AGD, al Garrahan, a las facultades de Sociales, Psicología, etcétera. Nos acoplamos a las pasadas que se hacen en la peatonal, en las calles, haciendo volanteadas, papelazos. También las compañeras le comentan a sus allegados la situación y proponen actividades: así surgieron el bingo, y las clases de salsa y bachata, que fueron las dos un éxito.

Nos sumamos a todas las actividades de los chicos, tenemos una presencia alta de la comisión en audiencias, movilizaciones, papelazos, cortes, ir a la municipalidad de Quilmes. También nos solidarizamos con las compañeras de Ansabo, fuimos a su festival y le damos una mano en lo que podemos.

Son dos palabras: organización y unidad, es eso lo que se mantiene en el grupo de las “kimberlianas”. Así nos gusta llamarnos: ellos son los “kimberlianos en lucha”, nosotras las “kimberlianas”.

 

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