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28 de noviembre de 2019

Elecciones gremiales en Unilever: saquemos conclusiones

El balance de las elecciones gremiales en la planta de Knorr de Unilever (del rubro de la alimentación) junto al de otras luchas de los últimos meses, tiene relevancia en la medida que permite caracterizar el cuadro de conjunto que atraviesa el movimiento obrero.

Según la Naranja de Unilever –liderada por Pablo Busch, integrante del grupo de Altamira- su derrota frente a un sector apoyado por la burocracia Verde del Sindicato de Trabajadores de Industrias de Alimentación Provincia de Buenos Aires (STIA-PBA) se debió fundamentalmente a factores externos. “No se puede ignorar (...) la relación [del resultado de la elección sindical] con las elecciones nacionales, en las que el FIT-U sufrió un desplome, y dejó de representar un canal para los activistas que sentían el peso muerto de la burocracia sindical”, señala en el texto, en una frase que apunta contra el Frente de Izquierda más que reflexionar sobre la elección sindical.

Luego de enumerar todas las conquistas sindicales de la Naranja en la fábrica, se afirma que el contexto nacional y particularmente el resultado electoral que consagró un nuevo gobierno del pejotakirchnerismo, influyó en el resultado. Eso y la campaña antipartido de la lista Azul y de la burocracia Verde, explicaría el resultado. El argumento es curioso ya que Pablo Busch renunció a integrar las listas del FIT-U; es decir que se habría desmarcado del supuesto desplome.

En realidad, se trata de un giro (nuevo giro) del grupo de Altamira en la caracterización de la situación política y del movimiento obrero. Pocos días atrás, una declaración de ese grupo sobre la lucha en Kimberly Clark contra el cierre de la planta y los despidos afirmaba que “vastos sectores del movimiento obrero rompen con la burocracia sindical”. Algo que evidentemente no se verificó en Unilever.

La ocupación de KC, que lleva más de dos meses, es una lucha heroica que enfrenta un fuerte aislamiento. La burocracia papelera se ha negado a movilizar al gremio (cuando cerraron seis plantas en estos dos meses) y las centrales sindicales están metidas hasta el cuello en el armado del pacto social. La ruptura con la burocracia no se puede reducir al desprestigio que tiene en la base; debe verificarse en la conquista de nuevas internas y cuerpos de delegados o en luchas que escapen al cuadro de contención. ¿Eso existe ahora?

Entonces, o la derrota de Unilever se produce en un contexto donde “vastos sectores rompen con la burocracia” y en ese caso el balance debería centrarse en analizar la política de la Naranja; o la situación general, de la cual la elección del FIT-U solo es una expresión, no es la que caracterizan Pablo Busch y Altamira. Acomodar la caracterización según convenga es de gente poco seria.

Como explicamos en nuestro balance de la elección (PO 1573) la orientación de la Naranja en el último período tuvo un contenido conservador con un ropaje discursivo izquierdista, dejando pasar cierres de sectores y retiros voluntarios, sin organizar una respuesta de los trabajadores, con discursos para la tribuna sobre la huelga general y la Asamblea Constituyente. Los ascensos antiburocráticos que veían, y ahora ignoran en el balance, nublaron la vista de los protagonistas sobre la amenaza hacia la propia organización de la fábrica. Es decir: una orientación conservadora y ninguna lucha política en torno a los problemas reales de la clase obrera.

Las caracterizaciones sobre las luchas obreras y las elecciones sindicales permiten ir elaborando un cuadro de conjunto. El pasaje de lo particular a lo general no es la conclusión de una estadística sino que debe estar enmarcado en una caracterización política que incluya varios factores. Adecuar una caracterización general para explicar casos particulares es una artimaña de quienes quieren cubrirse las espaldas o darse manija, pero que no sirve como un aporte para que la clase obrera argentina y particularmente para que el activismo arribe a una comprensión de la etapa y de las tareas presentes.

Es tarea de la izquierda y el clasismo preparar a los trabajadores para que se agoten lo más rápido posible las expectativas que puede generar en un sector el gobierno entrante, y pavimentar un intervención independiente de los trabajadores en un contexto latinoamericano de rebeliones populares.

 

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