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14 de noviembre de 2019

La suspensión de clases en Sociales-UBA: el fracaso de las camarillas peronistas y radicales

Vanina Biasi

Vanina Biasi

Delegada de Apuba - Facultad de Ciencias Sociales

La Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en la que estudian unas 20 mil personas, dan clases miles de docentes rentados y no rentados y trabajan casi 350 no docentes, se encuentra cerrada durante toda esta semana. 

Mientras desde el decanato de Carolina Mera atribuyen el cierre a problemas en el suministro de agua y electricidad, la verdadera razón del mismo es la impasse institucional en la que navegó la gestión durante todo el año –antes de las elecciones de septiembre por el armado y rearmado de sus frentes electorales, y después por la consolidación de una ruptura a su interior.

Ese es el marco del clima de conspiraciones de todo tipo que se vive en estos días en la facultad. De un lado están quienes se alinean con Mera y los oficialismos de las carreras de Sociología, Trabajo Social y Comunicación; del otro, un reagrupamiento que tiene a la vicedecana Ana Catalano de su lado, junto a los oficialismos de las carreras de Relaciones del Trabajo y de Ciencia Política. Los dos sectores peronistas conspiran entre sí por un botín institucional destruido y vaciado, a la luz de operetas propias de una bizarra película sobre enredos monárquicos.

Con los realineamientos de las últimas elecciones, la lista 15 estudiantil -en la que militan Patria Grande, La Cámpora y Nuevo Encuentro- pasó a integrar la camarilla gobernante en el campo de Carolina Mera y su grupo. Por su parte, la dirección del centro de estudiantes está en manos de la UES, envuelta asimismo en estas peleas de camarillas.

De dónde venimos

La gestión de Carolina Mera, una militante del espacio peronista que conduce el diputado Daniel Filmus, proviene de una crisis del bloque que en el período anterior -con el oficialismo de la carrera de Comunicación a la cabeza- había conducido la Facultad. El sector de kirchneristas ligado a Filmus y de otros espacios peronistas procedieron a la ruptura de ese bloque para reforzar una alianza con los radicales-macristas de la UBA, en la que estos últimos adquirieron más poder. Tras el triunfo electoral de este realineamiento en 2017, Mera había otorgado a la UES y a los radicales -espacio auspiciado por el rector de la UBA, Alberto Barbieri- los principales resortes administrativos de la Facultad, la Secretaría Académica y la de Hacienda. Replicaba así lo que en el movimiento estudiantil ocurre desde hace años entre Franja Morada y la UES (espacio político estudiantil que responde también a Filmus). Mera incluso creó a la UES una Secretaría propia, desde la cual este espacio atacó sistemáticamente a los no docentes de la Facultad, pero la lucha de los trabajadores obligó a sus funcionarios a renunciar, por lo que la misma se encuentra vacante.

Durante todo el periodo preelectoral, aseguraban que estas entregas estaban al servicio de mejorar los recursos que el Rectorado giraba hacia la Facultad -porque si de punterismo se trata, no hay que mirar prejuiciosamente a las villas, barrios de trabajadores  o a las hinchadas de futbol: sólo hay que sacar una radiografía de la actuación de las autoridades de la UBA y el presupuesto de millones que recibe. Sin embargo, el ahogo presupuestario no pudo ser mayor en este período: el Rectorado subejecutó el presupuesto 2018, debiéndole aún a la facultad 6 millones de pesos. Hoy sencillamente la Facultad ha colapsado. El área de Sistemas está trabajando con maquinarias obsoletas, sin insumos y con altos riesgos de perder información muy valiosa. El área de Mantenimiento ya no puede funcionar más porque no cuenta con insumos básicos y porque después de dos años de promesas, tienen que trabajar en un pequeño taller que se llueve. No hay toner para las impresoras, por lo  cual gran parte de tareas administrativas están trabadas. Y así podríamos seguir describiendo un panorama de desgobierno y de irresponsabilidad sin fin. La Facultad no resiste una mínima inspección en ningún rubro, particularmente en el del control de su Seguridad e higiene. 

El desfinanciamiento y vaciamiento solo fue  denunciado abiertamente por el sector no docente, ante cada intento de recortar nuestras conquistas en nombre de la falta de fondos. Con la  Comisión Interna conducida por el Frente de Recuperación Gremial, todas las batallas que libramos contra estos ataques las ganamos a fuerza de asambleas, paros, movilizaciones y de no entrar en la interna de las camarillas de la Gestión.

El desarrollo de internas camarillescas le hicieron perder a la facultad la firma de un convenio con UNICEF, que le iba a permitir recaudar 13 millones de presupuesto propio. Las camarillas se acusaron entre sí de querer robar el presupuesto del convenio con rendiciones truchas. Lo cierto es que el Rector bajó el pulgar y finalmente se echó atrás un convenio, como pocas veces ocurre en la UBA. Es importante marcar que, siendo Sociales la Facultad más pobre en la recaudación de recursos propios, esta baja del convenio avanza también en el estrangulamiento presupuestario.

El sainete en el Consejo Directivo

Mientras el año pasado la Decana entregaba el poder a la alianza macrista-peronista que dirige el Rectorado, ahora tardíamente y sin ninguna perspectiva, trata de desembarazarse de lo que ella misma construyó.

En este marco, el martes último el Consejo no funcionó, porque la Decana no dio quórum, retirando a los claustros que le responden -entre ellos el consejero estudiantil de la Lista 15. Por los pasillos se afirmaba que ese día se iba a destituir al Secretario de Hacienda, el politólogo macrista Diego Muzio, pero finalmente la decana no logró reunir los votos. Por el contrario, lo que ocurrió es que el sector radical macrista-UES logró comprar la voluntad de un conocido kirchnerista de la Facultad, docente de la Carrera de Trabajo Social y doctor de la Universidad de San Pablo, Juan Cruz Esquivel -próximo a concursar un cargo de profesor Adjunto compitiendo con otros tres aspirantes. Insistimos con mostrar la injusticia que representa querer asociar las prácticas punteriles y clientelares a espacios sociales alejados de la academia cuando esta es la práctica regular en la “sacrosanta” Universidad de Buenos Aires, entre investigadores Conicet, doctores y magisters.

Por su parte, para distraer al estudiantado sobre su propia responsabilidad en la crisis de la facultad y en el cierre de la facultad, la UES sacó un comunicado hablando enigmáticamente de “Abusos de poder” y culpando a los docentes si no se puede tomar un examen.

Una salida independiente

Todos estos enredos tienen graves consecuencias sobre la vida de trabajadores: contratados a los que no se les equipara el cobro de sus haberes (algo a lo que se había comprometido la Decana); postergaciones de recategorizaciones que impactan sobre los ingresos de trabajadores de planta, y muchas situaciones más. Mientras los y las funcionarias de las camarillas en pugna cobran sus abultados sueldos, juegan a las cartas con los ingresos miserables de trabajadores precarizados.

La conclusión de esta realidad es el completo fracaso de las camarillas macristas y kirchenristas. La despolitización sin principios se ha apoderado de la Facultad. La campaña de la UES, tratando de mostrarse como “buenos gestores” de las necesidades gremiales estudiantiles, debe ser refutada con la realidad de que se han convertido en un bloqueo para las mismas: sus internas camarillescas provocan la pérdida de  fechas de exámenes a los estudiantes y condiciones de estudio cotidianamente. 

Los claustros deben abrir una profunda deliberación y reflexión sobre esta realidad que se vive y autoconvocarse para exigir condiciones de trabajo y estudio para reabrir la Facultad. La orientación de las camarillas gobernantes en la UBA ha producido un deterioro no solo de la Facultad de Sociales sino en general en toda la universidad, en beneficio de emprendimientos y negocios particulares o empresariales. La disputa en curso tiene como objetivo doblegar a una Facultad que supo luchar contra reformas educativas privatistas, para convertirla en un nuevo negocito de punteros peronistas y radicales. No lo permitamos. Por una Facultad independiente de las fracciones en pugna, que defienda la educación pública -que tanto valor tiene en la consideración de grandes luchas populares como la de Chile-; que combata el trabajo precario o gratuito sobre el que se asienta la Universidad de hoy; y que defienda la adquisición de un saber académico al servicio de las mayorías populares y no de empresas y de emprendimientos privados.
 

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