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19 de noviembre de 2019

La ruta de la reforma laboral “albertista” y el papel de la CGT

Fernández prepara la reforma convenio por convenio. La CGT entrega el bono de fin de año

“No vamos a mirar al gobierno de Alberto Fernández como un tercero sino como parte integrante”, declaró Héctor Daer en nombre de la cúpula de la CGT. Y para demostrar su voluntad de colaboración se apuró a descartar el pedido de un bono de fin de año “para todos” y a aclarar que “no se propiciará la doble indemnización ni ningún otro esquema de penalización de los despidos incausados”.

Un lindo gesto para las patronales, empeñadas en ganar todo el terreno posible a fin de llegar a la mesa del anunciado Consejo Económico y Social con margen para negociar algo a cambio de su exigencia de “reformas, contención salarial y subsidios”.

Daer y los Gordos son una pieza clave de este operativo.

¿A cuento de qué vino entonces la afirmación del presidente de la UIA de que “la reforma laboral no es fundamental”? Lo aclaró el mismo Daer: “Miguel Acevedo entendió el nuevo esquema de trabajo… lo que hay que hacer primero es levantar la base de la sociedad más postergada, porque esos ingresos van derecho a la reactivación económica, al consumo".

Pasado en limpio: se adelantarán algunas paritarias para elevar algo el ingreso de aquellos sectores que “perdieron entre 10 y 30 puntos porcentuales contra la inflación” en contraste con los que “lograron empardar los sueldos al costo de vida sin pérdida de poder adquisitivo, como la Uocra o bancarios”; el gremio que pueda discutirá el bono, que igualmente no tendrá impacto en los básicos.

En la paritaria  “se tomarán en cuenta también las necesidades de los sectores empresarios mediante una activa participación estatal… se les garantizará un grado de protección adecuado en cuanto a la apertura de importaciones, el acceso a nuevos mercados y líneas de créditos”. Ese paquete incluirá cláusulas de productividad y flexibilidad. En eso consiste la mentada modernización de los convenios colectivos.

“Luego, si la experiencia en estos rubros es exitosa podrían ir sumándose otros sectores con convenios colectivos desactualizados… y cuando esto se concrete, entre todas las partes se redactará un proyecto de ley que luego el Congreso tratará”. O sea, la reforma laboral llegará siguiendo el camino inverso que intentó Mauricio Macri.

Las jornadas de diciembre del 2017 obligaron a archivar el proyecto consensuado con la CGT. Luego Macri puso en marcha mesas de trabajo para arribar a acuerdos sectoriales. El resultado de esas mesas no fue del todo malo: varios gremios, como Atilra o la Unión Ferroviaria, se sumaron a los petroleros de Vaca Muerta, que Alberto Fernández ponderó. Pero, visto en general, el plan fracasó.

Adicionalmente, el macrismo buscaba limar el poder de los gremios. Un borrador ambicioso que no llegó a tomar forma definitiva apuntaba a eliminar los aportes “solidarios” y avanzar con la negociación por empresa, daba margen a las patronales para definir el convenio correspondiente a su actividad (una línea similar a la que implementó Mercado Libre con el sindicato de Carga y Descarga) y desregulaba la “última milla” (como se denomina al tramo final de la logística) consagrando una suerte de “uberización” del transporte de carga sin participación del sindicato camionero.

Una diferencia importante entre aquel plan y el que ahora se cocina entre bambalinas es que, según palabras de un vocero de Alberto Fernández, “la condición innegociable del acuerdo previo es la intervención del sindicato correspondiente”. Es decir, la preservación del conjunto de la burocracia (reunificada) como garante de la sujeción de los trabajadores al nuevo gobierno.

Aunque Daer remarca cada vez que puede que “todas las organizaciones sindicales son parte del proceso político que viene” el lugar preponderante que vienen ocupando Los Gordos está generando cortocircuitos. Semanas antes de las elecciones todas las fracciones sindicales habían acordado reclamar “cargos en el Pami, la Anses, la Superintendencia de Servicios de Salud y en Trabajo”. Lo que trascendió hasta el momento es una sequía total. Se acaba de saber, por ejemplo, que Sergio Massa controlará la secretaría de Transporte, un botín que Moyano se disputaba con La Fraternidad y la UTA.

El paro general que enfrentará en las próximas horas Iván Duque, el Macri colombiano, contra las reformas -laboral y previsional- es un indicador de que la crisis capitalista y la respuesta obrera a esa crisis se extienden por todo el continente.

 

 

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