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7 de diciembre de 2019

Crisis en la cumbre de la Otan

Durante el 3 y 4 de diciembre del presente año se reunieron en el Reino Unido representantes de los 29 países que integran la Otan (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Transcurridos los dos días de deliberaciones, cerraron la cumbre con la declaración de Londres en la que expresan que “un ataque a un aliado será considerado como un ataque contra todos”, según lo dicho por su secretario general, Jens Stoltenberg. Sin embargo, la cumbre mostró las fuertes tensiones entre sus potencias integrantes y marcó al mismo tiempo un salto en el belicismo, al incorporar -con eufemismos- a China como un peligro para la alianza atlántica.

El episodio más hilarante de la cumbre fueron las bromas de varios de los mandatarios presentes contra Trump, que motivaron el abandono prematuro de la cumbre por parte de este último. Durante su campaña electoral, Trump tachó a la Otan de obsoleta, señalando que Estados Unidos retiraría su protección a los aliados que no aporten a su sostenimiento. La exigencia del imperialismo norteamericano es que los integrantes de la misma aporten como mínimo el 2% de su PBI, demanda que solo cumplen Estados Unidos, Grecia, Estonia, Rumania, Polonia y el Reino Unido. Francia y Alemania no alcanzan ese porcentaje, y esta última ha sido objeto de ataques virulentos por parte de Trump por esa razón. Lo mismo ha sucedido en un intercambio entre Trump y Emmanuel Macron, presidente francés, “por sacar ventaja de la Otan (sin realizar el esfuerzo financiero para sostenerla), mientras también se beneficia comercialmente por la imposición en Francia de la tasa digital a los gigantes de internet”. Tras esta declaración, Trump amenazó con incumplir con el artículo 5 de la alianza militar, negando ayuda a los países miembros que fueran atacados. Es evidente que detrás de esta disputa entre las grandes potencias de la Otan está la lucha por el mercado mundial, una de cuyas manifestaciones más crudas tiene expresión en la que se libra entre el imperialismo norteamericano y la Unión Europea y que se traduce al interior de la Otan.

En octubre de 2019 la administración Trump comenzó a ejecutar medidas muy agresivas contra los países integrantes de la Unión Europea cuya consecuencia es la pérdida de 7500 millones de dólares por la imposición de aranceles a productos aeronáuticos.

Aunque la Otan no se ha roto, hay datos que expresan que atraviesa por un serio resquebrajamiento, y una potencial quiebra. Macron declaró durante el año 2018 que “Europa debe reducir su dependencia de los demás. Tenemos que protegernos de Rusia, de China, e incluso de Estados Unidos”. Estas declaraciones, lejos de ser una mera amenaza son el principio de una ruptura en el campo militar, que recién comienza. En efecto, los integrantes de la Unión Europea han fundado un organismo de defensa independiente de la Otan, no integrado por Estados Unidos, cuyo nombre es Cooperación estructurada permanente de defensa (PESCO) que ha constituido un aparato militar que ha adoptado la denominación de Fuerza Militar de Reacción Europea. Macron es su más enérgico defensor y el que expresa la tendencia más pronunciada a la ruptura de la Otan, a la que calificó en “estado de muerte cerebral”.

Otro punto de crisis han sido los roces con el presidente turco Erdogan, que le compra armas a Rusia, sin consultar con sus aliados de la Otan. Erdogan amenazó con sabotear el proyecto de defensa de los países bálticos contra Rusia (o, mejor dicho, el cerco imperialista contra ese país) si no recibía a cambio un respaldo en su ofensiva criminal contra las milicias y la población kurda. La guerra en Siria, donde se cruzan los intereses contradictorios de las potencias, se coló así en la cumbre.

Los hechos demuestran que la Otan es un tembladeral atravesado por choques diversos, de carácter económico, militar y geopolítico cuyo trasfondo es la guerra comercial feroz, que se ha trasladado al terreno militar. No es casual que la declaración final de la cumbre, que soslayó las exigencias turcas y disimuló las abiertas disputas en el interior de la alianza atlántica, haya hecho hincapié en China. Por eso es que la declaración señala de un modo taxativo la preocupación por el gigante asiático: “la Otan acordó ayer por primera vez reconocer la creciente influencia de China y sus políticas internacionales, que necesitamos abordar juntos como una alianza” (https:/abcblogs.abc.es).

Surge, a todas luces, que además de estar asistiendo a una quiebra potencial de la Otan, estamos en presencia del incremento de la carrera armamentista como manifestación de la tendencia a la guerra cada vez más pronunciada.

La tendencia contraria la encontramos en los levantamientos populares de todos los continentes (Argelia, Irán, Irak, Sudán, Francia, Haití, Ecuador, Chile, Colombia) que se ponen de pie luchando contra la expoliación del capital. La cumbre de la Otan no solo expresa la crisis de esa organización bélica del imperialismo, sino fundamentalmente la tendencia a la guerra y la barbarie. En este contexto histórico la lucha por el socialismo a escala mundial, y la construcción de un partido mundial de la clase obrera que lleve al triunfo las grandes rebeliones populares es la tarea fundamental.

 

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