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15 de noviembre de 2019

Los ataques a la prensa y la expulsión de los periodistas argentinos de Bolivia

Desde el comienzo de la ofensiva golpista en Bolivia, se desarrolla una presión particular y específica sobre distintos medios de comunicación y trabajadores de prensa, incluyendo la agresión física a reporteros y camarógrafos, así como la ocupación de establecimientos por parte de bandas referenciadas en los ‘comités cívicos’ liderados por el fascista Camacho.

Recientemente, se conoció que las delegaciones de trabajadores de prensa de medios argentinos que habían viajado a cubrir la situación en Bolivia se vieron obligadas a abandonar ese país. Los canales TN, Crónica TV y Telefé anunciaron que sus equipos emprendieron el regreso a Argentina, luego de que éstos fueran perseguidos por las calles de La Paz por manifestantes que apoyan al gobierno de facto de Jeanine Áñez, y de que el embajador argentino en Bolivia, Normando Álvarez García, sostuviera que “no podemos garantizar la seguridad de los periodistas”.

Todo esto tuvo como marco las declaraciones de la ministra de Comunicación del gobierno golpista, Roxana Lizárraga, que amenazó con que ante “aquellos periodistas o pseudoperiodistas que estén haciendo sedición se va a actuar conforme a la ley”, y agregó que “ya se tienen identificados a quiénes serían (…) el ministro de Gobierno va a tomar las medidas necesarias” (Télam, 14/11).

Incentivados y respaldados por estos planteos de la cúpula de los golpistas, las bandas fascistas han recrudecido su ofensiva contra la prensa local e internacional. En los últimos días fueron agredidos al aire el periodista Rolando Graña y el productor Jerónimo Loguzzo, de América TV. Por su parte, el camarógrafo de Telefé, Lucio López, dijo que “nos están evacuando porque la agresión hacia los medios de prensa es cada vez peor, y el canal está viendo la forma (…)  Estamos preparando los equipos para ir a El Alto, que es un lugar en donde más o menos nos cuidan” (Perfil, 14/11), mostrando la distinta actitud de las movilizaciones de trabajadores y campesinos de la ciudad aledaña a la capital, que están peleando contra el golpe. 

La periodista de TN, Carolina Amoroso, contó que un grupo de personas los persiguió camino al hotel donde se hospedaban tirándoles piedras. El camarógrafo del mismo canal, Federico Gandolfi, agregó que “la gente del hotel estaba muy nerviosa. Los empleados nos llegaron a decir que tengamos cuidado con posibles francotiradores en las ventanas” (TN, 14/11).

 

 

“Recordamos que el ataque a la libertad de expresión comenzó el mismo domingo con la ocupación violenta de los medios públicos bolivianos por grupos opositores organizados que después de amenazar a los profesionales de la comunicación, los obligaron a abandonar sus puestos de trabajo”, denuncia el gremio de prensa Sipreba, en su comunicado del 15/11.

Hace referencia a hechos como el que sucedió ya el día anterior a la renuncia de Morales, en el marco del asalto a las instalaciones de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, cuando fue capturado José Aramayo Cruz, director de Radio Comunidad y del Semanario Prensa Rural, a quien tuvieron atado a un árbol durante largo tiempo mientras era hostigado por los manifestantes pro golpe, para luego entregarlo a una patrulla de la Policía Boliviana que lo detuvo, convalidando este accionar.

Ese mismo día, el canal público Bolivia TV y la radioemisora Red Patria Nueva también fueron blanco de bandas fascistas, que amenazaron a sus trabajadores y los forzaron a dejar los lugares donde trabajaban. La Asociación Nacional de la Prensa en Bolivia registró, sólo durante las primeras 48 horas siguientes a la caída del gobierno del MAS, quince casos de agresiones a periodistas (Página 12, 13/11).

Denunciamos estos graves ataques amparados por el gobierno golpista. Con todo, los trabajadores, campesinos e indígenas de Bolivia han logrado difundir la realidad de lo que sucede en el Altiplano. En las redes sociales puede apreciarse cómo el pueblo boliviano está de pie, contra los fachos, la oligarquía y el imperialismo. Su voz, a pesar de la censura, suena como un trueno sobre toda América Latina.
 

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