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27 de noviembre de 2019

La pelea desigual de las jugadoras contra las mafias del fútbol

Agresión de barras a los planteles de Defensores y Excursionistas.

El fin de semana pasado, el fútbol femenino -donde las jugadoras vienen de lograr con una firme lucha un primer reconocimiento como asalariadas por parte de la AFA- vio como aparecía a la luz la pudrición que rodea al negocio de ese deporte. Un negocio que está dando sus primeros pasos sobre la práctica femenina.

La directiva del club Excusionistas hizo la vista gorda, primero, y luego salió a ocultar la brutal agresión que debieron soportar por parte de la barra oficial del club –insultos, escupidas y agresiones durante todo el partido- las jugadoras de Defensores de Belgrano que enfrentaron al equipo local.

Y las de Excursionistas sufrieron luego, en el vestuario -donde estaban presentes dirigentes del club-, el “apriete” de los integrantes de la misma barra, para que les entregaran las camisetas utilizadas en el partido, como “trofeo” o para comercializarlas, explotando que había sido el primer clásico barrial femenino entre los dos equipos y lo había ganado el local.

Esto fue denunciado por las propias jugadoras, por los medios y por testigos, pero la directiva de Excursionistas emitió un comunicado “desmintiendo” no solo el atraco de las camisetas sino que los barras hubieran agredido a alguien. Ni siquiera los nombra en su comunicado, donde “repudia algunas voces aisladas” que se habrían comportado “incorrectamente” en la tribuna.

“Hija de puta es lo menos que me dijeron miles de veces” durante el partido y “nadie”, ni los directivos ni la policía contratada por el club, “hicieron nada”, denunció Antonella Tatulli, jugadora de Defensores, al medio FutFemProf (25/11).

Desde Futbolistas Unidas Argentinas también repudiaron duramente los hechos y denunciaron que la barra “insultó, amenazó, escupió e infirió la mayor cantidad de agravios posibles hacia las jugadoras del visitante durante los 90 minutos de juego, sumado a las posteriores agresiones y amenazas” al plantel de Excursionistas en el vestuario por el robo de las camisetas, cual “botín de guerra”. Esto “frente a la pasividad de la policía contratada por el club en un operativo jamás visto en un partido de fútbol femenino”.

Estas agresiones y la defensa de la barra por parte de la directiva son apenas la muestra superficial de los lazos que los unen, como sucede en la inmensa mayoría de los clubes. Las barras forman parte del entramado de apoyos que trabajan para las distintas mafias que dirigen los clubes y, en muchos casos, también para las políticas y sindicales -como sucediera con los integrantes de la patota de la Unión Ferroviaria que asesinó a nuestro compañero Mariano Ferreyra.

A su vez, que estas muestras de pudrición con la presencia de barras y dirigencias comiencen a aparecer en el fútbol femenino, responde a que, luego de muchos años de su colocación en la marginalidad absoluta en nuestro país, tales actores han comenzado a ver una veta lucrativa por el creciente interés popular que despierta y han comenzado a poner lentamente en marcha esta franja del negocio.

En el comunicado de Futbolistas Unidas Argentinas se alerta que el desarrollo de este proceso “de violencia” como el que se vivió durante y luego del partido, “nos va a llevar a la triste realidad que vive el fútbol masculino hoy en día”.  Aunque todavía en una dimensión como negocio muy alejada de la que genera el masculino, las manos de los capitalistas sobre el deporte lo convierten en un terreno de beneficios donde todos los elementos de la descomposición están incluidos.

Y rescatan una legítima tradición: “estas situaciones de violencia que no son parte de nuestra historia y nuestra forma de vivir el deporte”. Ante las mafias del deporte y como parte de la onda verde de la lucha de las mujeres, en la que se inscribió la pelea de las jugadoras por ser reconocidas como asalariadas, declaran que están “todas unidas para el desarrollo sano del fútbol femenino”.

La recuperación del fútbol como ámbito de desarrollo social de la juventud, de espectáculo para los hinchas y de reconocimiento de la actividad para quienes la practican, requiere de la eliminación de las mafias que dirigen los clubes y que estos vuelvan a manos de los descendientes de quienes los crearon con ese sentido, los socios y simpatizantes.

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