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5 de diciembre de 2019 | #1575

Hablemos de salarios (y jubilaciones)

El secretismo acerca del gabinete y del verdadero plan económico de Alberto Fernández se ha transformado en un arma adicional de la burocracia sindical que ha paralizado al movimiento obrero, sembrando confusión y explotando la expectativa.

El concepto que se busca instalar de parte del poder entrante es el de la “desindexación” de la economía. Proponen pensar en la inflación futura y no en la pasada, lo cual consiste en convalidar las pérdidas que  se acumulan desde 2015: un 19,1% de caída del poder adquisitivo en promedio (Instituto Estadístico de los Trabajadores). Hablar de la inflación futura, que no conocemos, es atar los salarios a una “meta” que puede o no cumplirse. Las patronales no tienen precios según inflación futura, remarcan cada día y "clin" caja.

De dónde venimos…

En realidad, esta política se aplica desde los tiempos cristinistas y fue prolongada en la era macrista. Los aumentos paritarios se cobran invariablemente en cuotas, que han sido establecidas sobre una determinada previsión inflacionaria, y llegan cuando los aumentos de precios ya devoraron los salarios. Como la inflación creció desmesuradamente, en un momento se impuso el debate de las cláusulas gatillo; pero muy pocos gremios las lograron conquistar y, en el emblemático caso de Chubut, el gobernador albertista, Arcioni,  no cumplió con lo firmado, desatando una huelga general de cuatro meses que fue acompañada de enormes puebladas.

En otros casos, como docentes de Neuquén, fue un triunfo importante, pero el gatillo es calculado por trimestre y pagado por semestre, lo cual hace llegar tarde la actualización sobre salarios, que están lejos de la canasta familiar patagónica. Los docentes universitarios lograron imponer un gatillo también, una línea defensiva en sus niveles salariales en blanco, también insuficientes. Fueron acuerdos que expresaron una relación de fuerzas.

Pero la abrumadora mayoría de los gremios pactaron cláusulas de revisión, que es otra cosa muy distinta. La burocracia firma chirolas a espaldas de los trabajadores. La reciente revisión ferroviaria fue un claro caso de un poderoso gremio que entregó el salario sin lucha ni consulta alguna a sus bases.

El Sutna ha demostrado que la revisión en manos de un sindicato clasista rinde. Porque movilizaron a los trabajadores y pararon al gremio como lo hicieron en setiembre. Aún en recesión aguda del sector automotriz, están defendiendo el poder adquisitivo.

…adónde vamos

Así llegamos a la previa de un pacto social cuyo contenido preciso no conocemos. Pero sabemos lo esencial: Daer ha prometido que no sólo apoyarán al gobierno, sino que serán parte de él. Baradel ha dicho que “los sindicatos son de Perón”, la vieja consigna de la rancia burocracia sindical de los ’70. La mesa está servida para un ciclo de estatización de los sindicatos, hasta que el experimento estalle por los aires, como pasó a lo largo de toda la historia argentina: en el pacto social de Perón y Rucci, en el Plan Austral de Alfonsín, en la convertibilidad de Menem.

De arranque se menean versiones de todo tipo. Un aumento fijo de 6.000/7.000 pesos para todos los salarios, un aumento del mínimo salarial y jubilatorio de un 30%, todo absorbible por lo dispuesto en futuras paritarias. Daer asegura que seguirán las paritarias, pero, entonces, ¿en qué consistirá el acuerdo de precios y salarios? Si fuera un congelamiento general de precios y salarios por seis meses, surge la pregunta de qué pasa con las cuotas de paritarias ya previstas para el próximo semestre.

La idea rectora es instituir por ley un Consejo Económico y Social donde se integrarían las centrales obreras y las organizaciones sociales cooptadas. Allí se establecerían, probablemente, pautas salariales como los viejos “topes” de Moyano o Caló en la era kirchnerista.

Discutamos un programa

Deliberadamente no analizamos aquí los bonos por única vez. Mejor que nada son, pero disimulan las pérdidas históricas del salario y, por lo tanto, no pueden ser nuestro programa. La clave para los trabajadores es partir de una verdadera canasta familiar como objetivo, que hoy no baja de los 55.000 pesos. Que el salario y la jubilación mínima no bajen de la canasta básica que el Indec marca en 37.000 pesos para noviembre, si tomamos en cuenta los últimos índices. Desde ese lugar se puede pensar en la actualización por inflación. 

El programa de la clase obrera se tiene que basar en la canasta familiar y la indexación al mismo tiempo, hasta que la inflación baje de los dos dígitos anuales. Así lo previó sabiamente el Programa de Transición de León Trotsky al plantear la escala móvil de salarios.

No es casual que el FMI, la banca internacional y el conjunto de la burguesía tengan los ojos puestos en destruir la actual movilidad jubilatoria, porque aún en su restringido efecto de actualización trimestral (70% por el índice de costo de vida y 30% por el índice de aumento de los salarios), se torna insoportable a los planes de ajuste fondomonetaristas. Tenemos que replantear la abolición del impuesto al salario, el 82% móvil y la reposición de las cargas sociales, cuya rebaja progresiva está hundiendo a la Anses. Fernández va en sentido contrario, más rebajas para Pymes y sectores empresarios del interior.

Hablemos de salarios y jubilaciones. Abramos la más amplia deliberación en el movimiento obrero. Ningún pacto social. No tienen mandato para hacerlo. Asambleas en todos los sindicatos para discutir nuestros salarios, defender nuestros convenios y nuestras jubilaciones.

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