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28 de noviembre de 2019 | #1574

[Editorial] La Iglesia ante las crisis y rebeliones de Latinoamérica

Golpismo, desmovilización, pedofilia y cruzada antiaborto

El signo de esta época en la región es la reacción de las masas de gran parte de América Latina en franco choque con las políticas fondomonetaristas impulsadas por el imperialismo. 

El reforzamiento clerical en América Latina es un auxiliar clave para los planes de ajuste. Se desarrolló por un largo periodo de la mano de los gobiernos del eje bolivariano, que no sólo empoderaron a la Iglesia católica sino también a la evangélica. En la Argentina pasó del “cuidemos a Cristina” al “cuidemos a Macri” aportando al “hay 2019” mientras se descargaba la crisis capitalista sobre las masas.

En declaraciones hechas en Roma a su arribo el pasado 26 de un viaje a Japón, el papa Francisco afirmó: “La situación actual en América Latina se parece a la de 1974-1980, en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay con (Alfredo) Stroessner, y creo también Bolivia (...). Una situación en llamas, pero no sé si es un problema que se le parece o es otro. Realmente no puedo hacer el análisis de eso en este momento”. Evitó dar definiciones concretas sobre Bolivia, donde el golpe imperialista es apoyado enteramente por la delegación oficial del Vaticano en el país. Más allá de las “preocupaciones” ventiladas, la Iglesia se concentra en el servicio elemental que brinda al poder: desmovilizar a las masas que ponen en jaque a los gobiernos fondomonetaristas.

Las bases de apoyo de los emprendimientos más reaccionarios de la región se construyeron con años de concesiones de los llamados gobiernos populistas. Dilma Rousseff otorgó un ministerio a los evangelistas reaccionarios que hoy son la base de apoyo de Bolsonaro. El kirchnerismo en el poder otorgó a los sectores clericales la última palabra en el cierre de la Ley de Educación Sexual de 2006 que viabilizó la no aplicación de una ley demandada ampliamente por nuestra juventud. Tiempo después, Cristina Kirchner designó a ministros clericales y otorgó a la iglesia la última palabra sobre el Código Civil y Comercial, sobre el comienzo de la vida humana, la subrogancia de vientres, el estatus jurídico de la Iglesia y otros artículos del código. El poder clerical está inserto en todos los poros de la sociedad a pesar de años de discursos anticolonizadores. 

La fuerza de la ola verde en nuestro país condiciona al gobierno de Alberto Fernández y le ha provocado su primer entredicho con el ala “populista” del clero. Entre las partes de la interna vaticana, de un lado representada por el ex obispo de La Plata, Héctor Aguer y del otro por el actual obispo designado por Francisco, Víctor “Tucho” Fernández, no hay grietas en materia de demonización del aborto, condena a la homosexualidad, complicidad con los planes de ajuste y relación de la iglesia con el Estado. Entre Aguer y “Tucho” Fernández no hay grietas tampoco en la defensa del ex confesor del violador Grassi, el cura de Gonnet, Eduardo Lorenzo, acusado él mismo de abusos y violaciones a niños. 

En nuestro país son reconocidas las conductas protectoras de curas pederastas por parte del papa peronista. Las víctimas de Grassi y sus abogados saben de la pasión cristiana puesta por Jorge Bergoglio para defender al cura violador de niños, al encargar al penalista Marcelo Sancinetti cuatro tomos de un libro que sostiene la inocencia del cura. Hasta el día de hoy, cuando ya obtuvo sentencia firme de la Corte Suprema, Grassi mantiene su estado sacerdotal y lo mismo ocurrirá con los curas del Próvolo que ya contaron con 40 años de protección desde el Vaticano. El principal condenado fue trasladado por el Vaticano extendiendo a escala internacional sus prácticas horrorosas de abuso a los hipoacúsicos.

El camino del avance hacia una ley sobre el aborto, que Fernández ya anunció que no será el proyecto elaborado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, se pavimenta con ofrendas de todo tipo para vencer la resistencia clerical, por un lado, y por el otro, estará sujeto al escrutinio de un movimiento que ha dejado la vara alta en su lucha callejera y en su debate al respecto de qué ley se necesita. El movimiento de mujeres deberá custodiar sus avances y conquistas no delegando el reclamo del aborto legal, sino defendiéndolo en las calles. Movilizadas no sólo arrancaremos una ley, sino que desde allí podremos enfrentar a quienes se oponen a cualquier avance en este terreno.

Golpismo de corte clerical

En Bolivia el golpe de Estado imperialista es enfrentado por trabajadores, indígenas, cholas y jóvenes, incluso a pesar de la actitud capituladora del MAS que concretó un pacto este fin de semana que pone de rodillas al pueblo frente a los golpistas. El carácter clerical y militar del mismo estuvo presente desde el primer momento. En el diario Perfil se pasa revista sobre la iglesia señalando que “la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) respaldó el informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) que denunció irregularidades en las últimas elecciones. Luego de la renuncia de Morales, la CEB firmó una declaración que afirmaba que ‘lo que sucede en Bolivia no es un golpe de Estado’... Finalmente, la CEB mandó representantes a la proclamación de Añez”. La CEB actúa en un frente común con un ala del evangelismo financiada desde Estados Unidos. Francisco, con su silencio, avala la colaboración de la iglesia local con el golpe yanqui. 

Daniel Ortega en Nicaragua transitó 15 años de alianza con la Iglesia local y ese amorío recién se habría terminado durante las manifestaciones del año pasado contra el mandatario sandinista. Las huellas de aquella alianza se plasmaron en un retroceso en materia de derechos legales de las mujeres y niñas eliminando en 2006 la única forma no penalizada de aborto que existía. Rafael Correa, a su turno, amenazó con despedir a dos de sus asambleístas por intentar tratar un moderado proyecto para despenalizar el aborto en Ecuador y hoy mira desde el exilio el auxilio político de la iglesia hacia Lenin Moreno. Los principios sobre los cuales se construyen ambas alas de la Iglesia, la “populista” y la “neoliberal”, son los mismos: la custodia de los intereses capitalistas de los que forman parte como institución religiosa y como Estado.

La Iglesia chilena está atravesada también por una profunda crisis abierta por los testimonios de seminaristas y fieles de la iglesia abusados a través de los años. Hasta llegar al pedido de renuncia de hace unos meses de los 34 obispos que componen la cúpula clerical chilena, el Papa intentó por todos los medios silenciar las denuncias. En su visita de 2018 a Chile fue recibido por una manifestación masiva de repudio a su presencia como protector de curas pederastas. Sólo después de esto modificó su estrategia en el país trasandino, pidió la renuncia a los obispos, aceptó el 25% de ellas pero, aunque lo intentó, no logró frenar las 219 causas que se acumulan en la Justicia chilena. 

La designación de Bergoglio es el fruto de que los sucesivos papados desde 2002, no lograron cerrar o silenciar la crisis de las denuncias por pedofilia. De las denuncias que encabezaron víctimas en la ciudad de Boston en Estados Unidos, se pasó luego a las denuncias en Europa como así también en América Latina con Chile y México a la cabeza. El terreno elegido por Bergoglio para desenvolver su papado ha sido el de la protección a los pederastas, dejando ni más ni menos que la defensa de las millonarias finanzas del Estado Vaticano en manos de uno de ellos, denunciado desde 1997, el cardenal George Pell, recientemente condenado en la Justicia australiana. 

La política reaccionaria en América Latina, que asume en Bolivia la forma de un golpe, tiene como basamento el combate a “la ideología de género”, la discriminación, el desprecio por los pueblos indígenas -uno de los principales obstáculos para el asalto definitivo a los recursos naturales de la región-, la xenofobia contra los migrantes. Una estructura doctrinaria al servicio de doblegar a toda la clase trabajadora, sumergirla en la más absoluta precarización laboral y a partir de estos ataques, proceder a beneficiar al imperialismo en medio de la crisis capitalista en curso. 

La lucha por la separación de la Iglesia del Estado que el movimiento de mujeres y la juventud llevaron a las calles es una herramienta fundamental de lucha contra las incursiones golpistas norteamericanas en la región, que nuevamente encuentran en el clero a uno de sus principales pilares. 

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